Chimamanda Ngozi Adichie en el Hay Festival Cartagena 2019

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Considero que Adichie da en el clavo cuando habla de “todos”, porque feministas no tendríamos que ser solo las mujeres: también los hombres deberían serlo sin sentir que menoscaban su masculinidad, de la misma manera como no se tiene que ser negro para estar en contra del racismo o ser gay para apoyar a la comunidad LGTBI: es salir de la situación particular y privilegiada para ponerse en los zapatos del otro, es tener empatía.


 

Tuve la oportunidad de estar en el pasado Hay Festival en Cartagena, que se llevó a cabo del 31 de enero al 3 de febrero de este año. En nuestro país se realiza desde 2007 y en el mundo desde 1988, cuando en la pequeña población inglesa de Hay-on-Wye —que se conoce como la ciudad de los libros porque tiene alrededor de 40 librerías y menos de 2000 habitantes— se reunieron un grupo de amigos para conversar sobre literatura.

Es la cuarta vez que asisto. Normalmente voy sola y algunas personas me preguntan por qué voy a un festival de literatura cuando lo que me gusta es el cine. Bueno, lo mío definitivamente son las filias, disfruto muchas cosas, entre ellas conversar y este es un espacio para cultivar la buena conversación y el amor por la lectura.

 

Hay Festival Cartagena 2019. Foto por Diana Aristizábal

 

Esta vez fueron más de 170 invitados de 26 países, entre ellos autores tan diversos como Mircea Cartarescu, Zadie Smith, Michael Pollan, Leonardo Padura, Laura Restrepo, Manuel Vilas, Piedad Bonnett.

Además se contó con la presencia de la artista Doris Salcedo, el reportero fotográfico Jesús Abad Colorado, la Premio Nobel de Paz Shirin Ebadi, la economista Deirdre McCloskey, el filósofo Wolfram Eilenberger y el físico José Ignacio Latorre.  También estuvieron el médico Dale Bredesen, el publicista Eugenio García, los periodistas Gustavo Gorriti, Lydia Cacho y Alma Guillermoprieto

En la parte musical se contó con  Wilfrido Vargas, Totó La Momposina, y David Sánchez, entre otros, que hicieron del Festival un espacio de encuentro y celebración para dialogar sobre diferentes temáticas.

 

 

En cada festival he descubierto algún escritor que no conocía o un tema del que no había escuchado.

Este año la gran revelación para mí ha sido Chimamanda Ngozi Adichie. Cuando vi que era una de las invitadas al Hay Festival, busqué su obra y leí sus dos discursos más famosos, a partir de las dos charlas TED, “Todos deberíamos ser feministas” y “El peligro de la historia única”.

Todos deberíamos ser feministas

El peligro de la historia única

 

Debo reconocer que estaba un tanto prevenida con el título del primero: me siento incómoda con el tono radical que ha tomado un sector del feminismo, que lamentablemente le ha hecho perder fuerza y determinación a lo que verdaderamente importa cuando hablamos de equidad de género.

Considero que Adichie da en el clavo cuando habla de “todos”, porque feministas no tendríamos que ser solo las mujeres: también los hombres deberían serlo sin sentir que menoscaban su masculinidad, de la misma manera como no se tiene que ser negro para estar en contra del racismo o ser gay para apoyar a la comunidad LGTBI: es salir de la situación particular y privilegiada para ponerse en los zapatos del otro, es tener empatía. 

 

Chimamanda Ngozi Adichie. Imagen extraída del archivo del Hay Fetival. Foto por Daniel Mordzinski

 

El sábado 2 de febrero la escritora nigeriana fue la encargada de liderar la charla inaugural en honor a Gabriel García Márquez. Era una de las conferencias más esperadas.  Fueron 15 minutos iniciales de un discurso de Chimamanda acerca del impacto que había supuesto para ella la lectura de Cien años de Soledad y como se convirtió en el libro que hubiera querido escribir.

Los siguientes 45 minutos fueron una charla en compañía de la reportera y también escritora Alma Guillermoprieto, en el Centro de Convenciones de Cartagena, que lamentablemente resultó una gran decepción, pues la periodista mexicana no supo sacar provecho del  flanco fuerte de la escritora.

Esto mismo me ha sucedido en otras charlas del festival y no es por falta de experiencia del entrevistador: el profesionalismo de la reportera es innegable, pero no preguntó lo que hubiera resultado una buena conversación acerca de la obra de Adichie; solo se dedicó a hacer preguntas muy escuetas que trajeron momentos verdaderamente incómodos.

 

Charla con Chimamanda Ngozi y Alma Guillermoprieto. Foto por Diana Aristizábal

Salí con la sensación de que hubiera sido una conversación aceptable a puertas cerradas, pero no en un auditorio que estaba llenó para escuchar a Chimamanda.

Me doy por bien servida, pues tuve una segunda oportunidad con Chimamanda el domingo 3 de febrero en el marco del Hay Comunitario, en la charla que dio en el barrio Nelson Mandela.  Este barrio, ubicado a 50 minutos del centro histórico de la ciudad, fue fundado a principios de los años noventa en el sudeste de Cartagena por un grupo de familias desplazadas principalmente de Palenque y del Urabá Antioqueño.

 

Chimamanda Ngozi en el barrio Nelson Mandela de Cartagena. Foto por Diana Aristizábal

 

Sus habitantes, mayoritariamente afrodescendientes, se ven más como una comunidad autónoma porque han tenido que auto gestionar todo.

En contraste con el evento de la noche anterior, esta charla tuvo toda la connotación política que extrañamos en la entrevista de Guillermoprieto. Chimamanda llegó como toda una “Rock Star” entre ovaciones y manifestaciones de cariño y admiración.  El aplauso de bienvenida casi no termina y ella evidentemente emocionada, saludó diciendo en español: “Me alegra estar en la Cartagena negra”

En esta oportunidad la entrevistaron Aurora Vergara, doctora en Sociología, profesora y directora del Centro de Estudios Afrodiaspóricos de la Universidad ICESI y Mabel Lara presentadora de televisión, quien inició el encuentro leyendo parte del discurso: “Todos deberíamos ser feministas”, luego de que su autora lo leyera en inglés: “La forma en que criamos a nuestros hijos les hace un flaco favor. Reprimimos la humanidad de los niños”.

 

Entrevista a Chimamanda Ngozi con Mabel Lara. Foto por Jack Modave

 

Definimos la masculinidad de una forma muy estrecha. La masculinidad es una jaula muy pequeña y dura en la que metemos a los niños. Enseñamos a los niños a tener miedo al miedo, a la debilidad y a la vulnerabilidad. Les enseñamos a ocultar quiénes son realmente, porque tienen que ser, como se dice en Nigeria, hombres duros.

Me pareció muy acertado este inicio, pues estableció los temas centrales de la obra de Chimamanda —la raza y el género— como la guía que marcaría el tono del encuentro.

Aurora Vergara formuló una excelente pregunta y evidenció conocer la obra de Adichie profundamente, incluso más que Alma Guillermoprieto.  Preguntó: “¿Reivindicar a África como lugar de poder posibilitará movilizar esta agenda feminista afrodiaspórica?”  a lo que la escritora respondió con un “¡Sí!” categórico:

Una de las razones por las que estoy tan feliz de estar en Colombia, en Latinoamérica, es porque como africana siento una conexión con este continente, y eso es porque África está aquí. África está en el ADN de América. Creo que es una lástima –y esto es algo que ha pasado en todo el mundo occidental— que haya habido una estrategia muy deliberada de disminuir todo lo africano y enseñar a la gente con ascendencia africana que debería sentir vergüenza. Déjenme decirles que no hay nada de qué avergonzarse.

Chimamanda les dijo a las mujeres negras colombianas que deben llevar su pelo con orgullo y resaltó la necesidad de cuestionar la manera en que la sociedad define la belleza, en relación al pelo de las mujeres  negras.

Tenemos que ampliar lo que es considerado bello, no puede ser el pelo liso únicamente el que es considerado bello. Las mujeres negras no deberían sentir la presión de conformarse con un estándar estrecho de belleza para ser aceptadas.

 

Chimamanda Ngozi Adichie. Foto por Diana Aristizábal

 

Este fue sin lugar a dudas un espacio poderoso, en donde Adichie ejerció una influencia inspiradora sobre la comunidad negra del barrio Nelson Mandela. Me sentí tan conmovida con la fuerza de su discurso y con el empoderamiento de estas hermosas mujeres, que en ese momento experimenté un enorme deseo de ser negra y vivir esa pasión desbordante por su tradición e influencia africana.

Pero tristemente el evento no fue solo para los habitantes de este barrio, la entrevista fue interrumpida cuando invitaron a la ministra de cultura Carmen Vásquez a la tarima. Supuestamente iba a presentar el proyecto “Mujeres afrocolombianas escriben su territorio” y cuando mencionó la importancia del turismo y la cultura en la agenda del presidente Duque, provocó el rechazó y el abucheo de los asistentes.

Una de las mujeres sentadas en el suelo frente a la tarima, gritó: “Paren de matar gente negra”.

En ese momento la ministra invitó rápidamente a las treinta escritoras a la tarima para tomarse una foto con Chimamanda y sin explicar de qué se trataba el proyecto, sin hacer el cierre, ni abrir la ronda de preguntas del público, acabó el evento. Ni siquiera pudieron hablar las escritoras de la foto. Más que escuchar sus historias, se había ido a hablar por ellas.

He visitado numerosas veces Cartagena de Indias y nunca olvidaré esta experiencia conmovedora y emocionante de visitar el barrio Nelson Mandela y conocer un poco de la “Cartagena real” y ahora, empezaré con el libro “Americanah” a conocer profundamente la escritura de la carismática Chimamanda Ngozi Adichie.

Ella también quedó impactada de su visita a Cartagena y lo expresó en su cuenta de Instagram:

Profundamente conmovida por la calidez y el amor en el barrio Nelson Mandela. Nunca he deseado tan desesperadamente hablar español.

 

Ver Galería de la visita de Chimamanda Ngozi Adichie al barrio Nelson Mandela

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