“Consumo responsable”: mirando a nuestro Goliat para vencerlo.

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Entra a nuestras casas y arrasa con todo a su paso, para olvidar el entrañable aprecio que le teníamos a ese televisor viejo y a los zapatos regalados por la abuela. ¿Qué hacer con él para mejorar nuestras vidas?


 

 

Miro mi maleta y recuerdo que hace tiempo viajo con poco equipaje, no sólo cuando me traslado de un lugar a otro sino en mi vida.

El cargar, comprar, habitar y demandar “poco” se ha constituido en una nueva tendencia de lo que los expertos han denominado “consumo responsable”, es decir, demandar los bienes y servicios necesarios, pero no suntuarios.

Es claro que lo suntuario para todos no consiste en las mismas cosas. Para algunos tener ropa por temporadas puede ser excesivo, mientras que para otros puede resultar vital.

 

 

Por ello el experimento del “consumo responsable” resulta un proceso personal, en el cual algunos lo limitan a un número definido de objetos (por ejemplo la experiencia de Joshua Becker www.becomingminimalist.com), otros a un estilo de vida dónde sea preferible productos derivados de procesos orgánicos comprometidos con la preservación ambiental, y por último hay quienes eligen estilos de vida centrados en propuestas: slow, veganas, vidas en comunidades en reservas naturales o economías colaborativas.

De todo este universo de posibilidades, lo que queda claro es que existen en la actualidad movimientos ligados a la “desintoxicación” de los estilos de vida que tengan como centro el consumo. Contraponiendo a éstas, metas ligadas con la satisfacción personal, la armonía con la naturaleza, el derecho animal, u otros.

 

 

Ilustración: David con la cabeza de Goliat. Caravaggio.1607.

 

 

A todas estas propuestas de consumo responsable se enfrentan las tendencias de marketing y producción en serie, que tienen en las colecciones por temporadas, los Black Days, las rebajas y la obsolescencia programada a sus mayores aliados.

Estas estrategias, que se acentúan en las fechas de celebración de final de año, nos rebasan y arrastran a atiborrar nuestros hogares con artículos de dudosa utilidad y disfrute.

 

 

Es como si Goliat entrara a nuestras casas y arrasara con todo a su paso, para olvidar el entrañable aprecio que le teníamos a ese televisor viejo, a los zapatos regalados por la abuela y a ese gastado estilógrafo que sólo necesita una nueva tinta.

Pero como veíamos al inicio, este es un camino íntimo en el cual juzgas la “necesidad” de nuevas y lujosas cosas, en el que decides si prefieres el compartir a través de la comida navideña con la familia y amigos con la simplicidad de la música o en la necesidad del último celular con magnificas aplicaciones para los éxitos del momento.

Lo realmente importante, no es la unicidad del camino sino la valentía para reconocer mi Goliat del consumo, para mirarlo a la cara en estos tiempos frenéticos y plantearme una decisión frente a mi responsabilidad con la naturaleza.

 

 

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