Andrés Galeano, el reanimador cardiovascular de la poesía

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Entre música y café y subrayando algunas frases, caí en cuenta que el trabajo del joven Galeano es un microcosmos literario, escritura telegráfica o mejor, paquetes de humor dosificado para reanimar ciudadanos anestesiados.


 

“He tomado a Sofía, la he fundido con Tatiana y ha salido Natasha”

Tolstói

Solo una cosa sé, para escribir como lo hace el joven pereirano Andrés Galeano (1979) hay que ser un caballo salvaje. Uno desbocado y encabritado. Uno que corre con la prosa y a la par deleita al lector haciéndolo sonreír al ritmo de sus pasos finos. Pero despacio, no hay que ondear la suave melena ni mirar el colmillo del caballo tan pronto, porque hay que indagar cuáles son los motivos detrás de la temática de su nuevo libro, especialmente en un contexto de tanta seriedad social como Pereira.

Cabizbajo (pero no ruborizado) y de cara a esta reseña, confieso una intimidad, soy mal vecino con la poesía. La razón es que tengo oído de piedra para sentirla, aunque creí por largo tiempo que los diálogos de telenovela eran poética pura y con ello me contenté. Después descubrí con desconcierto, que esa forma de hablar en la televisión era una forma de no pensar y de no sentir nada.

 

Foto: Diego Val.

 

Aún así, me interné en ese pequeño libro que generosamente me donó la Secretaría de Cultura de Pereira, titulado “De lo que soy”, ganador del concurso “Estímulos 2017”, y a eso de las 2 de la madrugada, entre música y café y subrayando algunas frases, caí en cuenta que el trabajo del joven Galeano es un microcosmos literario, escritura telegráfica o mejor, paquetes de humor dosificado para reanimar ciudadanos anestesiados.

Este armazón textual de 38 poemas, es, a mi juicio, una catarsis personal, o mejor, una mixtura entre cuento, guion, cinematografía, filosofía y azúcar. Ingredientes que cocinados a fuego lento y a temperatura de almohada, resultó en lo que los críticos y jurados del evento dictaminaron, en lenguaje de cuello almidonado, como:

“Una dosis descollante de intertextualidad e hipertextualidad crítica”.

 

Foto: Diego Val.

 

Pero ¿qué es eso? ¿por qué los insultos del jurado hacia la obra? Ni lo uno, ni lo otro; ni es algo, ni es un adefesio, es el veredicto hacia un libro que contiene un humor fragmentado a martillazos y luego lanzado con fuerza al papel (o a la pantalla), de igual forma que el pintor Alejandro Obregón tomó, sin ton ni son, a tiros su autorretrato allá en Barranquilla.

Ahora, lo curioso de este libro es la pregunta que debemos tomar del cuello para hacerla cantar ¿a qué contexto de Pereira está ligado este contenido? Porque nuestra ciudad tiene una tradición de personas bohemias, de polemistas, pseudo escritores, vértigo mercantilista y de repelús por lo cómico. Pero ¿qué tradición jocosa, se identifica en la ciudad para que este autor se inspirara en la temática? No es posible identificar esto más allá de las canciones locales picarescas de mitad del siglo pasado, los tarumbas de entre parques y la cultura de las ludotecas.  En este caso solo huelga decir que esta obra está ligada a la personalidad de su autor.

 

Foto: Diego Val.

Y aunque no soy amigo de Andrés Galeano (porque no he conversado con él) tuve una ocasión de oír una de sus charlas presididas por el poeta Hernán Mallama Roux, donde el público no quedó indiferente ante la divertida exposición de algunos poemas de este libro hoy reseñado. También ahí se me prendió el foco al pensar que uno de los medios literarios para hacer algo original es entrar, con toda seguridad, en algún tema inexplorado, donde nadie considere que valga la pena seguirlo, y escribir sobre el con inteligencia.

Esa es la explicación sobre este autor y esta obra y creo que por ahora no tengo más que decir. Es  esta una escritura limpia pero extraña, filosófica pero entretenida, desparpajada pero actual.  Porque un creador, y en efecto este autor lo es, no es uno que se adelanta a su generación, sino que es el primero de sus contemporáneos que conoce lo que está ocurriendo y lo expresa por medio de su estilo.

 

Foto: Diego Val.

 

Solo me queda decir, que toda la temática del libro titulado “De lo que soy” (2017)  salió de un único globo terráqueo: la cabeza de Andrés Galeano; y de una sola fuente de inspiración: su carácter jocoso, rayano en la poesía del bogotano Edmundo Perry o de los trabajos de la caleña Julieta Parra, ya que como dijo el escritor norteamericano David Foster Wallace: “La narrativa o mueve montañas o se sienta sobre su propio culo” y en épocas tan serias, la definición de la buena poesía debe ser la de aquel que se dedica a localizar una población aburrida hasta el tedio, y aplicarle, con su escritura, técnicas de reanimación cardiovascular. Andrés es ese técnico del humor.

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