Epílogo Siete intelectuales frente a un mundo en disolución

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Siete intelectuales latinoamericanos -dos brasileros, tres mexicanos, un norteamericano, y  un español-, expusieron sus perspectivas con relación a las encrucijadas sociales y los retos planetarios actuales, que se vuelven tangibles en las fronteras de los estados nacionales. Estas intervenciones se realizaron durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2019 y en La cebra que habla publicamos algunos apartes de las intervenciones llevadas a cabo por el grupo de Crisis y Crítica con motivo de su reunión del año 2019, durante la Feria. Esta entrada finaliza y condensa lo que publicamos durante el mes de enero del 2020.

Presentación de la cuarta edición de El continente vacío.

Feria Internacional del Libro; Guadalajara, 5 de diciembre, 2019.

 El continente vacío fue la coronación de años de viajes por las ciudades de América, como joven conferenciante, escritor y profesor. También ha sido la expresión de mi fascinación por su naturaleza, sus civilizaciones antiguas y sus culturas modernas; y de mi angustia frente a su continuada destrucción ecológica, social y cultural.

 

 

Este ensayo se articula en torno a tres temas principales. El primero de ellos es negativo. Puse de manifiesto la destrucción colonial de las grandes civilizaciones americanas y millones de vidas humanas como el cumplimiento, bajo la espada hispánica, de la teología política de San Pablo y su instauración en el Imperio Romano-cristiano.

Con esta crítica esclarecí el significado de la llamada teología de la liberación cristiana como teología política de la colonización y destrucción de las grandes civilizaciones Azteca, Inca, Maya, Hopi, Guaraní o Yanomani.

El segundo motivo de mi ensayo es plenamente afirmativo. Es una revaloración del Inca Garcilaso, que rompe con su tergiversación nacionalista como patrón del mestizaje colonial peruano.

Contra esta visión provinciana reconstruí a un Garcilaso que, en sus Comentarios reales, había articulado la cosmología Inca con el neoplatonismo del filósofo sefardí Leone Ebreo, y de su síntesis, en sus Dialoghi de amore, del esclarecimiento medieval hispano-islámico, con la espiritualidad de la cabala hispano-judía. Y llamé la atención sobre la íntima relación intelectual de esta obra de Garcilaso, el primer proyecto de restauración hermenéutica de las culturas antiguas de América, con el humanismo italiano del siglo dieciséis.

La tercera y última parte de El Continente vacío es, nuevamente, negativa: reconstruye la continuidad tanto lógica como logística entre la teología política de la colonización y las epistemologías científicas vinculadas al imperialismo industrial moderno.

En la foto, Eduardo Subirats. Tomada de zasmadrid.com

 

Nunca me he ocultado que estos tres argumentos iban a chocar violentamente con el nacional-catolicismo español. Primero: el credo católico no puede admitir en modo alguno lo que, sin embargo, el propio Fray Bartolomé de las Casas o Casaus tituló “la destrucción de las Indias”: las masacres, la tortura, la esclavitud y la muerte, diseminados en nombre de la cruz. Segundo: el nacional-catolicismo tampoco puede aceptar que la península ibérica haya albergado en los siglos doce y trece el florecimiento de las culturas hebrea e islámica, con las que no podía competir ni espiritual, ni científicamente; mucho menos es capaz de admitir que este auge cultural despertara el nacimiento de la Europa moderna más allá de los Pirineos.

Algo semejante puede señalarse con respecto a la continuidad histórica entre el colonialismo eclesiástico y el colonialismo industrial: no por más obvia, este continuum histórico de los procesos ecológicos y culturales de destrucción es silenciada obstinadamente por los departamentos latinoamericanistas estadounidenses.

Son significativas las censuras que han rodeado a El Continente Vacío. El nacional-catolicismo destruyó su primera edición, en el Madrid de 1993, tras defenestrar a su editor argentino Mario Muchnik. Princeton University la rechazó porque estaba demasiado apegada a las tradiciones críticas de la intelligentsia latinoamericana, de Ángel Rama a Eduardo Galeano. Lo rechazó asimismo por no pagar el debido peaje a los postcolonial studies. Finalmente, la editorial germana Hanser Verlag también la dejó de lado porque mi reconstrucción teológica implicaba a la financiación alemana de las empresas de conquista bajo el reinado de la casa de Habsburg.

Presento hoy la cuarta edición de este libro en la mejor de las ocasiones: el Quinto Centenario de la invasión española de México. Permítanme un último comentario para terminar. El anuncio de este evento levanta la “conciliación” como estandarte. Sin embargo, nunca habrá conciliación sobre la base de la falsificación de la historia. La invención de la Raza de bronce por Vasconcelos fue una de esas falsificaciones, porque ocultaba la violación masiva de mujeres indígenas por parte de los conquistadores españoles. Llamar teología de la liberación a las estrategias de control, tortura y muerte por los tribunales coloniales de la Inquisición, llamar liberación a la sistemática destrucción de cientos de miles de códices y representaciones sagradas, y llamar liberación a la imposición general de un orden moral basado en la obediencia y la servidumbre, han sido crasas falsificaciones de la historia americana.

 

Presentación de El continente vacío en la FIL Guadalajara, 4 de diciembre-2019.

 

Por ese motivo, y como intelectual exiliado por la intolerancia castellana, aplaudo y me solidarizo con las palabras del Presidente de México, Manuel López Obrador, exigiendo a la monarquía española el reconocimiento de la destrucción sistemática de las culturas antiguas de América, de sus dioses y sus templos, y de la eliminación de millones de vidas humanas que representa el año nefasto de 1492 (año de la destrucción final de la cultura hispanoárabe, del incendio de la biblioteca árabe de Granada y la prohibición de la lengua árabe, año de la expulsión y persecución de los hispanojudíos, y de la prohibición de la lengua hebrea, año cero del incendio de miles de códices y del genocidio cristiano de las Américas).

Me solidarizo con esta demanda del pueblo mexicano con la conciencia de que una monarquía de tradición absolutista difícilmente puede cuestionar, y menos aún transformar, su trasnochada identidad imperial.

ELITISMO PARA TODOS

EL CONTINENTE VACÍO

Fernando Solana Olivares

 

En la imagen, Fernando Solana Olivares

 

Una historia de nuestros días, así aquellos años sean tan anteriores a estos. Un proceso todavía en curso, aunque haya ocurrido quinientos años atrás. De eso trata El continente vacío, un libro hasta hoy fuera de mercado, a pesar de dos ediciones conocidas, con la leyenda a cuestas de haber sido invisibilizado por incómodo y revelador, por analizar críticamente uno de los hoyos negros de la historia hispanoamericana, el más atroz sin duda: la conquista española.

El arco que esta obra historiográfica y filosófica cubre es extenuante. Pareciera que antes de Eduardo Subirats no se hubiera hecho una lectura tan debidamente intelectual y creativa, yendo a las fuentes de ese más que esperpéntico proceso histórico, considerando de nuevo a pensadores americanos omitidos por el asfixiante proceso cultural impuesto por los invasores, volviendo a leer las huellas de una conquista cuya crueldad fue un holocausto, y los pliegos del horror, los anales que lo documentaron.

Sujetando esto a un marco reflexivo sobre la violenta teología cristiana, la violenta expansión colonial del Occidente cristiano, la violenta intención doctrinal de establecer una uniformidad planetaria, una Guerra Santa, como la llama el autor, se deja correr la amarga narrativa del proceso de la conquista y el incontable sufrimiento indígena. Se muestran los principios de control y dominación metafísicos, colonizadores y materialistas heredados del orbe cristiano, aquellos que llevarían a establecer lo que Subirats describe como “la expansión imperialista de un delirio de salvación trascendente”. Con las categorías de control necesarias: culpa, pecado, expiación, paganismo, barbarie, herejía, condena, demonialidad.

Actúa en esto el vaciamiento que el concepto cristiano de civilización planetaria lleva implícito: si sólo hay un dios que es el único dios, todo lo demás puede colonizarse, destruyéndolo porque está hueco de vida auténtica. Es una naturaleza externa sujeta a explotación. De ahí el entendimiento del Nuevo Mundo como un continente vacío de genuinos seres humanos, de instituciones y comunidades con legitimidad propia, de memorias históricas y epistemologías humanas válidas, de dioses sofisticados y lenguas complejas, de formas culturales inmemoriales y muertos inolvidables. Para los conquistadores representa un espacio tiempo vacío que hay que fundar otra vez. Tal vaciamiento alcanza la estructura del sujeto moderno, ese Yo vacío (“fortaleza vacía”, lo describe el autor) que se desprende del racionalismo cartesiano.

Subirats explica que la homologación uniforme de las culturas históricas en la civilización industrial no puede separarse del sujeto moderno, que se construye mediante un Yo dominador y racional, exiliado de la comunidad y de la naturaleza, viviendo en su propia interioridad. Es la conciencia moderna cristiana y su principio de redención la que devasta la identidad humana ofrecida por el tiempo, y entonces deja de haber patria, historia y comunidad de las almas. Surge un nuevo sujeto alentado por el dios cristiano, quien es un señor del aislamiento, de la disgregación.

Subirats piensa en alemán y escribe en español. Así, una lógica rigurosa y lacónica sostiene esta obra, no totalizante pues nada puede serlo, menos ahora en la relatividad posmoderna donde no hay últimas palabras, pero radicalmente crítica, conmovedora y original. El prólogo del libro comienza siendo narrado en primera persona. Luego se transformará en un ensayo de inusual alcance, de meticulosidad y rigor formal ejemplares, una profusa red de vínculos causales escrita en tercera persona. Lo que los antiguos llamaban erudición.

Lo que un moderno llamó rodear un objeto para verlo en su reverso, en su desfiguramiento, en su deconstrucción.

El continente vacío es un libro lúcido, amargo y harto doloroso. Los tantos testimonios de abundantes autores que muestran el infierno hecho vivir a los indígenas por los bestiales conquistadores son lacerantes. El dolor de un mundo catastróficamente destruido por una moral cristiana que justificaba el sacrificio, el patetismo de una tragedia clásica consistente en el paso repentino de la felicidad (un mundo ancestral, propio y conocido) al de la infelicidad de los súbitos vencidos. Hechos esclavos por unos pocos demonios que poseían el nuevo orden de la violencia cristiana, mitológica, científica y patriarcal.

“La conquista y colonización de América —escribe Eduardo Subirats— no fue un simple juego de representaciones, ni la obra sagaz del genio comunicador de la Iglesia o de los conquistadores cristianos. Fue fundamentalmente un acto de negación, de no-reconocimiento teológico, filosófico y ético de la existencia americana, fue un postulado eficaz de destrucción militar, social, económica y también espiritual”.

Al terminar el libro, el ensayista afirmará que no deben de ser los momentos de “provocación o pesimismo” lo central de su relato, sino el intento de restauración de un espacio comunitario a través de una voz crítica. La del Inca Garcilaso, una síntesis que Subirats comprenderá como posible.

Entonces el proceso de hace cinco siglos sigue en curso, es una historia vigente aún.

Contamos historias desde otras formas de mirarnos.

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