#CiudadaníaActiva ¿Podrán gestores culturales, así como sectores públicos y privados trabajar de la mano con las comunidades?

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El pasado mes de julio el Ministerio de Cultura de Colombia, en alianza con la Universidad Jorge Tadeo Lozano, realizó el seminario internacional: “Reactivación, retos y nuevos horizontes para la cultura en tiempos de pandemia y postpandemia”. El encuentro, que duró cinco días con sesiones diarias de tres horas, tuvo como invitados a expertos en el ámbito cultural, gestores y académicos, así como funcionarios del Ministerio.

Se analizaron diferentes conceptos y casos de gestión cultural que pueden servir de ejemplo y de guía para la reflexión sobre la cuestión de la cultura, sobre todo en estos tiempos en los que la pandemia ha evidenciado las limitaciones que tiene el sistema, diseñado por un modelo basado en el desarrollo industrial.

En esta entrada y con base en las reflexiones de Alfons Martinell, pensador de las políticas culturales y George Yúdice, investigador de las industrias creativas, dejo algunas ideas que se recogieron del Seminario que pueden servir a gestores culturales, artistas, gobierno y comunidad en general, interesados en pensar la cultura como un bien común y derecho fundamental del ser humano.

El trabajo colectivo

El reto de la institucionalidad y la gestión cultural es llegar a nuevos formatos y propender por la alianza con presupuestos privados para dar respuesta a las necesidades. Muy importante que el Ministerio de Cultura llegue a convenios y alianzas con TIC y educación.

Alfons Martinell, interesado en la cooperación cultural internacional, se ha desempeñado a lo largo de su vida en la educación bajo un marco humanista; filósofo de formación con experiencia en comunidades marginadas, en cargos públicos y con organizaciones como la UNESCO, dice que las políticas culturales no dan respuesta a la pandemia porque no están adecuadas a la realidad contemporánea y porque la cultura no se ha sabido considerar un servicio esencial.

“La vida cultural es dinámica y vital”, expresa, y ejemplo de ello lo vemos en las redes sociales, donde la gente que ha podido, ha mantenido una vida cultural activa y ha desarrollado creaciones compartidas en busca del acercamiento virtual. Tenemos como ejemplo la música, las lecturas de poesía, el teatro y las charlas que se organizan respecto a diferentes asuntos relacionados con las artes.

Pero ¿cómo adaptar esas políticas culturales a la realidad actual?, es un primer reto que se nos presenta, y quizás de los más urgentes, teniendo en cuenta que las políticas propician el bienestar de la mayoría y sin ellas, consolidar proyectos culturales en beneficio de la comunidad se dificulta; la deconstrucción de las políticas culturales para remplazarlas por políticas públicas es una tarea para realizar ya, desde el gobierno y en conjunto con gestores, comunidad y todos los entes involucrados.

Hemos visto la disposición del sector cultural, que aún viéndose perjudicado por toda esta situación, ha utilizado la solidaridad entre pares para tratar de salir a flote, aunque es innegable que se deben fortalecer las estructuras de cooperación entre lo local, lo regional, y ni hablar de lo nacional e internacional que son débiles y desconocidas en muchos casos.

También hay un llamado para los funcionarios públicos, quienes se han de reinventar y no escudarse en el funcionamiento burocrático, porque como dice Martorell: “la estructura clásica no puede dar respuesta a esta realidad o seguirá viviendo en su torre”.

¿Estará listo el Estado para responder a la vitalidad de la cultura con transformaciones de forma, fondo y menos burocráticas?

La innovación social en la cultura

Por su parte, George Yúdice, quien lleva años trabajando el campo de la creatividad en la cultura y que investiga desde la academia todos estos procesos, presenta una reflexión de Juan Freiré (2017) sobre la diferencia entre innovación social e innovación ciudadana, la cual puede dar un norte en el camino de la reestructuración de las políticas culturales.

Se trata de la innovación desde la construcción a través de los saberes de todos. Trabajar la innovación ciudadana con enfoques locales e inclusivos que privilegien la interacción de saberes de personas y perfiles diferentes, lo que puede llevar a descubrir modos de hacer que constituyen innovación social y cultural.

Llamó la atención sobre la necesidad de establecer relaciones horizontales entre las personas con diversos perfiles; eliminar la verticalidad y moderar la cultura de la experticia, sin eliminar ninguna experiencia, al contrario, rescatar todos los saberes, aún cuando sean sancionados por instituciones convencionales. Ese conocimiento también es importante y se requiere en la construcción de procesos culturales estables.

Este aporte es muy valioso, porque se parte de pensar que todos tienen algo importante que aportar desde su diferente postura y visión de mundo. La clave reside en cómo organizarse para escuchar todos los puntos de acuerdo a las necesidades que se deben resolver.

Transformaciones

Como mencionaba al principio, la covid-19 ha evidenciado las limitaciones que tiene el sistema en sus diferentes aristas, en particular, en cuestiones relacionadas con las actividades culturales hemos visto palabras como: reinventarse, nueva normalidad e innovación. Éstas han venido a permear el ambiente de la gestión y la política cultural en busca de nuevos caminos para llegar a los públicos por medios que apenas si se usaban para la promoción de actividades.

Las ideas que se esbozan a través del pensamiento de George y Alfons nos vienen a decir que necesitamos pensarnos desde nuestras propias realidades, tanto políticas como sociales, para identificarnos y encontrarnos con puntos en común que beneficien nuestra actividad cultural.

Los cuestionamientos que me hago entonces son: ¿estamos preparados para escucharnos? Porque tiene que ver con la decisión de escucharnos para poder vincularnos.

¿Podrán trabajar por ejemplo cultura y educación de la mano? ¿Los gestores culturales a través del trabajo de escucha con la comunidad podrán tener voz y voto en trabajos con cultura, educación y por qué no con áreas de turismo y bienestar social?

Ojalá los asesores del gobierno a nivel local, regional y nacional analicen y propongan el trabajo en estructuras colaborativas en todos esos frentes, procurando el diálogo entre institución, gestión cultural, creativos y sociedad. Sobre todo eso: escuchando a la comunidad, porque a menudo se crean cosas a través de lo que creen que la gente necesita y no realmente desde la necesidad de cada sector.

Les dejo los enlaces a las 5 sesiones:

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