#CiudadaníaActiva: Pensar diferente o la humana aspiración a una vida mejor

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Después de esta larga cuarentena, Pereira parece estar funcionando nuevamente a un ritmo cercano a lo que podríamos denominar la normalidad.

Hay que salir muy temprano en la mañana, más o menos a las 6 am., para encontrarse en una ciudad aún desierta de vehículos y personas. Atrás quedaron esas largas jornadas de marzo y abril, en las que las calles desiertas recordaban momentos más amables, cuando esta villa no tenía la saturación de vehículos que hoy la agobia, y que va dejando su estela de contaminación y ruido por todo el territorio. 

Para los vecinos del sector de Los Alpes y la Circunvalar, es difícil olvidar las silenciosas jornadas que acompañaron los primeros días de la cuarentena, sobre todo cuando el sonido enloquecedor de las motocicletas, que son los aparatos de transporte más ruidosos, recuerdan que ese remanso de calma terminó.

Igualmente, para estos vecinos se hizo evidente que existe una ausencia dramática de espacio público, parques y zonas verdes habilitadas para realizar ejercicio. En la cuarentena, por el forzoso cierre de las áreas aptas más cercanas, como la Universidad Tecnológica, los habitantes de estos barrios se han visto obligados a correr por los andenes y las ciclorutas, y no en pocas ocasiones, por la vía vehicular, soportando la presión del tráfico y las emisiones que los fumigan literalmente, mientras intentan llenar sus pulmones de aire, que en realidad les llega contaminado por el tráfico. 

No es posible que en el Plan de Ordenamiento Territorial de Pereira se diga que la ciudad debería ser compacta, y que ese mandato que harto ha dificultado el desarrollo de otros predios en la periferia encareciendo la oferta de viviendas nuevas, no lleve consigo lo elemental: una política de restricción del tráfico en las zonas residenciales, y una dotación de espacios públicos decentes, unas áreas mínimas donde complementar la vida cotidiana escapando del forzoso encierro en viviendas y apartamentos.

Hay que recordar que todas estas personas están contribuyendo de manera significativa a disminuir la contaminación de la ciudad, debido sobre todo a que pueden llevar a cabo muchos de sus desplazamientos diarios a pie, aprovechando que habitan una zona muy bien conectada.

Pero su esfuerzo se ve pobremente acompañado por la administración municipal, que no se ha interesado aún en concebir un proyecto de parque de una escala suficiente, y que no se ocupa de limitar el tráfico para mejorar su calidad de vida. Dos medidas elementales que debe tener en cuenta cualquier ciudad que aspire a que se la califique como tal.

Por ejemplo, estos vecinos, cuando sus hijos quieren practicar alguna actividad deportiva o cuando ellos mismos quieren hacer ejercicio al aire libre, por fuera de los andenes y vías públicas, con las limitaciones propias de una infraestructura que no está planeada para llevar a cabo estas actividades, deben desplazarse hasta un pequeño parque oculto detrás de los altos edificios de la Avenida principal del barrio Pinares de San Martín.

Este espacio público es el único lugar donde hoy se puede jugar con un balón, o se pueden hacer ejercicios, aunque con límites de espacio, seguridad y comodidad muy importantes, pues no solo su tamaño es muy pequeño y su acceso difícil, sino que generalmente está copado por personas de diversas edades que lo usan para consumir sustancias sicoactivas.

Pues bien, ese pequeño parque que sirve a una zona densamente habitada, está ubicado en una zona de protección que contempla un tramo lineal sobre la quebrada La Arenosa, y que en su recorrido se extiende prácticamente desde la Avenida Juan B Gutiérrez, en inmediaciones del Club del Comercio, hasta la calle 14.

Hemos tenido noticias recientes de esa hermosa área de protección, algo abandonada a su suerte, porque un ciudadano ha llevado a cabo una tala indiscriminada de un guadual que está en esta área, cerca de la calle 12, y además está construyendo allí un edificio en estructura metálica de varios pisos sin una licencia que lo autorice para tal cometido. 

En relación a este episodio ha habido diferentes denuncias de la comunidad, una población que ve con reprobación y angustia cómo el único reducto ambiental con el que cuenta está siendo destruido impunemente, hasta el momento. Y también porque debido a las voces de protesta que se han alzado, ha ocurrido la infamia de una amenaza a la ex concejala de Pereira, Carolina Giraldo Botero. Ya sabemos que Carolina ha abanderado otras causas difíciles en el pasado, y que se ha enfrentado sin temor a diversos poderes para hacer respetar el patrimonio público y los bienes ciudadanos.

Esperemos que en esta oportunidad la voz de Carolina sirva también para que esta comunidad se dé cuenta del valioso terreno que comparte, que es suyo puesto que es una zona de protección ambiental para el goce y disfrute de todos los ciudadanos, y que puede ser, a instancias del señor Alcalde de la ciudad, Carlos Alberto Maya, un parque lineal.

Sí, así como lo estoy planteando: esta zona tiene todo el potencial de ser habilitada con senderos peatonales y alguna pista circular para correr, infraestructuras no muy costosas pero que permitirían cumplir varios objetivos. Primero, apropiar a los vecinos de ese territorio, de tal forma que lo habiten, lo incorporen a sus rutinas diarias de ejercicio, puedan llevar allí a sus mascotas y también disfrutar de la riqueza ambiental que en él se alberga. Y, segundo, ejercer una vigilancia constante sobre ese terreno, en relación al cual muchos antojadizos quieren tender sus manos inescrupulosas para apropiarse indebidamente de él. 

Respeto muchísimo a los ciudadanos que se toman el trabajo de denunciar irregularidades como las que hoy vive este sector con la construcción mencionada, pero a veces estas voces son incapaces de modificar conductas ilegales que sobrepasan a personas individuales. 

Santiago Ramírez

Una comunidad empoderada, con un proyecto que le haga soñar con vivir en una ciudad más civilizada, es difícil de acallar. No se pueden amenazar a todos los vecinos que habitan los barrios que circundan esta zona de protección. Si tenemos un proyecto, si el Alcalde nos apoya, todos ganamos; y las voces ilegales que usan el terror para salirse con sus malas mañas serán impotentes para hacer de las suyas, es decir, su intención criminal quedará frustrada en virtud de los sueños de una ciudad que quiere dejar de ser un feudo de los ilegales y desea convertirse en una comunidad democrática, participativa y activa.

Vecinos de Los Alpes, San José Sur y Pinares de San Martín, juntos podemos proponer al Alcalde medidas para controlar el tráfico vehicular en nuestros barrios, y unidos podemos soñar con un parque lineal sobre la zona de protección de la quebrada La Arenosa.  Sería la mejor forma de demostrar que a partir de la pandemia en realidad empezamos a pensar diferente.

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