Crónica muda de un “raponazo”

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“Garras de Oro” es, pues, una película que se recomienda para ser vista con paciencia, sin prejuicios, con seriedad


 

Hay ocasiones en las que el  cine y otras formas de expresión estéticas sirven para dar luces de aconteceres futuros. A esto se le puede llamar, tener sentido de visión. “Garras de Oro”, del  director P.P. Jambina, es uno de esos inestimables registros fílmicos que,  desde su preciso momento histórico, ayuda a entender al colombiano contemporáneo muchas de sus desazones presentes.

Pero “Garras de Oro” no solo logra oficiar como contestación política  e ideológica, también es una pieza de arte, un preámbulo de gran valía para el cine colombiano, cosa que veremos adelante.

Enmarcada en los avatares de la separación de Panamá, hecho acometido por T. Roosevelt, “Garras de Oro” plantea una línea argumental que crece en tensión: asistimos a una historia sencilla sin que pueda revestir mayores miramientos, pero que evoluciona conforme Patterson, nuestro personaje principal, toma consciencia de las consecuencias de su accionar político y de su proceder bohemio.

 

Imagen extraída de: uiltworlds

 

De suerte que Patterson se embarca en su cruzada personal, la historia nos irá develando algunos giros con tintes de thriller policial.  Y de paso observaremos algunas impresiones que se tenían para entonces, frente a la injerencia norteamericana en asuntos de la soberanía colombiana, al igual que la ineficaz o solapada respuesta de los nuestros ante sus pretensiones.

En esa línea, los artífices de la película, temiendo represalias del norte o de su propia casa, optaron por utilizar seudónimos, y se la jugaron  por un lenguaje de denuncia y algunas situaciones donde caricaturizaban algunos símbolos: la Justicia es “nivelada” por el oro del Tío Sam; unas garras se ciernen sobre el istmo panameño, etc.

También se evidencia un punzante lenguaje en los incisos: el tono casi incendiario echa mano de disfemismos para señalar al país del norte, “Yanquilandia” es el topónimo que ostenta USA;  los detectives son formas para nominalizar a los actores en escena de este velado juego de “espías” de ruana; Roosevelt se ha ganado el apelativo de “Emperador Republicano”. Y así la lista continúa.

 

Imagen extraída de: Retinalatina

 

El film hace clara su exigencia de justicia. Pone de manifiesto el imperio del Hecho sobre el Derecho; hace un llamado al respeto por la soberanía de los pueblos.

Como pieza de inestimable valor para los registros fílmicos del siglo XX y para los amantes del cine silente, “Garras de Oro” se erige  como una obra que no se puede mirar de soslayo. Desde la producción y la puesta en escena, la película, pese a que está incompleta y puede ser difusa por momentos, tiene momentos de gran calidad, las actuaciones son por demás correctas, sin que los escenarios desmerezcan un buen elogio.

Todo ello es destacable, en consideración con el tiempo de realización, los recursos de la época, la pobre difusión comercial y la hostil atmósfera del momento.

“Garras de Oro” es, pues, una película que se recomienda para ser vista con paciencia, sin prejuicios, con seriedad, y acudiendo con el catalejo que dicta el contexto de una época, una vicisitud política y las posibilidades técnicas y económicas de sus realizadores.

 

Imagen extraída de: Colarte

 

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