El “tema” es ese

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Ocioso como soy, me di a la tarea de seguirle la pista a los usos y abusos que los medios de comunicación en distintos formatos hacen de algunas expresiones que, de tanto repetirse, acaban por distorsionar su sentido original o, peor aún, por perder todo sentido.

¿Se han fijado ustedes en esa manía arribista de sustituir los vocablos cortos y certeros por otros más largos que transmiten la idea de sofisticación? Por ese camino, la gente ya no ve películas sino que las visualiza: va uno a saber qué valor le agrega eso al viejo encanto del mundo contado en imágenes. En la misma tónica, ya no se dice que un grupo de personas se reunió para compartir algún descubrimiento: ahora resulta más elegante declarar que “socializaron” los resultados de una investigación, omitiendo de paso que el verbo socializar tiene un sentido por completo distinto al que pretende adjudicársele.

Otra perla que muy pronto se convirtió en epidemia hizo de la frase “De cara a” una suerte de comodín para resolver las situaciones más dispares. Aquí les va un ejemplo: “Los ministros del gabinete del presidente Duque se reunieron para tomar medidas de cara a las decisiones imprescindibles para afrontar el tema del Coronavirus” Si disponen de tiempo y paciencia hagan el ejercicio y no tardarán en encontrar la expresión de marras regada como enredadera en medios impresos, televisión, radio y publicaciones digitales. Por lo visto, los forjadores de la muletilla decidieron suprimir de un tajo recursos como los siguientes: con el propósito de, con miras a, con el fin de, frente, ante y toda una colección de palabras y sentencias equivalentes. En la misma línea, la expresión“Se prenden las alarmas” borró del diccionario de los periodistas verbos como alertar, advertir, prevenir y media docena de sinónimos más.

Pero la joya de la corona la constituye el vocablo “tema”, al punto de que más parece una plaga bíblica que un recurso expresivo. En una entrevista radial emitida el pasado fin de semana, entre el periodista y el invitado repitieron, no me lo van a creer ¡Veintiocho veces la palabreja en el transcurso de una hora, descontando el tiempo de los anuncios! Ustedes sabrán dispensarme, pero voy a transcribir la introducción al diálogo:

-Con el fin de hablar sobre el preocupante tema del Coronavirus, y de las dificultades afrontadas por los más vulnerables, hemos invitado hoy al doctor Díaz, experto en el tema del manejo de la prevención de desastres. Doctor ¿Qué tenemos para decirle a nuestra audiencia sobre el tema?

-Pues la verdad es que se trata de un tema preocupante, porque el tema de la asignación y el flujo de los recursos se ha visto entorpecido por la legislación sobre el tema de contratación.

Mejor no sigo citando, porque los pocos lectores que tuvieron la paciencia de llegar a esta altura del artículo podrían lincharme. Más bien ocupémonos de las posibles razones de esa pandemia.

La primera está sobre diagnosticada: como no leemos ni investigamos, nuestro acervo de recursos es  bastante escaso y rudimentario. Por eso resulta más cómodo casarse con una colección de lugares comunes que nos ayudan a salir del atajo. Bastante maltrechos y con poco respeto hacia las audiencias, eso sí.

Pero eso parece no importar mucho.

La segunda es hija bastarda de la primera: se trata del facilismo puro. Si en el diálogo citado suprimimos la palabra en cuestión, notaremos que el estilo se hace más ágil y fluido, sin detrimento del sentido. De ese modo aportamos al enriquecimiento conceptual de los consumidores de información. Y si mal no recuerdo ese es, en teoría, uno de los propósitos de los medios de comunicación: ampliar la perspectiva y la profundidad de lo que reciben las audiencias. Digo en teoría, porque la experiencia nos muestra otra realidad, al menos en la mayoría de los casos: pereza mental, indolencia y falta de rigor parecen ser la moda al uso. Los resultados saltan a la vista.

Por incómodo que resulte, pacientes lectores, el “tema” hoy era ese.

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