Definitivamente no importa en qué lugar del mundo estés, cuando vas a cine eres tú y la película, y la manera en que interpretas lo que ves es solo tuya.


 

Muchos pensarán que es una pérdida de tiempo ir a cine cuando estás de vacaciones en otro país. Hay tanto por conocer como para  pasar dos horas o más encerrado en una sala.

Pero si te gusta mucho el cine (y sobre todo ir a cine), y además estás en Francia, y  tienes al frente una película que acaba de competir en el Festival de Cannes, dirigida por François Ozon, entonces lo piensas.

Ese fue mi caso y me animé. Fui  a cine en la ciudad de Rennes, capital de la región de Bretaña, localizada al noroeste de Francia.

Vi El Amante Doble (L’amant doublé) en una sala  pequeña, con solo dos películas en cartelera, tipo cine club. Había folleto con  sinopsis de las películas que estaban presentado.  

En principio nada diferente, al igual que nuestro Cine en Cámara en Pereira: no te dan lugares numerados y la sala es pequeña, con sillas de auditorio.

Lo que sí hizo la gran diferencia para mí fue verla sin subtítulos, en un idioma que no domino.  

 

Plaza de Rennes

 

La película en general impacta desde el tráiler que la pinta como un drama erótico con una buena dosis de suspenso.

François Ozon,  participa por tercera vez en sección oficial de Cannes. Y los protagonistas: Marine Vacth, descubierta por el director en “Joven y bonita”, y Jérémie Renier, que es el que presenta, en principio, el papel más arriesgado.  

Es la historia de una atractiva mujer que debido a su estado depresivo y dolores de estómago recurrentes, que cree ligados a su estado emocional, asiste al psiquiatra del cual termina enamorada perdidamente.

A medida que avanza la trama va  introduciéndose en una espiral de deseo, dobles identidades, fantasmas del pasado y juegos de realidad y ficción que acabarán derivando en un triángulo amoroso.

 

Foto tomada de Le Soir Plus

 

La película se queda un poco corta a la hora de desarrollar todo lo prometido en el tráiler, debido talvez a la plana actuación de la mujer o a los intentos casi impacientes del director por rescatar o “imitar” escenas representativas de los grandes del cine.

Pero tiene momentos de lucidez con buena fotografía, y escenas arriesgadas como la de una vagina que pasa a ser el lagrimal de un ojo o algunos sonidos que simulan el orgasmo de una mujer.

Definitivamente no importa en qué lugar del mundo estés, cuando vas a cine eres tú y la película, y la manera en que interpretas lo que ves es solo tuya.

Ver cine  depende de tantas circunstancias, que cuando vemos una película  por segunda vez, encontramos cosas nuevas o entendemos otras que no fueron tan claras la primera vez.

Tendré que darle una nueva oportunidad a esta película, desde luego, con subtítulos en español.

 

Trailer:

SHARE
El ojo de la cebra
Historias relacionadas
El idioma y el pueblo: por Hernando Téllez
La participación de Latinoamérica en los Óscar (1ª parte)
De humintas y tamales

Deja tu comentario

*