El reino y el poder

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Así se produjo, según el bien documentado libro de Reyes, el  principio del fin de la Sociedad Anónima como mecanismo de democratización económica en Colombia


 

Cada año,  por las fechas de celebración del Día de los Periodistas, las empresas públicas  y privadas envían a directores y trabajadores de medios de comunicación una antología de mensajes sensibleros donde exaltan, entre otras virtudes,

“La invaluable labor de nuestros profesionales en la defensa de  la libertad de expresión  como soporte de  los valores  democráticos”.

En sana ley, no hay nada de falso o impreciso en la frase. De  hecho, hasta los sistemas totalitarios lo reconocen en el papel.  Pero  basta con echar un vistazo a la realidad para  confirmar la vacuidad de esa declaración retórica.

A medida  que las grandes corporaciones  afinan su entramado de intereses,  medios y periodistas son  cada vez  menos canales de información y conocimiento al tiempo que se  ven  reducidos a la simple condición de amanuenses del poder. Una  de las consecuencias visibles es la lenta  agonía del periodismo de denuncia, dedicado durante décadas  a  revelar las lacras de la sociedad, garantizando de paso los mínimos de decencia  necesarios para  hacer posible la convivencia y la confianza entre  los ciudadanos.

Lo sucedido durante los días previos a las últimas elecciones presidenciales en Colombia es una muestra de los abismos  de abyección y servilismo alcanzados por los medios de comunicación en nuestro país.

 

Imagen extraída de: 1.bp.blogspot.com/

 

Por eso resulta oportuno y saludable volver a las páginas del libro  titulado Don Julio Mario, biografía no autorizada, escrito por el periodista colombiano Gerardo Reyes.

Cuando  uno lee  las más de cuatrocientas  páginas del libro de Reyes entiende por qué  Julio Mario Santo Domingo  no solo se rehusó a concederle una entrevista  personal: una vez  publicado el texto intentó por  todos los medios torpedear su distribución, sin excluir la conocida treta de comprar el total de la edición.

Desde el primer párrafo,  el autor demuestra que además  de gran investigador es un buen escritor: la imagen del joven magnate enfrentando a salivazos a una peligrosa  serpiente hasta provocar su muerte  reaparecerá todo el tiempo  como metáfora de las implacables y nada limpias pugnas por el control  de empresas y  mercados.

Allí reside uno de los grandes logros del libro. En contravía  de la imagen  de Don Julio Mario como un cruce  entre bohemio, filántropo y genio de las finanzas, el autor  desvela un universo de claroscuros caracterizado por los fraudes, las componendas y las zancadillas como práctica corriente  a la hora de hacerse con el control de los negocios más codiciados. 

Así se produjo, según el bien documentado libro de Reyes, el  principio del fin de la Sociedad Anónima como mecanismo de democratización económica en Colombia. El asalto a Bavaria, la fallida venta del Banco Comercial Antioqueño o la utilización de poderes falsos  en las asambleas de accionistas ayudan a comprender, entre otras cosas, los métodos que varias décadas después condujeron  a  las corruptelas  y  descalabros  financieros conocidos por todos.

 

Imagen extraída de: scontent.feoh4-2.fna.fbcdn.net

 

Lejos   del capitán de empresa ejemplar forjado a la medida de sus oficinas de publicidad y relaciones públicas, esta biografía  no autorizada nos muestra  al magnate  como el ejemplo de lo que no se debió permitir nunca.

Según el libro, en  su lento y metódico ascenso, Santo Domingo  se encargó  de tejer, sin prisa pero sin pausa, el control de los medios de comunicación más importantes del país.

La cadena Caracol,  el periódico El Espectador y la revista Cromos fueron  solo tres entre las muchas empresas informativas utilizadas para atacar a los adversarios, magnificar los logros y acallar las anomalías  del todo poderoso propietario y sus amigos.

Episodios como el de la salida del periodista Edgar Artunduaga del programa radial  La Luciérnaga por solicitud expresa del entonces presidente  Andrés Pastrana demuestran  con creces que los  vehementes saludos institucionales a la libertad de  prensa son  en el mundo de hoy apenas una manera protocolaria de eludir  lo inocultable : la absoluta sujeción de  medios y periodistas a los  nuevos amos  del mundo , que ya no necesitan ejercer en persona el poder político porque lo detentan en la práctica.

 

Imagen extraída de: cdn1.radiosantafe.com/

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