A veces no tiene caso buscar un sentido

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No puedo decir que mi vida no tenga ningún sentido pero, lo que sí puedo decir es que, va por algo más pequeño.

Cuando era niño, recuerdo que en mis clases de catecismo la orientadora nos dijo algo como “Uno tiene que hacer buenas acciones para ganarse el cielo y la vida eterna en el paraíso, sin embargo, no se pueden hacer las buenas acciones con la intención de llegar al paraíso porque entonces no sería sincero y a Dios no le gustan las personas oportunistas”.

Como tierno infante, no me quería morir (aún no quiero) pero quería ganarme el paraíso. Entonces, con mis 8 años pensé en un vacío legal bíblico. “No puedo pensar en hacer una buena acción y hacerla porque entonces no estoy en la gracia de Dios pero, ¿Y si busco una buena acción por hacer y al momento de realizarla pienso en otra cosa?”. Para mí tuvo sentido y creo que una buena acción es una buena acción se piense o no, se presuma o no, al final, la persona o la situación que ocupaba ayuda lo agradecerá igual.

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Y así fue hasta que crecí, al llegar a la adolescencia caí en que andar por la vida haciendo buenas acciones no estaba mal pero me estaba desviviendo por el otro sin reparar en mí. Entonces, con un poco de nociones más sobre el sentido de la vida y que ésta es fugaz y terminará algún día, decidí enfocarme meramente en mí.

Eso no resultó mejor, imaginen a un adolescente y posterior joven solo, preocupado por estar consigo mismo y nada más. Eso dejó llagas en dónde no deben haber nunca llagas, acompañado de tristeza, soledad y desgaste de los tendones.

Al alcanzar la mayoría de edad comencé a adentrarme en conocimientos más místicos de tradiciones milenarias para comprender el sentido de la existencia, encontrarle un camino a mi vida y, sobre todo, cuál era mi lugar y mi papel en este universo.

No pretendo realizar un tratado sobre la existencia, pero lo básico es preguntarse cosas y ya está. En la iglesia me decían que debía ser bueno para agradar a Dios, en la escuela que debía sacar buenas calificaciones, en la Universidad que debía prepararme para ser un profesionista de calidad, y en mi familia, bueno, que debía encontrar una pareja y continuar con la familia. Y todos los puntos se unían en que “debes realizarte como ser humano”. Básicamente me pedían trascender, ir más allá de los hechos y encaminar mi vida hasta un punto de equilibrio futuro.

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Y de nuevo, no me quiero morir, pero ¿y si decidiera matarme mañana o pasará un accidente fatal? El único equilibrio que encontraré será sobre la mesa del forense y en el horno crematorio. Es por eso que busqué algo más allá, algo quizás más inmediato que me dijera qué hacer ante el hecho de estar vivo, y que no viniera desde los seres humanos porque esto de “debes realizarte” suena demasiado industrial.

En un instante de inteligencia, que me abandonó y no he podido recuperar, llegué a la cosmología y, entre palabras más palabras menos, mi existencia como mucho es improbable. Un planeta que gira sobre su eje a una velocidad de 1.600 km/h y alrededor del sol a 100.000 km/h y en donde nuestra estrella madre orbita a su vez alrededor del centro de la Vía Láctea a 850.000 km/h. Y nuestra galaxia navega a casi 2,3 millones de km/h. Además de que, hasta donde se ha podido observar, tomaría 100.000 años luz de distancia recorrerla o lo que es igual, ir a 19,312,128 kilómetros por minuto durante 100 mil años.

Al intentar comprender las dimensiones tan grandes de donde estamos suspendidos caí en depresión tonta y me reía por mi desasosiego. Pero con los días entendí que así como era improbable que nuestro planeta se haya formado (hasta ahorita no tenemos indicios de vida en otros planetas), de igual manera mi existencia era improbable y que sí, recorrer el universo tomaría tantos años, pues, los años que yo viva, apenas serán nada en el tiempo cósmico y no debía preocuparme por la existencia.

Pero vivo en una sociedad y en un mundo globalizado, a veces olvido que mi lugar en el universo no existe pero es difícil y nada recomendable mantenerse indiferente en un mundo con tantos problemas y conflictos. A veces a uno solo le queda ir a dormirse con la esperanza de que al día siguiente, el mundo se haya arreglado aunque sea un poco.

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A veces el sentido de la vida es muy fácil reducirlo a nada, a un simple pasatiempo o reducirlo a un área de estudio de las humanidades, pero comprenderlo o no resulta muchas veces irrelevante cuando el objeto de estudio es la propia humanidad que no tienen certeza de qué comerá mañana o siquiera sí podrá hacerlo.

Ahora, lejos de pensar en buenas acciones solamente por una recompensa mayor, conocerme a mí, ignorar a la humanidad o deprimirme, creo que lo único que nos queda es tenderle la mano a alguien que lo necesite, no importa la forma o quien sea. Una sonrisa siempre será una sonrisa y eso, a veces, no ocupa ningún sentido.

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