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Es un desafío para todas las generaciones, es una decisión responsable y hace parte de la evolución humana. ¿Si dejaran de existir las redes sociales que pasaría con nuestras vidas?


 

 

 

 

 

En una de mis charlas con nativos digitales, encontré una gran apatía en todo lo relacionado a los conflictos en redes sociales: bullying,  ciberacoso,  ciberdependencia,  abuso sexual, autoestima,  desarrollo de relaciones  vía Internet y los llamados stalkers.

Esto me hizo reflexionar acerca de las relaciones humanas, las formas de amar y ver el mundo digital versus el universo análogo.

Surgió  una pregunta cuya respuesta me  sorprendió: ¿si dejaran de existir las redes sociales que pasaría con nuestras vidas? 

 

 

Respuestas como depresión, suicidio, no volver a estudiar, no me imagino el mundo sin Whatsapp y sin Snapchat,  hicieron en mi un vacío que inundó mi gran incógnita hacia las herramientas para  enfrentar el  futuro en la formación del ser humano  como sujetos  íntegros en el desarrollo personal, las relaciones humanas y el amor.

Pues la mayoría  estamos  destinados  a compartir la vida en pareja.

Si bien es cierto que  el mundo enfrento un desafío,  donde la adaptación digital no tuvo exclusión,  tuvimos que ajustar nuestro cerebro para la transformación digital,  hoy en día seguimos,  por ejemplo en el proceso asertivo de la interpretación de lo que se quiere decir vía whatsapp. 

 

 

Con la penetración de las nuevas tecnologías las relaciones sociales han variado. 

Los adolescentes, que han nacido y crecen conectados a un mundo virtual, inician también sus primeras relaciones de pareja en este nuevo escenario, al contrario  de la  generación X  que ha tenido que adaptarse a la tecnología y a las nuevas formas de interlocución digital. La correspondencia para esta generación dejó de existir.

Los nativos digitales están desarrollando un aprendizaje en un entorno tecnológico donde el amor se convierte muchas veces en obsesiones manifestadas en control a través de redes sociales, desarrollando así relaciones efímeras  y con un alto grado de riesgo. 

 

 

El Whatsapp por ejemplo, provoca un control permanente. Están las 24 horas conectados, no hay  descanso ni para el cerebro ni para las emociones, y genera una necesidad psicopática muy fuerte  llevando a incrementar las relaciones obsesivas, vacías  y toxicas.

Según cifras reveladas por la Organización de Naciones Unidas (ONU)  y La Fundación Telefónica,  el 55% de los jóvenes en Latinoamérica han sido víctimas de ciberacoso.

Esta práctica conocida como matoneo cobra cada día más víctimas entre la población estudiantil, y a pesar que no es algo nuevo, la práctica ha sido llevada a las redes sociales en forma de montajes difamatorios hasta mensajes amenazantes.

 

 

La falta de conciencia de los riesgos en internet es alarmante.

Los adolescentes son muy susceptibles de caer en redes y en manos de personas que convierten vidas en mundos negros, llevando a suicidios o a situaciones alarmantes  a través de las amenazas.

La falsa confianza que se establece en las redes sociales es una amenaza en incremento, haciendo parte de las nuevas formas de establecer relaciones afectivas.

Las herramientas para enfrentar los conflictos cotidianos de la vida se han escaseado por falta de tiempo en familia, por la interpretación de la intención en chats, por carencia de una comunicación asertiva, por déficit en el diálogo y por no tener el hábito de expresar sentimientos.

 

 

Desafortunadamente, los hogares disfuncionales y la pobreza mental  en Colombia dejan huellas enormes en la vida de los adolescentes, dando como resultado chicos desorientados y sin mecanismos de defensa humana en la escala de valores.

Los nativos digitales pueden estar en una travesía de aprendizajes, pues se es necesario aprender a relacionarse de una manera sana. Es imprescindible un refuerzo en lo académico, retomar  el  Manual de Carreño, de urbanidad y buenas maneras donde nos recuerda “lecciones y consejos” sobre cómo deben comportarse las personas en lugares públicos y privados tales como el hogar, la familia, la escuela y el trabajo.

 

 

Hoy  amar en digital es un desafio para todas la generaciones, es una decisión responsable y hace parte de la evolución humana, pues rescatar las buenas tradiciones   hace  parte de volver a vibrar por el otro en tiempo real y con la certeza que el Whatsapp no será una dificultad para creer en el otro. 

Hoy enamorarse de verdad es parte de la decisión de volver a vivir el amor verdadero, ese que es natural, que no tiene adornos ni escondites en Facebook. 

Quién iba a pensar que en el 2017 habría que volver a  aprender a enamorarnos, a tener más citas, más abrazos, a tener conversaciones cara a cara y menos chats.

Hay que enseñar a los adolescentes a vivir en “modo avión”, hay que volver al diálogo, al tacto cariñoso, a lo sencillo,  a vivir momentos que se quedan en el corazón, a la reflexión a través de charlas cara a cara.

 

 

Y  como padres hay que investigar, actualizarse y estar al tanto de las tendencias en redes sociales. Existen herramientas como aplicaciones de control parental,  actualización en el léxico y  cursos online de poder digital.

Las relaciones humanas en digital y en físico deben estar basadas en el amor natural , en el compartir y en ponerse siempre en el lugar de la otra persona, que los comentarios tengan un valor altruista y que las redes sociales se usen de manera adecuada en pro del  desarrollo personal y cultural de los seres humanos.

Cuando compartas algo en redes sociales piensa qué valor tiene y qué reflexión de impacto puede causar en otros. Comparte amor, dale like al saber, a la bondad, a las buenas obras y di NO al Bullying.

 

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