“Chocolate con tomate, qué disparate” y otros refranes sobre comida que desconocías

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La obra ‘2000 refranes para comer’ es una prueba de como el campo, los alimentos, la despensa y la cocina han sido nutrientes esenciales a la hora de confeccionar nuestro lenguaje.

Por Nathalia Martínez, publicado en La Vanguardia

Los refranes, esas grandes raciones de sabiduría, pero con sabor popular – sacados de la experiencia, del error vs acierto-, que han pautado la manera de pensar y actuar de muchas generaciones están en peligro de extinción. Rustidos por el paso del tiempo van quedando en el olvido a expensas de que en el surgir de las conversaciones, la gente – y con suerte los más jóvenes– se acuerde de ellos.

“Es un género en desuso, se apoya en la tradición y en este momento las tradiciones no parecen ser muy útiles”, cuenta Ana Lorente, pionera en el mundo del periodismo gastronómico, polifacética por ser autora de varias publicaciones de ocio y gastronomía (como la Guía del Ocio o la revista Mi vino) y empresaria al frente del “centro cultural del gusto” por excelencia en la capital, A Punto – una librería especializada con más de 3000 referencias sobre gastronomía y vino donde también cuentan con una tienda de utensilios y un gran catálogo de catas y cursos de cocina.

“A esto le ocurre como a los epistolarios, se acaba. Ya no escribimos cartas. Ya no hay esa transmisión cultural ni si quiera esa cultura. En el campo la mutación se ha convertido en tan tecnológica que en muchos casos no se entiende ni el lenguaje”, añade.

Los refranes son un género en desuso, se apoya en la tradición y en este momento las tradiciones no parecen ser muy útiles”

Ana Lorente Periodista gastronómica

Sirvan estas líneas para rendirles honor y sacarles brillo, por la riqueza cultural y lingüística que tanto han traído consigo y que en tiempos del 2.0 (si me apuran, para muchos ya el 5.0) tan amenazadas se encuentran.

Lorente fue mano derecha de Juan José Lapitz a la hora de escribir 2000 refranes para comer. Fue el campo lo que les unió. “Juanjo lo sabía todo del País Vasco, se lo había enseñado su abuela, de quién heredó su maravilloso huerto en la muralla de Fuenterrabía y con ello el conocimiento plasmado muchas veces en refranes para que no se olvide. Y juntos hicimos ese tándem ya que yo tenía el conocimiento del castellano y de otras regiones”, aportando esa visión más global.

Su prólogo está colmado de halagos que firman grandes figuras de la gastronomía como son Pedro Subijana de Akelarre (San Sebastían), Hilario Arbelaitz de Zuberoa, Roser Torras Directora del grup Gsr, Arzak o Andoni Luis Adúriz de Mugarit (Errenteria) que define los proverbios y refranes como “destilados de las culturas de los pueblos; palabras condesadas y certeras que inspiran e incitan a la reflexión”.

Una obra, editada con mucho gusto, que se va desarrollando alfabéticamente combinando hasta más de 2000 refranes gastronómicos que nacen de una larga lista de ingredientes de la despensa española junto con un centenar de recetas que se elaboran a partir de ellos.

Refranes que han derivado de la necesidad que ha existido siempre por conocer el comportamiento del clima, el campo y la mar, pero que antaño por falta de medios técnicos, era difícil de concretar; de ahí que, como recoge Lapitz en su obra, “observadores natos, acuñaban de forma a veces dilapidaría qué productos eran más beneficiosos para la salud y qué combinaciones resultaban más sabrosas o valoradas, buscando no la erudición, si no la concreción y en casos la rima”. Pero coincidiendo con Lorente vaticina que “esta forma de divulgar corre peligro de desaparecer como la industria del botijo, por falta de uso y necesidad”.

No nos atrevemos a echar la carne en el asador diciendo que nuestro lenguaje es uno de los más maridados. Si lo desgranamos palabra por palabra, podemos encontrar infinidad de refranes. Sin ir más lejos el vino reúne más de un centenar. Lo cierto es, que como cuenta Lorente “los países de la región mediterránea se han desarrollado paralelamente, teniendo en cuenta que el analfabetismo ha durado prácticamente hasta ahora, la manera de transmitir el conocimiento en muchos casos ha sido esta”.

La obra

Lorente fue mano derecha de Juan José Lapitz a la hora de escribir el libro ‘2000 refranes para comer’, que nacen de una larga lista de ingredientes de la despensa española

Conocimiento que se ha transmitido de generación en generación al que se le han unido algunos otros dichos y refranes que una vez más la sabiduría o la ocurrencia popular ha traído consigo como ‘comerse el coco’ y otros a los que no se le encuentran explicación. ¿Cómo le explicas tú a uno de Estocolmo el significado de pollas en vinagre? Lo más seguro es que no te entienda y se acabe haciendo el sueco.

De su obra se rescatan míticos dichos como “Acelguitas benditas, de día los troncos y de noches las hojitas” -con su correspondiente receta de acelgas con arroz- que no es más que una “alabanza del pobre, que no tiene otra cosa que llevarse a la boca”. Al agua le dedica más de 100, entre los que no sorprende encontrar el tan recurrente “Nunca digas de esta agua no beberé” y comparte páginas con “Sobre el pepino, agua y no vino”, pensado para indicar cómo al ingerir cucurbitáceas (como el melón y el pepino) cuesta más saborear el vino.

Del libro se rescatan míticos dichos como “Acelguitas benditas, de día los troncos y de noches las hojitas” -con su correspondiente receta de acelgas con arroz
 Juan Aunion

Muchos guardan una enseñanza tras ellos, unos en forma de advertencia sugerencia como “Al menear las avellanas, menos suenan las llenas que las vanas” para indicar que no hay que fiarse de los vanidosos, o “Te conozco bacalao, aunque vengas ‘disfrazao'”que alude a lo que se ofrece con engaño o “Buñolero a tus buñuelos” y otros que rescatan algunas verdades: “Dios da almendras a quien no tiene muelas” ( las riquezas a veces caen a quien no puede disfrutarlas); “Barriga llena no cree en hambre ajena” (difícil ponerse en el lugar de quien carece de todo); “Quien no sabe mañas, no come castañas” (aunque se refiere a los trucos pasar asarlas y pelarlas, se aplica a todas las acciones de la vida); “Chocolate con tomate, qué disparate” (aplicable a las parejas disparejas, que no tienen mucho en común); “A quien cuece y amasa, todo le pasa” (las aventuras, venturas y desastres son patrimonio de quienes actúan, de quienes arriesgan); “Higos y nueces, no se comen juntos todas veces” (las satisfacciones son raras y juntas, aún más) y la lista continúa…

Varios sugieren formas de acabar con el cónyuge con la berza como munición, que dependiendo del calendario pueden acabar produciendo una peor digestión. Aunque ni rastro de la acción contraria, dejando entrever ciertos patrones como que era la mujer a quien se le venía a la cabeza con más frecuencia la idea de matar a su marido y la destinataria de estos refranes por ser la cocina un ecosistema más habitado por ella. Un reflejo de la sociedad que se dejaba entrever con estas palabras y que en estos tiempos sería más difícil de digerir.

Más ejemplos

Varios sugieren formas de acabar con el cónyuge con la berza como munición, que dependiendo del calendario pueden acabar produciendo una peor digestión

Otros, por muy escatológicos que resulten, perduran en nuestro diccionario popular como ocurre con “Café y cigarro, muñeco de barro”, al que no le hace falta aclaración ni mención en el libro de Lapitz y Lorente que si se acuerda de “Año de alubias, ruido en los portales”, que tampoco precisa comentario.

No tan ilustrados y detallados son los ejemplos que incluyen otras obras como el Diccionario Práctico de Gastronomía y Salud de Miguel Jordá Juan, o el Diccionario gastronómico: términos, refranes, citas y poemas de Luis Felipe Lescure Beruete donde buena parte de ellos coinciden y de los que rescatamos algunos “Aceite y romero frito, bálsamo bendito”, “Agua de mayo, pan para todo el año”, “Dijo la cebolla al ajo, acompáñame majo” y un largo sin fin donde se encuentran otros archiconocidos como son “A nadie le amarga un dulce”, “El que se pica ajos come”, “No está el horno para bollos” o “A cada cerdo le llega su San Martín”, “Hay más días que longanizas”, “La mancha de mora, con otra verde se quita” o “Con promesas no se come” y que están más presentes en nuestro día a día.

Como nota final, una vez más el refranero nos viene a dar una lección que bien se puede aplicar al texto que aquí nos ocupa cuando dice “tripa vacía corazón sin alegría” y es que ahora que nuestro lenguaje se evapora amenazado, ese rugir que sale de dentro tal vez indique lo mucho que estamos hambrientos; las palabras también se comen y están ahí para que nosotros las devoremos. Por eso por el amor al refranero, lean, escriban y devoren palabras, para que no queden en el olvido.

Romero
 Getty Images/iStockphoto)

Otros bocados de literatura

Las letras han hecho muchos pinitos en el plato, sin ir más lejos, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ha sido esculpido a modo de figurita de mazapán por el obrador Santo Tomé, en Toledo alcanzando una altura de 3.599 metros y entrando así en el libro Guinness de los Records.

Un delicioso homenaje a su autor que no escatima en referencias y descripciones gastronómicas en esta obra cumbre de la literatura española en la que muchas historias transcurren alrededor de la mesa. Nada más comenzar Miguel de Cervantes habla de un menú semanal de lo más interesante: “Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda”.

Una oda a la cocina manchega que Cervantes complementa con consejos en forma de refrán: “Sé templado en el beber, que el vino ni guarda secreto ni cumple palabra”; los que le daba Don Quijote a Sancho muy de vez en cuando.

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