Cuando el cine no es cine sino pura imitación

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En la era de Netflix, Internet y la televisión satelital, la industria del cine debe reinventarse  El tiempo de los salones oscuros con cientos de butacas, palomitas de maíz y pantalla gigante aún no desaparece, pero no todo lo que se produce desde el séptimo arte ha sido hecho para esos lugares.


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Una vez escuché a una amiga preguntar: ¿quién !@#$%* hace una película de tiburones volando? Y aunque pensé que Hollywood podía inventar cualquier tema gracias a su maestría, después me enteré que la película que impresionaba a mi amiga, no fue hecha ni en Hollywood, ni en una empresa de filmación cualquiera, es más, esta temática obedecía (y obedece) a una industria que nació para distribuir otro cine para otro público. Pero vamos por partes.

Porque primero, esos tiburones voladores son de una serie de terror llamada “Sharknado” (2013),  una producción hecha para el canal Syfy cuya trama simple es la de un tornado marino que saca escualos del océano y los arroja a la ciudad de Los Ángeles desatando el caos y el pánico.  Título que se convirtió en una franquicia que ha perdurado hasta este año, y que según parece, tendrá por fin su versión final llamada: “El último Sharknado: ya era hora” (2018).  Ahora si, la pregunta que habría que replantear sería: ¿a quién puede gustarle este tipo de estrenos? Evidentemente a mi amiga no.

Lo segundo, es que hay que ser realistas y aceptar que desde hace casi una década estamos, literalmente, ante una nueva forma de hacer cine llamada “Mockbuster” , “Knockbuster” o “Simulacro”, cuya productora más importante en esta categoría de cinematografía independiente y hechiza es The Asylum (quien también hizo “Sharknado” y otras más como veremos).

 

Sharknado es una serie de terror de 2013. Trata sobre un tornado marino que levanta los tiburones del océano y los esparce por Los Ángeles. En ese mismo año fue nominada a La Peor Película Del Mundo. Imagen extraída de: Ionlitio.com/

 

Esta compañía opera haciendo películas a bajo costo (menos de un millón de dólares), y a menudo utiliza contenidos, títulos parafraseados (o en anagrama), y guiones muy similares a los éxitos de momento para atraer clientes hacia sus productos chabacanamente elaborados.

Esta industria ha sido demandada por plagio en varias ocasiones de parte de productoras importantes de cine, sin embargo, en lo positivo (si es que podemos tener condescendencia), lo que llama la atención es la abundancia de títulos y la creatividad de temáticas que usa para hacer, lo que personalmente denomino, películas “Suecadas” o “Remakes” o, siguiendo el nombre genérico, “Mockbuster” o “Simulacros”.

The Asylum (aclarando que hay otras empresas de este tipo como Jetlag Productions, Video Brinquedo, y los emprendimientos de Bruno Mattei y Michael Schelp) es algo así como la rémora debajo del tiburón.  ¿Por qué? , ¿qué es lo que hace? o ¿en qué se centra su polémica cinematográfica? Vamos a verlo.

 

Asylum fue fundada por los ex-ejecutivos de Village Roadshow Pictures David Rimawi, Sherri Strain, y el director David Michael Latt en 1997. La compañía se centró en la producción de películas de bajo presupuesto lanzadas directamente para video. Imagen extraída de: moviemavericks.com/

 

En el año 2006, antes, solo un poco antes de que saliera “Piratas del Caribe: el cofre del hombre muerto”, ya The Asylum tenía lista y proyectada fuera del país la misma versión bajo el nombre de “Piratas de la Isla del Tesoro”. Con la famosa película, homónima de libro de Dan Brown,  “El Código da Vinci” (2006), protagonizada por Tom Hanks, se filmó “El tesoro de da Vinci”. La versión de “Soy Leyenda” (2007) dirigida por Francis Lawrence e interpretada por Will Smith,  se renombró como “Soy Omega” para enviarla al mercado. “Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal” (2008) se presentó como “Allan Quatermain y el templo de las calaveras” y por  último, para contextualizar  y aprovechando la expectativa de “Tomb Raider” (2018) se emitió “Tomb Invader” que para los seguidores de la saga (entre los que me incluyo) fue y es un verdadero insulto. 

Tanto es la conmoción entre la comunidad adepta a la saga de Lara Croft, que algunas personas confunden (y comparan) esta obra con “Womb Raider”, la película pornográfica donde la protagonista, Cara Loft (anagrama de Lara Croft) viaja a el Tíbet, África y Arabia buscando los tres úteros sagrados. ¿para qué? Solo dios sabrá, los productores y los consumidores de este tipo de cine.

Pero trascendamos de tiburones voladores, productoras chabacanas y matrices doradas y centrémonos en esta versión “Mockbuster” de la verdadera saga Tomb Raider, dirigida por Roar Uthaug y y escrita por Geneva Robertson-Dworet y Alastair Siddons. Para avanzar en la crítica (y no es spoiler), solo diré que la trama de “Tomb Invader” es simple:  dos arqueólogas (rubias y apuestas), pierden la vida en un templo chino buscando una reliquia sagrada y milenaria llamada “El corazón del Dragón”. Tiempo después, la hija de una de ellas, Alabama Shanning (Gina Vitori), profesora de arqueología, es contratada por un millonario para que encuentre el mismo tesoro y en el mismo lugar donde su madre perdió la vida: China.

 

Imagen extraída de: static.wixstatic.com

 

Sin embargo, hay que resaltar varios elementos de esta versión tan desastrosa de la saga de Lara Croft cuya trama parece una excursión de universitarios a los Everglades en La Florida. 

Primero, ¿qué hacen dos rubias tinturadas lanzadas a arqueólogas al mejor estilo de Indiana Jones? Y no es que no existan, es que es demasiado sospechoso que el maquillaje que llevan sea más apto para una fiesta en New York que para una travesía en medio de la jungla asiática.

Segundo, hay algunas escenas plagiadas descaradamente de la franquicia de George Lucas como por ejemplo la secuencia donde Alabama Channing sale corriendo por un valle árido luego de robar una joya y alguien grita: “Alabama” imitando el comienzo de “Indiana Jones y la última cruzada” (1989) cuando el joven Henry Walton Jones Junior huye por el desierto con la cruz del conquistador Francisco Vázquez Coronado en la mano.

 

Benny, Ally y Helena. Imagen extraída de: Image.tmdb.org/

 

Además de esto,  tampoco es en vano que “Ally” sea profesora de arqueología y suplante el término robar por sustraer artefactos de otras culturas, bajo la excusa de que tales elementos deberían estar en un museo. (Recuerdan que esta es la misma justificación que usaba Indiana Jones para que Marcus Brody le comprara las piezas y las exhibiera en la Universidad Marshall).

Y así entre otras preguntas como por ejemplo, por qué esta joven exploradora e indómita lleva a la expedición China a dos nerds universitarios, Benny Blum (Shawn McConnell), y Helena (Samantha Bowlin), para que juntos emprendan la búsqueda de la reliquia sagrada. Otro punto es cuando los chinos que atacan a “Ally” y al grupo lo hacen con lanzas tribales, y el famoso “Corazón del Dragón” que encuentran parece un Like verde de Instagram.

A eso súmese que los todos los efectos especiales insertados en la película parecen logrados con un programa de edición descargado sin licencia de la Internet. Lo único que parece inteligente en este Mockbuster, es cuando el chino, líder de la pandilla, hace que “Ally” recite el Tao como una letanía de suerte antes de profanar la tumba del emperador  Qin Shi Huang: “Conocer a otros es inteligencia. El conocerte es verdadera sabiduría. Dominar a otros es fuerza. Dominarte es verdadero poder. Cuando te des cuenta de que tienes suficiente, realmente serás rico”.

 

Imagen extraída de: https://d1jo0zet24jmxt.cloudfront.net/

 

En fin, ¿qué más puedo agregarla para concluir esta crítica? una coma adicional sería necesidad.  Solamente diré que el cine se reinventa, e igual que la imaginación, no tiene fronteras, pero hay que saber defender los siempre clásicos del séptimo arte. Lo intolerable es que las películas de culto como Indiana Jones, La Guerra de las Galaxias, Piratas del Caribe, El Código da Vinci, Actividad Paranormal, Tomb Raider y 500 obras más, sean presentadas sin ton ni son a un público desconectado de los antecedentes filmográficos o sin la pasión por los personajes de antaño, y bajo ese formato tan desagradable, y para más espectacularidad, fuera de Estados Unidos.

Ahora, esto no quiere decir que estas no deban ser reproducidas, o que puedan boicotearse, sino que este tipo de cine ( y de películas) para televisión por cable e Internet, es literalmente una broma, una parodia que no deja indiferente a los verdaderos cinéfilos que añoran vivir entre lo más puro del género. En fin, más allá de tiburones voladores y un Tomb Invader desagradable , algunos prefieren mantenerse fiel a lo oficial para deleitarse y recrearse en el tema. Yo soy de estos últimos románticos.

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