En busca de Goyito

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Siendo  maestro rural,   tuve de alumno una persona que era una chica prisionera en el cuerpo de un chico. El abuelo para que le demostrara que era un varón y verraco, la obligó a hacer cosas impensables. Esta es parte de su historia.


 

 

Lunes. Goyito lela por la sexta de Pereira ve volar una paloma, recordó el universo de sus sueños. Su cerebro captaba otras frecuencias, ni vigilia ni sueño, estaba en nivel alfa, esa dimensión que hablan los brujos, o una paramnesia duplicante de momentos cuando creía estar en una ciudad desconocida y bella, con estados alterados de consciencia para viajar o regresar de los sueños y seguir hacia mundos ignorados que intuía haber recorrido siempre.

 

 

Martes. Goyito sentía pasado y presente, personas a su lado, en otra  habitación, otra dimensión, otra ciudad, otro país, más allá de la vida, volaba su espíritu es un vaho invisible y dejó atrás su cuerpo, flotó en espacio superior y sentía un estiramiento de sus formas de ser en una elíptica sideral, vibraba en dimensiones de luz y nebulosa, traía cosas del futuro y exploraba su pasado; no solo infancia, existencias anteriores, habitó entre una localidad extraña en territorios que fueron sus moradas, desterrada por violentos, diferente en otro tiempo, espacio y caos que se desmoronaba entre erupciones, terremotos, huracanes y se reconstruía en ella misma y su mundo de otra forma.

 

 

Miércoles. Goyito regresó a ser al detenerse en los ojos de Giovanni, estaba ahí, caía abruptamente en la cotidianidad del día que la asediaba con problemas y asuntos por resolver, detenida y atascada en la fila de un centro comercial, una bolsa de compras por pagar y el peso de las cosas en el mundo real que no la había abandonado.

 

 

Jueves. Goyito al pie de una fuente, fluía, brillaban gotas diminutas como las erupciones de sus estados emocionales, necesitaba conexiones que deleitaran su razón de ser, su familia es una tribu dispersa por ciudades y países, sin padres y con hermanos, primos, tíos, sobrinos en cuatro países y siete ciudades de tres continentes y la red del internet solo le daba puntos y momentos de contacto sin abrazos, esa comunicación llenaba algún vacío. Goyito aún no descifraba su propio mundo, no toleraba cierta nada dura que la movía aparte hacia un escenario impreciso, cambiante y de realidades  efímeras, compraba juguetes de la tecnología que a la vuelta de los días ocupaban el cuarto con obsolescencias.

 

Viernes. En una convención, hotel de lujo, decían que por ahí despertaría triunfante, vio  gente del grupo usar drogas: peyote, mariguana, coca, hongos alucinógenos. Le hablaba un chamán que levita y sabe usar esas cosas en sus rituales, se metió en su liturgia de drogas sicodélicas, se le parecieron al agua con sal y el incienso de ayer, le generan ansiedad, sacó una pisca de su fe de carbonero para flotar y dejarse ir en ese trance de oraciones y desdoblamientos míticos. Su cuerpo desdoblado en pedacitos de soledad que intentaban hacerse compañía los unos a los otros.

 

 

Sábado. Goyito aún está estaba enredada entre esa aventura que asumió con temeridad. Creía tener el control porque eran drogas útiles, tal vez sagradas que la llevarían por otros modos de felicidad o de goce, quería un medio divertido del éxtasis y la escapatoria hacia donde la mente solo va en los sueños o por curiosidad. Sintió un llamado desde algún sitio del tiempo, flotó mientras la droga dañaba conexiones neuronales en su cerebro y ponían en una bomba de vacío su cuerpo y el espíritu, ignoraba que solo ayudaba a la causa del enriquecimiento de cualquier mafioso y después sería parte con sus aportes de compra y sostén entre las redes del microtráfico que pervierte a las ciudades y a los políticos que reciben su patrocinio.

 

 

 

Domingo. Goyito autómata, camina sin ganas entre esa realidad licuada de los días y las horas en cualquier lugar, se toma un café, se conecta y me escribe el chat y está tan frenética en esa cotidianidad que no se ha preocupado más de lo real, solo se mete entre los objetos y el mundo virtual y se deshizo de la Goyito bella y auténtica que cantaba y salía con la abuela, la Goyito de los días para estar con los suyos, ellos se dispersaron y son seres virtuales y contactos, retacitos de afecto a quienes dice cosas agitada por la lentitud de la pantalla y la comunicación llena de ruidos.

 

Conoce una de las obras premiadas del autor.

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