El barrio La Candelaria.

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Si vas a la Candelaria -luz que guía el camino-

Apresúrate con calma, expectante todo tu ser.

Sus históricas calles, génesis de la ciudad,

Te irá envolviendo en su encanto multidimensional:

Historia, arquitectura, cultura, saberes, estaderos,

paisaje urbano custodiado por cerros tutelares.

Bellos templos: herencia española como el idioma

incitan mirada y reflexión del visitante.

Los museos te esperan para que disfrutes sus riquezas,

el teatro Colón asoma por acá,

bibliotecas y universidades acechan allá,

centros de investigación descifran saberes sempiternos.

El escenario cultural Gabo asoma acullá,

el capitolio neoclásico a un costado de la plaza prima,

plazoletas incitando al descanso, hostales, restaurantes,

tomaderos de café asaltándote con su aroma. Entre ellos

El Automático, aposento de intelectuales.

¡Que gama de ofertas pletóricas de sorpresas!!

¡tantos aposentos mágicos alertando los sentidos!

Para embriagarte con el arte puro… ven asciende

a los altos estrados artísticos y en la cima ríete y llora

de todas las vivencias: las que enriquecen escenarios

y las que padecemos al discurrir la vida.

Es la historia en múltiples facetas, en esas calles

que evocan en sus nombres leyendas, creencias,

 gestas libertadoras, saberes ancestrales…

Callecitas coloniales de románticas evocaciones

coronadas por el chorro de Quevedo y los cerros orientales.

Por esas mismas calles transitan viajeros de toda condición,

perviven orfebres, artesanos, pintores, escultores.

Apúrate a cruzar calles, antepuertas, puertas, pasillos,

Jardines interiores y, detente en las salas inspiradoras de emociones

y evocaciones, transpirando arte y cultura.

Veo cruzar la calle rumbo al museo Botero

a un ser gastado por los años, guiado y acompañado

por una y lucida joven bella e inteligente.

 El viejo de cansados ojos anhelantes

y su tierna compañía, observan y comentan los cuadros del maestro.

En él, redivivo el gusto sensual, en ella la placidez de tanta genialidad.

el viejo recordó una frase del pintor: “el arte es espiritual, es un respiro

inmaterial de las dificultades de la vida”.

Dos meses después, el maestro entrego su cuerpo

pero dejo su colosal inspiración. Su obra es copia mejorada

de la naturaleza, es concentración, exploración, suma de

concepciones vivenciales, en cuya almendra yace lo bello.

Botero exploró técnicas en todas las manifestaciones de la pintura.

Lo hizo inspirado en la cultura popular: en su obra los obispos muertos,

critica al clero, en la familia presidencial es inconforme con la unión

de iglesia, Estado burgués y la milicia.

Exalta la grandeza de lo existente, en su amplitud de volumen.

En su creación el espíritu no conoce la muerte.

Su legado es vitalmente humano, recóndito…

Su pedrito a caballo es el sumun del amor filial, sus vigorosas mujeres,

hombres y objetos saludables, enjundiosos, vitales.

Saliendo de tan mágico museo, caía la lluvia, sobre

El mar tranquilo de aquella mañana de domingo.

Licenciado en ciencias sociales y filosofía. Caminante y escritor de historias.

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