Desmanes a la vista

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La fiesta de Halloween, Samhain o Día de todos los santos es una fiesta que invita a la reflexión sobre la muerte


 

En la pasada “noche de los brujos”  estuve muy impresionado por el talento de la mayoría de pereiranos para personificar diferentes espectros, asesinos en serie, personajes de películas de terror, payasos malvados, carniceros, purgadores; hasta paramilitares con motosierras y árabes con pistolas de fogueo y paintball se paseaban en camionetas y carros descapotables por las principales avenidas, no repartiendo dulces a los niños, más bien aterrorizando a los ciudadanos que se fijaban muy atentamente en sus disfraces, entre el bullicio, con una mezcla de admiración y miedo.

Los de menos interés, usaban algunas máscaras que emulaban personajes de similar calaña. Una voz interior me gritaba !Desmanes a la vista¡

La festividad originaria de nuestra “noche de los brujos” es el “Samhain”. De origen celta, celebraba el fin de la cosecha y el año nuevo. Ellos creían que en esta noche la línea divisoria entre el mundo de los muertos y el de los vivos se hacía delgada, permitiendo a los espíritus benévolos y malévolos pasar a nuestro mundo, así que eran invitados a los banquetes y festividades que preparaban sus familiares.

Las máscaras y apariencias desafiantes que usaban, tenían el objetivo de ahuyentar los espíritus malévolos, adoptando la apariencia de uno de ellos para no ser dañado. Así mismo, aprovechando que los visitaban los muertos, les hacían preguntas, lo que dio paso a los rituales de adivinación.

 

Foto extraída de: Eje21

 

La fiesta de Halloween, Samhain o Día de todos los santos es una fiesta que invita a la reflexión sobre la muerte y una tradición que ha acercado a los seres humanos a sus seres queridos para que no caigan en el olvido. Un país como el nuestro debería honrar esa fiesta de una manera más responsable. México ha entendido su importancia, por ello el arte y la cultura se han apropiado de esta celebración llevándola a terrenos muy sublimes en el cine y en las fiestas callejeras.

En nuestra bella ciudad de Pereira, la falta de cultura no nos permite conocer más allá del tradicional “voleo” de harina de trigo, o el “dulce o truco” que aprendemos en las películas norteamericanas de asesinos en serie o aquel paseo por el centro de la ciudad para ver la creatividad de nuestros vecinos para el disfraz.

Yo cumplí con el paseo, disfrazado de vergüenza ajena, pero no me pareció ver disfraces sino espíritus malvados que saqueaban la ciudad aprovechando la desordenada celebración nocturna.

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