El poder simbólico de los pequeños actos

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Para decirlo en palabras más simples y tal vez a la inversa de la usanza: no basta con parecer, también (y fundamentalmente) hay que ser.


 

Recientemente la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, pasó cerca de un mes tambaleándose en sus funciones por cuenta del escándalo relativo al fraude de su título de master (Derecho Autonómico en la Universidad Rey Juan Carlos).

Mientras observaba la controversia como en cuerpo ajeno, ella continuaba afianzada en su puesto, pues el debate se trasladó del fondo del asunto (haber adulterado las notas para subsanar sus inasistencias) a la búsqueda del culpable de un supuesto error. La universidad atribuyó el caso a un fallo administrativo argumentando que se transcribieron mal las calificaciones reales”.

En la sociedad en que vivimos, sobrepasada por el exceso de información, la atención se desliza velozmente a través de los diferentes asuntos. Lo que ayer pareció un acto imperdonable, hoy cae en el olvido, y las audiencias se trasladan, con sorprendente liviandad, del escándalo anterior al siguiente.

 

Foto extraída de: Ecestaticos

 

Apegada a esta lógica parecía permanecer Cifuentes, esperando a que menguara el chaparrón.

Sin embargo, para infortunio suyo y triunfo de la justicia, le sobrevino algo peor.  En días pasados fue revelado un video en el que se registra un acto transgresor: el robo en un supermercado de unas cremas faciales, perpetrado por ella en el 2011.

Ante la contundencia de esta última evidencia, se vio obligada a dimitir. Así lo registró el titular del Diario El País de España, el pasado 25 de abril: “Presidenta de Madrid renuncia tras video que la muestra robando cremas en supermercado”, complementado con el siguiente subtítulo: “Cristina Cifuentes ya venía golpeada desde que hace algunas semanas se supo que había falsificado su título universitario”.

 

Foto extraída de: Cloudfront

 

El complemento no pudo ser más exacto. Cifuentes venía golpeada debido al episodio del master, pero ese impacto no había sido suficiente para forzar su abdicación. Tuvo que sobrevenir la demostración de la contravención, que alcanzó el valor simbólico de un gran crimen -estatus que no había logrado la adulteración de su diploma- para que se viera obligada a abandonar su cargo.

Recientemente estuvo en las oficinas de La Cebra Que Habla, portal de historias, el senador electo por el Partido Verde, Antanas Mockus. Tuve el privilegio de conversar con él sobre ciudad y ciudadanía, y de asuntos relacionados con mis intereses investigativos, entre ellos el tema del Reconocimiento Social.  A este respecto me obsequió una gran lección: “El reconocimiento pasa por lo siguiente: Si usted es reconocida, digamos, como una persona honrada, eso la obliga a no moverse de ahí, por insustancial o leve que usted juzgue el movimiento, y no obstante los costos o dificultades que pueda acarrearle el sostenerse en su posición”.

Para decirlo en palabras más simples y tal vez a la inversa de la usanza: no basta con parecer, también (y fundamentalmente) hay que ser.  El ejemplo es una poderosa herramienta de gestión del comportamiento colectivo, vital para quienes pretenden ejercer el liderazgo social. Pero, y es esencial resaltarlo, el poder de esa fuerza se juega su efecto positivo o negativo, principalmente, en el valor simbólico de nuestros pequeños actos cotidianos.

 

Foto extraída de: Mujerhoy

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