Anon: la pública y secreta forma de la privacidad

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Anon, es un campo de aperturas a lo que ya pasa: ser gobernado por el imperio de la red, donde cada uno va tejiendo y aportando con su hilo un historial y un perfil que lo anuncia y le da una ventana o una cárcel


 

Imagen extraída de: moviemarker.co.uk/

Ficha técnica

Año, país, duración Alemania, 2018, 100 minutos
Dirección y Guion Andrew Niccol
Fotografía Amir M. Mokri
Música Christophe Beck
Actores Clive Owen, Amanda Seyfried, Colm Feore, Sonya Walger, Mark O’Brien,Joe Pingue, Iddo Goldberg, Sebastian Pigott, Rachel Roberts, Ethan Tavares,Marco Grazzini, Conrad Coates, Mayko Nguyen, Sara Mitich, Damon Runyan,Charles Ebbs
Productora K5 Film / K5 Film / K5 Media Group
Género Ciencia ficción. Thriller
Página oficial Netflix

 

El uso de la tecnología y los dispositivos móviles con acceso a la alfombra mágica, la Internet, han hecho de cada individuo, un ser con una trazabilidad. Pero una contradicción se advierte: lo que hagamos queda registrado y a disposición del público, sin embargo, eso no limita la capacidad de situaciones que podrían ser ilegales. Hoy casi cualquiera puede rastrear a otros y a su vez ser buscado y detectado en la red. En el futuro, las películas nos muestran  cómo por medio de cualquier mecanismo, los registros de los seres humanos son para controlar y establecer una sociedad de mayor seguridad. Ese cuento y esa idea, son las que permiten gastar millonadas mensuales, invertir, y generar planes y políticas desde los gobiernos mundiales.

Usted mismo derrocha cantidad de recursos, tiempo y dinero, en tecnologías móviles y en los tan anhelados y esclavizadores planes de datos. Otra contradicción salta a flote y queda un misterio: se presume y se pretende ser anónimo, quizás por el logro de mayor individualidad o por esa ingenuidad de creerse libre. Sin embargo lo que se ha conquistado en la Internet, la presión -aunque algo intangible-, es que hoy, se puede dar con mayor facilidad con la identidad de las personas.

También es desde esa red de redes donde de repente la masificación de la información y las prácticas de usuarios y grupos desembocan en una fisura para el sistema.  Nadie puede ser anónimo si usa la Internet o juega desde las reglas del sistema, pero constituye una proeza y una máxima el hecho de ejecutar acciones vigiladas y detectadas desde la misma matriz; en nuestros días se han agenciado grupos y se han ejecutado hechos motivados por resquebrajar las normas creadas por ellos. Son los dueños de la información.

 

Fotograma extraído de: s2.dmcdn.net

 

Esa es la narrativa de la película Anon. De repente un día cualquiera, un encargado de mantener el orden -Clive Owen- y descifrar cada episodio de violencia o afrenta contra el sistema, encuentra a un alguien sin identificar como un error. Luego no es posible reconstruir un asesinato y dar con el responsable porque, al parecer, se transfiguró el vídeo del acontecimiento.

Anon, se convierte en una premonición del futuro que vivimos. Todo se encuentra bajo ordenanza. Desde un ojo, los detectives y agentes de seguridad del Estado, pueden saber cómo ocurrió un hecho y quiénes lo efectuaron. Ya no son las grandes pantallas las que dejan todo grabado, ahora es uno mismo quien reseña por obligación un hecho. Aquí cabe la sentencia bíblica: “Si no quieres que se sepa, no lo hagas”. Así que no hay nada que no se encuentre sistematizado, y nunca antes las piezas de un rompecabezas estuvieron tan fáciles de organizar, dado que cada parte se encuentra en un mismo engranaje.

En el deambular por la red se puede saber quién es el otro, porque se ofrece el menú de ese individuo y  cuál es su prontuario. No todos acceden a ese privilegio. Es posible, sin embargo, conseguirlo fácilmente. El subversivo, el rapsoda futurista -casi presente-, es quien, sin ser registrado, puede al tiempo delinear otra forma de sucesos. Casi que la realidad no es lo que sucede sino lo que se puede capturar de ella, y como es una alternativa -muy escasa y mínima e incluso ilegal- trastocarla, puede haber muchas.

 

Fotograma extraído de: I2.wp.com

 

El director nos ha planteado mundos distópicos, por ejemplo, en otras películas como  “El precio del mañana” (2012), donde la prueba de las garantías y disputas es el tiempo; en “Gattaca” (1997) prima el intercambio genético; En “Simone” (2002) es el tema de la simulación. Así, en una donde prima más la acción es en “El señor de la guerra” (2005). Allí también existe un juego con la identidad. Hablamos de Andrew Niccol, el director que se encuentra enfocado en la ciencia ficción y en desarrollar temas e historias disruptivas, con tramas en donde caemos, por lo cautivante y desafiador de lo propuesto. Una especie de paralelismos, de dimensiones donde el yo se suspende, de identidades que se cruzan o confunden, o donde la realidad no es lo que parece.

Los espectadores tienen el papel de ser detectives y participar de una mística rodeada de enigmas, donde la privacidad parece ser resguardada, siendo más pública. Un hecho que Nicol desarrolló cuando hizo el guion para  “The Truman Show” (1998), en donde un individuo cree vivir feliz y a su albedrío, pero se encuentra encerrado en un plató.

Anon, es un campo de aperturas a lo que ya pasa: ser gobernado por el imperio de la red, donde cada uno va tejiendo y aportando con su hilo un historial y un perfil que lo anuncia y le da una ventana o una cárcel. Si todo es trazable, como sueñan los que ostentan el poder, pueden hacer lo que se les antoje con su red y los usuarios. Como siempre habrá resistencia o quedará un resquicio. Ese pequeño eslabón será suficiente para obtener un poco de libertad así sea con todo en contra.

 

Fotograma por: newmoviesapp.com

 

David Lloyd, el caricaturista, nos dio un legado: la máscara del anonimato. Esa que no se puede usar si se transita por la red, aunque sí, porque quienes logran un orificio. Desde ahí se puede ver otras dimensiones y circular en lo virtual sin ser detectados. He ahí lo que vemos en Anon.

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