Carolina Pitalúa, el son y las artesanías

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En la comunidad del Fandango Fronterizo, Andrés Flores es una gran alegría. En una publicación pasada en la que hablamos sobre el pandero en el son, lo mencionamos a él, hoy queremos recordarlo con su familia, y una manera es acercarnos a una de las personas más importantes en su vida, Carolina Pitalúa.

Carolina Pitalúa

Bernardo Pitalúa fue el abuelo de Carolina Pitalúa. Bernardo tocaba el requinto, y Carolina lo escuchaba desde los seis años. Eran tiempos de infancia en la casa de Obispo, una localidad de Loma Bonita, Oaxaca.

Su abuela fue Juana Castro, una bailadora que incluso en la vejez continuó asistiendo a los fandangos, a pesar de los dolores físicos.

Ella me decía: no hija, vamos a bailar, porque si el fandango me hace mal, también me va a curar.

Una tía de su padre le entraba al son como decimera, y la bisabuela lanzaba el siguiente verso al abrirse paso entre jaraneros:

Señores me había tardado

porque el quehacer me atrasó.

Ábranse los gavilanes que un águila llegó.

En Obispo -dice Carolina- todos éramos parientes -, y todos, al parecer, acudían al llamado del son jarocho. Sus tíos tocaban la jarana, su padre, el requinto, y el abuelo tenía un taller de laudería.

– Él trabajaba el campo y tocar era su distracción. Decía que donde sonaba su jarana venía la gente.

En la actualidad, Carolina vive en Coatzacoalcos, Veracruz. En 2010 creó Cascabelarte, una empresa familiar donde se elaboran fundas para instrumentos musicales y aparatos tecnológicos. Los diseños de Cascabelarte son personalizados y a la medida, los principales clientes son los jaraneros. Carolina asegura que Andrés Flores la impulsó en esta labor artesanal. En sus giras con el grupo Chuchumbé o en solitario, Andrés promocionaba las fundas de quien fuera su compañera de vida.

Buen inicio de semana!

Posted by Fundas para Instrumentos Cascabelarte on Monday, October 28, 2019

Los dos se conocieron en 1995, en un fandango de las Fiestas de mayo de Cosoleacaque, Veracruz. Ese día, Andrés la invitó a bailar La bamba, y desde entonces los ensayos de Chuchumbé parecían la reunión de una gran familia.

Muchas jaranas en México están protegidas por las fundas de Cascabelarte, aquellas que Carolina empezó a coser en la máquina de su abuela. Su trabajo es reconocido dentro del movimiento jaranero. Para ella, las artesanas están presentes en los fandangos con creaciones como las suyas, y la mujer tiene un papel importante en el son jarocho.

– Ya bailan, son requinteras, tocan la leona. Tienen unas voces privilegiadas. Se hacen oír, y no solo en el movimiento, en donde quieras. La mujer es más libre.

Y el fandango, dice, es compartido por nuevas generaciones, dejó de ser una “música de viejitos, una “música de rancho” Ejemplo de ello son sus hijos Ledwin Andrés Flores PItalúa y Amairani Flores Pitalúa, quienes empezaron a tocar jarana y a bailar con Andrés.

De izq. a der.: Carolina, Andrés, Ledwin y Amairani

Desde Coatzacoalcos, Carolina distribuye las fundas y estuches. Sin embargo, son tiempos difíciles. La violencia entre carteles de la droga que golpea a la sociedad mexicana, y la declaración de cuarentena a causa de la pandemia del Covid-19, afectaron los proyectos familiares en el puerto veracruzano.

El malecón de Coatzacoalcos ya no es como antes. Ahora los pequeños comercios y restaurantes cerraron. Ya no se puede comer un elote y pasear como hace veinte años, asegura.

Aunque Carolina es persistente con Cascabelarte, no deja caer su labor. Y como lo fue Andrés Flores en los inicios, la familia es el impulso para continuar, porque las jaraneras y jaraneros continúan llevando el son por el mundo, y es necesario cuidar sus instrumentos. Las fundas de esta artesana son resguardo y estampa de la cultura veracruzana.

Más información de las fundas las pueden conseguir en el facebook: https://www.facebook.com/Fundas-para-Instrumentos-Cascabelarte-1398328953737932/

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