“Ciudad de fantasmas”: bajo las sombras del Estado Islámico.

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La propuesta documental es un esqueleto que nos muestra el terror y las ejecuciones de Isis, quienes han declarado una guerra santa contra los profanadores de su cultura. Sus artífices no sólo cuentan el calendario de los hechos, sino que viven en carne propia un asedio por comunicar.


 

Ficha técnica

Año, país, duración 2017,Siria, Estados Unidos, 90 min.
Dirección y producción Matthew Heineman
Fotografía Matthew Heineman
Música Jackson Greenberg , H. Scott Salinas
Género Documental

 

Siria ahora es un país ruidoso, antes su mudez no permitía ni siquiera saber de la magnitud del drama de su gente. Existe una lotería para que algunos lugares del mundo se ganen un sorteo, y obtengan la atención del resto.

Hay unos que no lo requieren y es mejor que sigan en sus aposentos. Pero muchas ciudades son perseguidas y asediadas por los intereses del poder global, que arrasa con las culturas y destierra a los propios para quedarse con lo que les pertenece.

En Raqqa, otro sitio casi inexistente hasta el 2012, un nombre poco común se agencia de situaciones que se han normalizado en nuestra época: el genocidio. Y unos “Hermes” modernos le han contado a los demás qué es lo que allí ocurre: cualquier contexto que impida la circulación de ideas y la diversidad, es propicio para vejámenes y violaciones al derecho de vivir.

La propuesta documental de Ciudad de fantasmas, es un esqueleto de lo que acontece en la capital del llamado Estado Islámico. Sus artífices no sólo cuentan el calendario de los hechos, sino que viven en carne propia un asedio por comunicar.

 

 

 

Las noticias de lo que se denomina como el mundo occidental, apenas nos muestran el terror y las ejecuciones de Isis, quienes han declarado una guerra santa contra los profanadores de su cultura.

En 2012, se gestó la primavera árabe. Jóvenes desde los catorce años pusieron en jaque las monarquías imperantes, lograron entonces con su rebeldía derrocar al dictador Assad. Y mientras celebran jubilosos el logro, pasan de unas manos criminales a otras: Isis.

El documental muestra la vida de unos intrépidos jóvenes que decidieron juntar sus armas, su capacidad de expresión y el vencimiento del temor. Luego lo mezclaron con sus smartphones, internet y la valentía de contar los sucesos.

Cualquier poder no espera fisuras a su andamiaje, e Isis contó con la oposición de estos muchachos que reportaron con su palabra, superando el miedo, y estando dentro de sus fauces, para narrar el diario de vivir en la ciudad de Raqqa.

La muerte ronda y hace su presencia, hablar y mostrar lo que acontece es un hecho cruento, y es tomado por Isis como una afrenta. De modo que las pulsaciones del documental son fuertes. Desde decapitaciones públicas, amenazas en los sitios de rezo, hasta la guerra mediática que emprenden.

 

 

Empezaron con vídeos muy cortos y limitados en aspectos técnicos, hasta alcanzar una plenitud en calidad y dramatismo al estilo Hollywood.

Mientras tanto, los nuevos “Hermes”, deben exiliarse y asumir que su potencial impone cuentas de cobro. Ya no sólo están en el destierro, sino que sus familiares y amigos son uno a uno asesinados, y en los países en los que son recibidos también sufren del estigma y la expropiación: incluso de la muerte.

En Turquía son asediados, y quien les enseñó a usar el arma de la palabra es ejecutado. En Alemania otros jóvenes , neonazis y segregacionistas hacen eco de su verborrea para decirles que salgan de su país, que nos los quieren.

 

 

 

 

No es tan sólo Isis los que usan la bandera del exterminio, parece una epidemia propagada en cualquier latitud. Mientras las cámaras se instalan en un hecho atroz en Raqqa, también apremian en la multitud que los quiere fuera en Alemania.

Los jóvenes ganan un premio internacional a la libertad de prensa, y son condecorados por su coraje. Isis instaura su poder en los niños a quienes enseña cómo matar y defender su coraza. Los reporteros huyen tal cucaracha perseguida por el asco que producen. Su pasión no cesa, así como la vocación por decir.

Raqqa es asesinada en silencio, ante los ojos del mundo. Aunque sabemos que el flujo de intereses no escatima. La ubicación y el control son también de los países como Estados Unidos que esperan hacer su fiesta de mercadeo. Y la población es en últimas la que queda en medio del fuego cruzado y del juego de intereses.

 

 

No importa que bandera se alza ni con qué intenciones u objetivos. Si amenazan, intimidan y engendran el miedo, deberían combatirse. El director Mathew Heineman, ya se había metido en otra boca del lobo, en este lado del mundo, en México, para evidenciar las circunstancias de lucha contra las drogas en la frontera de México y Estados Unidos.

En el 2015 fue nominado por su trabajo Cartel Land. Así que en Raqqa, a esta hora, ondea la bandera de colores blanco y negro, haciendo oda a Isis. Un grupo de yihadistas puede estar planeando un nuevo atentado en alguno de los emporios de Occidente.

Las guerras desaparecen a la gente. La convierten en momias vivientes. Son espectros, cuyos ojos ya no pueden divisar el panorama, son habitantes dominados por el miedo, son marionetas de los designios de una religión, una causa, un odio, un amor, un desenfreno, una ideología.

Son fantasmas, y están asustados por quienes los someten.

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