César Aira: Prins

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Sin embargo, considero que la escritura de esta novela es de una bellísima precisión, que evoca quizás el estilo de la mejor prosa norteamericana.


 

Información Bibliográfica del libro
 

Título: Prins

Autor:  César Aira

Editorial: Random House

Colección: Trazos y Sílabas

Género: Novela

Año: 2018

Pág. 144

 

He vuelto a la lectura de un libro del escritor César Aira (Coronel Pringles, 1949).

Este año, en el mes de abril se publicó Prins (Literatura Random House, 2018) su nueva novela. Volver sobre un texto suyo me ha resultado sumamente excitante, destaco el gusto por su gran capacidad imaginativa. No sin dejar de advertir que sólo he logrado leer once de sus libros, y esto es poco, ya que su extensa obra novelística, teatral y ensayística, ya ronda los 102 títulos.

Asimismo, he escuchado algunos de sus cuentos en audiolibros que circulan en Youtube. La voz en estos audios tiene un acento argentino que me resulta agradable, quien lee es Belén Aguirre de la biblioteca Haroldo Conti. Antes de Prins, lo último que leí fue Ema, la cautiva (Literatura Random House, 2013).

Simultáneamente, hace poco he reproducido algunos de esos audio libros, como el de El ilustre mago (Biblioteca Nacional, 2013) en el que se repite una puesta en abismo de un escritor al que un mago le ofrece poseer cualquier cosa que desee, pero con la única condición de dejar de escribir, pero también de leer y de cualquier acción vinculada con la literatura.

Esta misma dualidad, la de escribir o dejar de hacerlo, se muestra en su cuento La pobreza, donde otra vez, un escritor, parece estar ante el temor de perder su capacidad creativa, si logra deshacerse de la pobreza, quien aparece como un personaje que le está interpelando todo el tiempo.

 

Imagen extraída de: rtve.es

 

Puedo decir que me sigue sorprendiendo y atrayendo la imaginación de corte surrealista, la precisión en la prosa, que busca privilegiar la nitidez de imágenes de tipo cinematográfico, elementos que componen, en cierta medida, parte de la obra airana. Esto es, creo, algo que también marca la escritura de Prins.

Prins está narrada en primera persona, el personaje central es un escritor de novelas góticas desencantado de su producción de libros bet-sellers, a los que considera como mala literatura. Desde las primeras líneas del libro, casi a manera de confesión, el narrador declara lo siguiente:

“Condenado de toda la vida a la laboriosa redacción de novelas góticas, encadenado al gusto decadente de un público inculto… La fatiga se apoderaba de mí… No podía ni siquiera terminar una oración”. (P. 7)

Ese desencanto conlleva a que tome la decisión de convertirse en un consumidor de opio, empleando media hora al día para tal fin. Este último hecho convierte toda la narración sumamente dudosa, pues son los sucesos, las impresiones, las visiones de este narrador tienen una percepción alterada. Pero justo ese desvío le permite tomar distancia y cuestionarse el oficio:

“Nadie sabe con claridad qué es eso de la literatura, qué es lo que hace un escritor; de ahí que lo dejen tranquilo, en el aura que la sociedad le construye, la burbuja hecha a medias de respeto y de asco”. (99).

 

Imagen extraída de: Clarín

 

Mientras el autor de novelas góticas viaja en el autobús 126 conoce a una mujer llamada Alicia. Con ella emprende una relación amorosa. La convierte en su doncella y la lleva a vivir a su castillo. El escritor llega a un lugar llamado La Antigüedad y luego a una casa en la que vive un dealer llamado Ujier, a quien le compra todo el opio que tiene. El opio debe llevarlo el Ujier, pues este se ha comprometido a transportarlo en su camioneta.

Dado que el opio es del tamaño de una lavadora, y que la llave de la casa en la que vive el dealer está en el centro de esa mole de opio, este deberá permanecer con el escritor en el castillo, hasta cuando éste consuma la cantidad de opio suficiente hasta llegar al centro de esa mole, donde está la llave. De forma tal que, el Ujier pueda recuperarla para volver a su casa.

El opio es la evasión y la entrada en el sin sentido del autor. Es descreído de poseer algún talento como escritor, a diferencia, por ejemplo, de Carlos Argentino Daneri, personaje de El Aleph.

El personaje de Prins se siente infortunado, pese al éxito en ventas de sus libros, novelas góticas bet-sellers que él no ha escrito, sino que las ha hecho escribir de sus ghost-writers, pero estos a su vez, no las escribieron, sino que las plagiaron de obras escritas hace doscientos años.

El opio estuvo presente en la vida de los artistas del Romanticismo, y en algunas páginas el autor habla del Romanticismo, de la Realidad, y al final, habla de las Vanguardias. Es así como el escritor hace un rastreo del estado de la literatura. Más aún, cuando se va a vivir al castillo con Alicia y el Ujier, y los ghost-writers acechando amenazantes a su alrededor (pues los ha despedido), vemos cómo la realidad del escritor va tomando la forma de una novela gótica, como una suerte de bovarismo.

 

 

Imagen extraída de: Instagram

 

Así es como se da el artificio narrativo que va hilando la trama. En la Antigüedad los años corren hacia atrás, el tiempo sufre ese efecto. El espacio y el tiempo se expanden a gusto del narrador, lo que distorsiona la forma y el sentido de la narración.

Sin embargo, considero que la escritura de esta novela es de una bellísima precisión, que evoca quizás el estilo de la mejor prosa norteamericana. En tanto que, la atmósfera siniestra en ese castillo, que se expande laberínticamente, sin límites, me recuerda La caída de la Casa Usher de Poe. Gran escritor, fenomenal romántico y delirante opiáceo, quien fuese, por demás, el gran renovador del género gótico.

Advierto que en esta novela se cuentan simultáneamente dos historias: la primera es la historia del escritor de novelas góticas, y de los dos personajes que le acompañan. La segunda historia, es acerca de las concepciones y cuestionamientos que hace el escritor en torno a los usos y valores literarios. En este caso, la narración de la primera historia está en función de la segunda, que podría ser una parte del gran eslabón que recorre la literatura argentina.

Es decir, el tema del escritor que problematiza en torno a su creación. Por ejemplo, en Escritor fracasado Roberto Arlt describe en tono irónico ese dilema:

“¿Qué era mi obra?… ¿Existía o no pasaba de ser una ficción colonial, una de esas pobres realizaciones que la inmensa sandez del terruño endiosa a falta de algo mejor?”

Similar es la inconformidad y rotunda es la sensación de fracaso literario del personaje de Aira.

Pero quizás lo más predominante en Prins sea que la realidad se va transformando en una ficción que va invadiéndolo todo, al tiempo que aparecen disertaciones en torno a teorías, conjeturas y nociones críticas sobre la literatura.

 

Imagen extraída de: El Nuevo Diario.

 

Esto corresponde, en cierto sentido, a una técnica de construcción de ficciones y sentidos, cuyo precursor de esa tradición es Borges. En Aira podemos hallar un constante homenaje a la creación borgeana, aun así, no es este su único referente, aunque tal vez sí uno de los más relevantes en la configuración de su obra. Por supuesto, debo decir que Aira me parece un magnífico escritor.

En Aira conviven, creo, la alta cultura y la cultura popular. Y sus historias con sus personajes parecen ser un pretexto para apuntar a una o a muchas ideas sobre la cultura, el arte y por supuesto, la literatura. En este sentido, convendría evocar aquí sus propias palabras, con el fin de resaltar cierta construcción de su figura literaria:

“Como discípulo de Borges, siempre he estado en ese juego de ver cómo funciona la literatura, cómo funciona lo literario de la literatura.

Por eso no tengo ni voy a tener nunca un público lector: voy a tener lectores que van a irme a buscar a mí específicamente. Por eso no estoy en la mesa de novedades por el color de la tapa de mi libro. Y si me eligen por esto, se van a llevar una desilusión tremenda.

Esta anécdota la conté varias veces y no me hace mucho honor. Una vez caminando por mi barrio un hombre me dijo: “Adiós, Aira”. Lo miré como pensando de dónde era y me dijo: “Usted no me conoce, soy un humilde lector”. Yo me quedé pensando en el adjetivo humilde. El que me lee a mí es un lector de lujo (…)”

Sin duda, Aira ha fundado otro tipo de literatura y, en consecuencia, otro tipo de lectores.

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