DeLaCalle: La soledad del transformador

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En favor de De la Calle hay muchas cosas para decir. En el momento político que le correspondió vivir, hay que aplaudirle su coherencia y valentía, para echarse encima a un partido sin norte y las dudas sobre el futuro de su gran obra: el proceso de paz.


 

A Humberto De la Calle Lombana (Manzanares, Caldas, 14 de julio de 1946) sólo le faltaría ser presidente de Colombia, para concluir su exitosa carrera en el servicio público.

De la Calle ha sido desde Juez y magistrado de la Corte Suprema, hasta vicepresidente y embajador ante España, Reino Unido y la OEA, por solo mencionar algunos de los cargos de su vasta experiencia política y pública.

Muchos aún recuerdan su posición crítica y valiente frente al gobierno de Ernesto Samper Pizano (era su vicepresidente), cuando prefirió renunciar a su cargo ante las acusaciones (que se convirtieron en evidencia) del ingreso de dineros del narcotráfico a la campaña presidencial en 1994.

Pero indiscutiblemente su labor como jefe negociador de los acuerdos de paz con la guerrilla de las Farc -que concluyó con la firma de los acuerdos con ese grupo en 2016 y el paso de sus integrantes a la civilidad y a la vida política-, podría haberse convertido en la mejor carta ganadora de campaña para llegar a la Presidencia de la República. Esa gestión, permitió que después de 54 años se pudiera firmar la paz con la guerrilla más vieja del continente.

Pero esa consagración pública, probablemente le sea esquiva, salvo que ocurra un hecho político extraordinario. Comenzando por el poco entusiasmo que De la Calle genera entre su propio partido, el liberal, y seguido por un sinfín de desaciertos del gobierno del que hizo parte y ahora, por el descrédito de lo que se supone deberían ser las medidas positivas del posconflicto. Hasta algunos de los ex jefes guerrilleros están involucrados en procesos por narcotráfico en Estados Unidos, el sistema de la contratación de programas para reinsertados es una madeja de corrupción y la Jurisdicción Especial para la Paz, es un enredo jurídico difícil de digerir.

 

Foto: Diego Val.

 

No se puede decir que De La Calle sea responsable de los desaguisados posteriores a la firma de los acuerdos, ni mucho menos que tenga algo qué ver en las acusaciones contra ex miembros de la guerrilla. Pero le juegan en contra de su candidatura presidencial los escándalos que explotan hoy sí y mañana también, sobre el desarrollo de la carta de navegación que el grupo negociador dirigido por él dejó estructurada.

Su partido, el Liberal, no ha sido capaz de volver al poder y por como actúan su jefe César Gaviria y muchos de sus militantes con cargos de elección popular, da la sensación de que no saben exactamente qué ofrecer al electorado.

En favor de De la Calle hay muchas cosas para decir. En el momento político que le correspondió vivir, hay que aplaudirle su coherencia y valentía, para echarse encima a un partido sin norte y las dudas sobre el futuro de su gran obra: el proceso de paz.

La política es de oportunidades. Esta habría sido la de De la Calle. Empeñó en la firma de los acuerdos toda su credibilidad y capacidad de trabajo. Y de la lectura de su propuesta de Gobierno, se concluye que en él hay un revolucionario desde la institucionalidad.

 

El programa

 

Foto: Diego Val.

 

Un país en donde quepamos todos” y “La Paz en marcha”. Las dos grandes ideas que aborda su propuesta de gobierno. Llama la atención la segunda, en especial porque alude -para los que se acuerdan de quiénes fueron los presidentes liberales-, al eslogan de Alfonso López Pumarejo en la presidencia que ocupó entre 1934 y 1938: La revolución en marcha.

López Pumarejo ha sido llamado el presidente más progresista del Siglo XX, por llevar al país a transformaciones en la agricultura, comenzó la industrialización, y reformó los sistemas laboral, tributario, judicial, además de mejorar la educación universitaria.

La paz en Marcha” de De la Calle, contiene muchos enunciados retóricos sobre los pobres, la educación universal para todos los colombianos, el acceso a los recursos, la protección al medio ambiente, pero también se leen propuestas modernizadoras, que son postulados liberales.

Sin que tenga un hilo conductor, que hubiera podido ser el de los acuerdos de paz (en estos temas encarga a los expertos en cada área), el programa de De la Calle se cuida mucho de ser crítico del gobierno de Juan Manuel Santos, que acumula 8 años en el poder. Intenta ser futurista, sin aceptar abiertamente desaciertos del actual mandato, sino haciendo énfasis en condiciones negativas de vida nacional, a las que se llegó por vía del conflicto armado, que hay que corregir.

Algunos puntos a destacar en la propuesta económica y tributaria son:

 

*Descontar lo que se pague del 4 x mil al calcular el impuesto de renta.

*Bajar la tarifa del IVA al 16% de manera gradual, ampliando el rango de productos.

*Reforma Tributaria (impopular, pero cualquiera que llegue a la Presidencia la va a hacer).

*Impuesto del 26% sobre las utilidades de las empresas.

*Eliminación de exenciones tributarias.

*Eliminación del régimen de ganancia ocasional, solo aplicable a rifas y sucesiones.

*Uso universal de factura electrónica, para contrarrestar evasión del IVA.

*Declaración de ingresos por hogar y no individuales.

*Nuevo impuesto a vehículos que operen con diésel y gasolina.

 

 

Foto: Diego Val.

 

Estado

Mientras buena parte del enunciado de la recuperación de la credibilidad en el Estado, se centra en la digitalización y estandarización de toda la información pública para ofrecer transparencia con procedimientos únicos para trámites, el programa de De la Calle anuncia la creación de 40 mil nuevos cargos públicos municipales, a los que llaman comisarios civiles, para la prevención del delito y seguimiento de denuncias.

Dice el programa de De la Calle, que la modernización digital del Estado, permitiría ahorrar $14 billones anuales en software, si se tiene en cuenta que cada municipio y departamento contrata lo suyo para los diferentes trámites.

¿Crear más burocracia es modernizador? ¿Son necesarios los comisarios? ¿O la creación de un nuevo Ministerio, el de la Mujer? Tal vez no. Hay muchas instituciones dentro de los municipios y departamentos que podrían realizar la tarea de los comisarios.

 

Lo social

El tiempo de los pobres, dice el programa liberal.

 

*Generación de 600 mil nuevos empleos para jóvenes y 400 mil empleos para personas mayores de 55 años.

*Servicio social obligatorio, en lugar del servicio militar (se supone que, habiendo paz, ya no se necesita tanto pie de fuerza).

*Cobertura universal en pensiones. Pensión universal de sobrevivencia para todos.

*Construcción de 1 millón de nuevas viviendas.

*Creación del Ministerio de la Mujer.

*El pacífico, como eje geográfico dinamizador de los cambios regionales, producto de los acuerdos de paz. Recalca el programa, que es una de las zonas más deprimidas por la guerra y por la ilegalidad en sus actividades, sobre todo de la minería.

 

Medio ambiente

 

 

*No habrá minería en páramos.

*Impulso del turismo sostenible.

*Inversión en transporte eléctrico

*Impuesto para los vehículos que utilicen diésel y gasolina.

 

Sólo para el anecdotario, no sé si el siguiente párrafo obedece a esas afirmaciones positivas, tan de moda en cursos y textos sobre la nueva era, que afirman que uno se lo tiene que creer primero para que ocurra, o si es un cortar y pegar de algún programa de gobierno que ya funciona, al que solo se le cambió el nombre del país.

“El programa Colombia Inteligente es una realidad y ha fortalecido la tecnología y la inversión extranjera en este sector. El Ministerio de la Inteligencia, que reemplazó al Ministerio de Educación, además de mantener su función tradicional de fomentar la educación, ha impulsado exitosamente la investigación y el desarrollo, como también la formación técnica en el exterior. Este ministerio, además, ha integrado los programas de educación preescolar y de formación para el trabajo a su portafolio de funciones”.

Hasta aquí el apretado resumen de la extensísima propuesta política de Humberto De la Calle. El hombre que pasará a la historia como jefe negociador de una paz que se creía imposible en Colombia, pero cuyo trabajo fue exitoso, pero que anda en solitario defendiendo las ideas liberales y los acuerdos firmados con las Farc después de 54 años de conflicto. Irónico, pero así es la política colombiana.

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