El peruano que persigue el sueño colombiano

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Cuenta que al escuchar el nombre de “Colombia” se interesó vivamente. Ya había oído algo de nuestra cultura, y la mera idea de venir a trabajar y conocer lo cautivó completamente.


 

El peruano que no es de Perú

Wilber Frans Guisa deja su canasta de sándwichs a un lado, toma un descanso en una de las bancas del parque el Lago Uribe y con voz modulada afirma:

“La patria, decía mi abuelo, es aquella que te da dos cosas: te da qué comer y te da una familia”.  

Dice esto porque con el pasar del tiempo este consejo se han convertido en un filosofía de vida personal,  además de ser el secreto para adaptarse a cualquier lugar donde habite.

Y precisamente hoy Frans vive estas palabras más que nunca, ya que está en una ciudad y en un país que no es el suyo, y ha aprendido a querer a los pereiranos a razón de encontrar amigos por un lado, y de ver prosperado su negocio de sándwichs, por el otro.

Y es que este hombre de 49 años de edad, estatura baja, y contextura gruesa, parece haber encontrado el lugar preciso en Latinoamérica para empezar a construir lo que llama “el sueño colombiano”. Y por sueño, entiende el lugar que ahora le está dando de comer, le ha entregado generosamente una familia y el que llama con toda propiedad “mi país”.

Quien no hable con él, o no lo conozca, puede confundirse fácilmente al creer que Frans Guisa es peruano, pero realmente nació en Arica, Chile, una región entre fronteras. En su historia personal cuenta que fue gracias a su señora madre que obtuvo por derecho la nacionalidad peruana. País del cual se siente orgulloso y que su acento al hablar lo delata donde quiera que esté.

Al dialogar un poco más sobre Perú, dice que allá estudió ingeniería comercial en la universidad San Martín de Porres de Lima, pero que a la par, se preparó en gastronomía, una pasión que lleva como herencia, desde que su madre, siendo él muy pequeño, le enseñó algunos secretos de cocina.

Con el titulo de ingeniero bajo el brazo, empieza a trabajar en Lima con la empresa colombiana GenFar S.A; industria que le permite seguir con sus estudios de cocina, especializándose en  el área de  “gastronomía para altos ejecutivos”; conocimiento que también ofrece como labor adicional a la empresa. Así es que luego de un par de años y una experiencia ganada, es enviado por decisión de la gerencia, a Colombia, a proseguir en la carrera de asesor comercial.

 

Fotografía: Diego Val.

 

Cuenta que al escuchar el nombre de “Colombia” se interesó vivamente. Ya había oído algo de nuestra cultura, y la mera idea de venir a trabajar y conocer lo cautivó completamente. Al llegar acá, continúa diciendo, lo primero que hizo fue casarse en Medellín con una paisa llamada América Fernández. Pero después de una serie de contratiempos personales, decide divorciarse y como dice: “quedé en un status de irregularidad en el país”.

Con este inesperado suceso, y para solucionar su estadía legal en el país, decide regresar a Lima, que por ese entonces la encuentra económicamente estable.

 

De vuelta al Perú

De nuevo en la capital de Perú, contacta a los compañeros de la universidad y comienza a trabajar en una empresa de servicios funerarios, aunque sin perder de vista, el tema gastronómico que siempre lleva en su mente. En ese tiempo limeño, Frans sigue pensando día y noche en Colombia y se cuestiona de que si regresa  “¿qué podía hacer con el tema de la comida?” Preguntas que se formula porque en su primer visita al país había visto un nicho en el tema culinario.

Es solo después de dos años y medio que la empresa funeraria hace una compra importante en Bogotá, y al necesitar expandirse, y como por cosas del destino, Frans es enviado de nuevo (la primera vez lo envió Genfar S.A) a Colombia para hacer un estudio de mercado, y así introducir la venta de espacios funerarios en el país.

Frans Guisa es comisionado para Pereira, o lo que llama “la pequeña ciudad”, nombre con el que la empresa designaba este espacio geográfico del eje cafetero. Llegó animado y con muchas ideas en su mente. Y es luego de trabajar por tres meses, que el informe financiero que Frans presenta a los directivos no cuadra, y la funeraria decide no invertir ni empezar operaciones en Pereira”.

Termina el trabajo con la empresa (los tres meses) y esta vez, para no quedar “volando” en materia migratoria, indaga sobre el tratado de Mercosur, y solicita una visa que, según información en la Internet, le permitiría después de cuatro años quedarse a vivir acá sin depender de nadie.

En ese caminar y buscar opciones laborales, logra conectarse con la “Brilla”, un negocio de venta de electrodomésticos pagados por medio de la factura del gas y lo envían a trabajar  a un pueblo pequeño de Caldas: Anserma.

 

Fotografía: Diego Val.

 

Llega sin conocer el lugar, sin embargo ahí el destino le depararía otra sorpresa: conocería a quien sería su esposa actual, Jenny Marcela Puerta y con quien tendría una hija en común, Dayana Guisa Puerta.

Con un hogar y una responsabilidad a cuestas, este hombre que está doblemente enamorado de Colombia, busca expandirse económicamente, e idea comenzar a hacer sándwichs para sus compañeros de la empresa a 6 mil pesos. Afirma que les fascinó el sabor y ahí es donde Frans se pregunta a si mismo.

¿por qué no aprovecho las vacaciones y saco algo mío a ver qué pasa?

Literalmente se pone manos a la masa, y adopta el formato gastronómico del flanbeo en wok, es decir, cocina los ingredientes con un poco de vino para conseguir aroma y sabor para sus productos. Prepara todo a un fuego no tan fuerte, adicionando cebolla y tomate a las carnes.

Así es que con esa combinación de fuego lento,  aliños especiales, más lo que llama pan neutro empieza a vender sus sándwichs con calidad,  sabor y presentación.

Comenta que el primero que ofreció al público fue el sándwich de lomo saltado. Luego el de jamón, pero este no pegó, como dice en su lenguaje. Y después la gente empezó a pedirle de pollo, pero tratando de ser fiel a su esencia y a su vez de complacer al cliente, lo prepara al estilo peruano y comienzan a comprarlo con éxito.  Después, cuenta,  le pidieron ranchero, chorizo, jamón, carne desmechada, a lo que sin ton, ni son, le agrega ahogado peruano.

Frans ensayó con estas ventas tan solo 20 días y asegura que sus ingresos aumentaron considerablemente. Aunque afirma que no fue tan fácil aquella empresa, porque el colombiano no está acostumbrado a la cultura del Sandwich.

 

Fotografía: Diego Val.

 

Nuevo comienzo

Renunció a la empresa “Brilla”, para dedicarse a su propia empresa de sándwichs.  Compró un gorro blanche, un delantal y una canasta de mimbre y empezó con su “sueño colombiano”. 

A la gente le gusta ver algo nuevo. El impacto visual es importante porque muchos compran solo por la mera curiosidad. Entre los consumidores lo hay  de todo tipo. Hay gente que lo mira a uno raro, otros son amables y otros solo preguntan.

Y agrega que entre sus clientes también está el policía que lo quiere vacunar.

Un policía se me acercó y me dijo:

-Para el cuadrante ¿qué hay?.

Pero Frans había aprendido el dicho de que “no hay mejor negocio que la cara de bobo bien  administrada”. Entonces se hizo el bobo y preguntó:

-¿Para cuál cuadrante?

-No, para nosotros. Dijo el agente.

-¿Ustedes? No entiendo.

-No, acá nos tiene que dar a nosotros para que probemos.

-Si. ¿y cuál es su nombre? Caballero.

– ¿Por qué ? preguntó el policía.

Entonces Frans usó la mentira como recurso para sobrevivir.

-Por que yo tengo un amigo que es   general de la policía y le voy a preguntar si al cuadrante hay que darle dinero a manera de Sandwich.

Y los policías asustados dijeron:

-No, no , no, nosotros se lo vamos a pagar. Tranquilo. Y salieron buscando su camino.

 

Fotografía: Diego Val.

 

Frans solo desea emprender en este país y para ello ha adquirido lo que llama “una mística”, es decir, cobra el producto según la hora del día. En la mañana el sándwich  vale 3.500; al medio día vale 2500 y en la noche se regala. Prefiere obsequiarlo.

 

Proyección en Pereira

Uno de los proyectos más ambiciosos de Frans Guisa, es “montar” el primer negocio de sándwichs peruanos en Pereira, pero con un formato diferente. Ya que lo que hace ahora es vender en la calle, de tienda a tienda, puerta a puerta. Pero sueña (y está trabajando en eso) en montar un lugar oficial de sándwichs donde se pueda ir a comprar 250 gramos de carnes, varias unidades de pan francés, con ajo, orégano o cualquier otra especia.

Y justifica este negocio aduciendo que la heladería-restaurante La Lucerna se  llena  y es próspera solo vendiendo papas fritas.

Entonces, en contraste, dice:

Por qué no tener una propuesta de un producto distinto en Pereira. Nuestro negocio se va a llamar “Tacnas Peruvian Food”.

Sabe que no será fácil dado que todo comienzo cuesta sacrificio y creer en uno mismo. Pero confía en su maestría y en sus ingredientes.

Los ajíes son un tema muy bonito porque conseguir los ingredientes peruanos acá no es fácil. El jamón lo elaboro personalmente. Entonces tengo 5 kilos de ají, pero es un ingrediente no tan fácil de conseguir. Esa es una de mis ventajas. Tengo ají panca, rocoto y otros. El resto de ingredientes si se pueden conseguir acá, como la salsa de Soya, el vino, la leche Gloria. El pan yo mismo  lo mando a hacer con sumo cuidado en una panificadora de Cuba. Lo pido con una características especiales: pan gourmet, pan árabe, con ajonjolí o sin ajonjolí.

Sobre los tipos de sándwichs que desea preparar, dice, ya tiene la propuesta pensada. Serán con jamón artesanal; pulpa de cerdo; chicharrón peruano de panceta de cerdo cocinada luego frita;  tajada y Pavo al horno. Y agrega, que si se puede manejar un jamón ahumado sería genial. Claro, enfatiza, sin renunciar  a pedidos especiales, todo ellos acompañados de salsas peruanas.

Fotografía: Diego Val.

 

No descarta anticuchos de corazón y una futura pollería al estilo peruano. Cree que esto puede abrirle la puerta a otras oportunidades de negocios. En esencia, hacer patria acá.

Hasta este momento Frans siente que ha encontrado su patria: tiene que comer y tiene una familia. Sobre su segunda venida al país, dice que decidió regresar a Colombia debido a que vivía encantado” y así sus palabras se convierten en una afirmación: “¿quién no se enamora de este hermoso país?”. Entonces continúa explicando que lo mejor que tiene Colombia es su gente y que el carácter de gente amistosa le gusta mucho.  Y al hablar sonríe, porque estando en el parque El Lago Uribe, menciona “cuando conocí Pereira quedé más encantado todavía”. Refiriéndose a la ciudad que lo acoge y le da privilegios como ir a comer a casa al mediodía, tener una vida tranquila y ver crecer a su hija en familia.

Frans Guisa al final de su jornada, de vuelta en casa en el barrio La Hacienda, en Cuba, repite como un mantra la frase de su abuelo:  “La patria es aquella que te da dos cosas: te da qué comer y te da una familia”.

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