Editorial

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Desde el día de su nacimiento, el portal web La Cebra Que Habla se propuso contar historias que nos ayuden a conocer y comprender el territorio, y por ese camino a la construcción  de ciudadanía como forma de convivencia.


Como ha sido constante en la reciente historia de Colombia, en los momentos críticos no suelen aflorar el raciocinio y el espíritu de conciliación necesarios para sortear las dificultades.

Todo lo contrario: en circunstancias dolorosas abundan los empeñados en atizar la hoguera de los fundamentalismos y del espíritu de cruzada que suele caracterizar a quienes se sienten dueños de verdades reveladas.

Es lo que ha sucedido desde que se conoció la noticia del atentado terrorista en el que fueron asesinados al menos dos docenas de jóvenes policías en Bogotá.

Por lo visto, ese fue su único delito: haber elegido ser policías como profesión y como opción de vida.

Algo tan respetable como ser piloto, médico, cantante, torero, panadero o futbolista.

Pero esta Colombia que se apresta a celebrar el bicentenario de su independencia se empecina- como en los días de la Patria  Boba- en dividirse en bandos irreconciliables y, por lo tanto, empeñados en borrar , material o simbólicamente, al contradictor.

Por eso no sorprende que, en cuestión de segundos se haya desatado un lenguaje de guerra que creíamos superado.

De un lado  escuchamos el de sobra conocido discurso de la derecha extrema, expresada en el uribismo.

Del otro, la absurda posición de algunas izquierdas socialbacanas que pretenden banalizar la muerte de los jóvenes policías, contrastándolas con el también imperdonable asesinato de líderes sociales en el país.

Son dos dramas igual de terribles y de injustificables.

Desde el día de su nacimiento, el portal web La Cebra Que Habla se propuso contar historias que nos ayuden a conocer y comprender el territorio, y por ese camino a la construcción  de ciudadanía como forma de convivencia.

En esa medida, condenamos los sucedido en Bogotá, así como condenamos los asesinatos sistemáticos de líderes sociales.

En ambos casos, la única reparación posible es la justicia.

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