Día Mundial de la Justicia Social

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La OIT estima que en la actualidad alrededor de 2000 millones de personas viven en situación de fragilidad y se ven afectadas por conflictos, de las cuales más de 400 millones tienen entre 15 y 29 años


Naciones Unidas

La justicia social en el mundo actual

El mundo ha cambiado drásticamente. Ya no vivimos en un mundo deshabitado, con relativamente pocos seres humanos con sus utensilios.

Ahora vivimos en la “era del Antropoceno”, en un mundo de abundancia; en una era en la que la actividad humana está alterando drásticamente sus sistemas ecológicos de subsistencia.

Nuestros conceptos y modelos económicos tradicionales fueron desarrollados en un mundo “”vacío”. Si queremos crear una prosperidad sostenible, si buscamos “mejorar el bienestar humano y la equidad social, reduciendo significativamente los riesgos ambientales y la escasez ecológica”, vamos a necesitar una nueva visión de la economía y su relación con el resto del mundo, una visión que se adapte mejor a las nuevas condiciones a las que nos enfrentamos.

 

Silueta de un grupo de migrantes. Los migrantes deben tener los mismos derechos que el resto de trabajadores. Foto Organización Internacional del Trabajo (OIT)

 

Vamos a necesitar una economía que respete los límites del planeta, que reanude la dependencia del bienestar humano con las relaciones sociales y la justicia, y que reconozca que el objetivo final es el bienestar humano real y sostenible, no solo el crecimiento del consumo material.

La nueva visión reconoce que la economía está integrada en una sociedad y una cultura que a su vez están integradas en un sistema ecológico vital, y que la economía no puede crecer para siempre en este planeta finito.

La celebración del Día Mundial de la Justicia Social busca apoyar la labor de la comunidad internacional encaminada a erradicar la pobreza y promover el empleo pleno y el trabajo decente, la igualdad entre los sexos y el acceso al bienestar social y la justicia social para todos.

La justicia social es un principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera, dentro los países y entre ellos.

Para las Naciones Unidas, la búsqueda de la justicia social universal representa el núcleo de su misión en la promoción del desarrollo y la dignidad humana.

La adopción por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo sobre la justicia social para una globalización equitativa es un buen ejemplo de este compromiso. La Declaración se centra en garantizar resultados equitativos para todos a través del empleo, la protección social, el diálogo social, y los principios y derechos fundamentales en el trabajo.

El logro de esta justicia social está también estrechamente vinculado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

 

Si quieres paz y desarrollo, trabaja por la justicia social

La justicia social es un principio subyacente para la coexistencia pacífica y próspera entre las naciones.

La OIT estima que en la actualidad alrededor de 2000 millones de personas viven en situación de fragilidad y se ven afectadas por conflictos, de las cuales más de 400 millones tienen entre 15 y 29 años.

La creación de empleo de mayor calidad y un mejor acceso al trabajo para el 40% de los más desfavorecidos podría significar un aumento de los ingresos y contribuir a que las sociedades estuviesen más cohesionadas y fueran más equitativas.

Por este motivo, son importantes para prevenir conflictos violentos y abordar los desafíos posteriores al conflicto.

 


 

Desigualdad en el Mundo

De acuerdo al último informe del Banco Mundial (julio/2018) sobre la repartición de la riqueza en el mundo por países, América Latina no es la región más pobre del planeta, pero sí la más desigual junto con África Subsahariana.

El Banco Mundial utilizó el “Coeficiente Gini” para medir la desigualdad con base a dos variables absolutas: el cero indica que todos tienen el mismo ingreso o perfecta igualdad y el 1 significa que una persona concentra todo el ingreso y el resto no tiene nada o desigualdad absoluta. Entonces, en la medición un país obtiene un número entre 0 y 1 según su nivel de desigualdad.

Según esto, el país más desigual del mundo al finalizar el 2018 es Sudáfrica. En segunda posición se ubica Haití, le sigue Honduras y en cuarto lugar se encuentra Colombia. En quinto lugar se ubica Brasil, le sigue Panamá, luego Chile, Rwanda, Costa Rica y en décimo lugar México; lo que significa que 8 de los países más desiguales del mundo se encuentran en Latinoamérica.

A pesar de esta preocupante realidad de la región, el Banco Mundial indicó también en su informe que los latinoamericanos son los que más han avanzado en temas de desigualdad, gracias a las múltiples políticas implementadas por los diferentes países para combatir esta problemática.

 

 

Colombia

El país aparece como el cuarto país más desigual del mundo, a pesar de haber sido catalogado por el mismo Banco Mundial como un país de ingresos medio-altos. Esto significa que en el país el 10% de la población más rica gana cuatro veces más que el 40% de la población más pobre.

A pesar de esto, desde el 2002 el Gobierno Nacional viene haciendo esfuerzos por disminuir la pobreza y desigualdad en el país a través del “Enfoque multidimensional de la pobreza”, que combate este problema desde tres perspectivas: educación, salud y bienestar social; y no solo según los ingresos de la población.

Para el 2022, el Gobierno de Iván Duque se propone aumentar la equidad en el país a través de la reducción de las brechas salariales por empleos, un mejor acceso a la educación y la igualdad de ingreso entre hombres y mujeres, con el objetivo de sacar a Colombia de la lista de los países más desiguales del mundo para el final de su Gobierno.

Al cierre del informe, el Banco Mundial precisa que no siempre se pueden ejecutar las mismas medidas en todos los territorios, ya que se deben adaptar de acuerdo a las necesidades y realidades de cada país, lo cual hace complejo encontrar una solución definitiva a la desigualdad en el mundo.

 


 

Experimento sobre justicia social: una lección para ser más humanos

 

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