Escritura Twitter

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Hace catorce años se creó Twitter, una red social especializada en direccionar mensajes o tuis cortos, calculados en caracteres. Quizá por su uso masivo y la efectividad del formato, los 140 caracteres originales se extendieron a 280. Si bien soy de los que piensa que las redes están hechas para aliviar la hiperactividad juvenil y alimentar el espíritu gregario, no desconozco el impacto que ellas tienen en los modos de vida presente, cada vez más virtuales y sedentarios.

El escándalo de los cablegates, propiciados por un yuppie australiano, demuestra hasta dónde la tecnología puede transformar todo, incluyendo las relaciones diplomáticas y con ellas, el uso de una retórica que opta por ser críptica para blindarse de escándalos futuros, derivados, en parte, de mentes brillantes educadas en el thriller. Si la información es de todos y navega con una facilidad miedosa, debemos admitir que los escritores de ciencia-ficción ya lo habían prefigurado. En general, los escritores, independientemente del género en que piensan y crean, han prefigurado todo, incluyendo la escritura Twitter.  

Para los especialistas Twitter no es solo una plataforma adecuada para hacer negocios, usar el chat, enviar mensajes, generar marketing o hacer política fake news, a la manera del maestro Donald Trump. Twitter es también “un lugar ideal para mejorar tus habilidades de escritura. Sí! Leíste bien; Twitter puede convertirte en un mejor escritor”. Se argumenta que el usuario de esta red aprende a ser más preciso en el uso de las palabras, lo cual ampliará su vocabulario y lo mejor de todo: lo hará editor de su propio texto, al enfrentarlo con una realidad que la virtualidad le genera: solo tiene espacio para escribir un mensaje que no puede superar 280 caracteres. No son 280 palabras o letras sino 280 caracteres, es decir, la suma de letras, números, símbolos, puntuación y espacios.

Como si hubiera egresado de algún taller de escritura creativa a los que asistía Raymond Carver en la Universidad de Chico (California), bajo la tutela de su maestro John Gardner, una bloguera asegura que quien escribe debe saber con exactitud lo que desea escribir, con economía de recursos idiomáticos y sin perder el tiempo en descripciones extensas y en “oraciones llenas de palabras”. Además de ejercer el vocabulario personal, enfatiza la experta, Twitter obliga a que el escritor piense en su texto, lo edite, lo corte, busque las palabras adecuadas para lo que quiere escribir y envíe, por fin, un mensaje diáfano, que es, en últimas, a lo que todo buen escritor aspira.

Carver habría agregado solo un poco a este recetario, aduciendo que su maestro Gardner le enseñó “que si en las palabras y en los sentimientos no había honradez, si el autor escribía sobre cosas que no le importaban o en las que no creía, tampoco a nadie iban a importarle nunca”. Por eso sospecho que el tuit camandulero de Iván Duque donde declara su fe por la Virgen de Chiquinquirá, “Patrona de Colombia” –él sí que sabe de patrones– no le importó a nadie. Al menos doy fe de mí, que soy devoto de la Virgen del Jordán, una chica sensual que orienta mi destino incierto.

En realidad la escritura Twitter tiene una larga tradición que podría ligarse a la estética del minimalismo norteamericano, auspiciado por el novelista John Barth, bajo una premisa sentenciosa y paradójica: Menos es más. Es la estética del efecto artístico al decir de Barth, la estética de la economía de los recursos. El minimalismo es una tendencia artística contemporánea que hace décadas permea a las artes en general. Barth señala: “ <<menos es más>>, dijo Walter Gropius, o Alberto Giacometti, o Laszlo Moholy-Nagy, o Henri Gautier-Brzeska, o Constantin Brancusi, o Le Corbusier, o Ludwig Miès van de Rohe. La frase (originaria en realidad de Robert Browning) ha sido en más de una ocasión atribuida a todos estos más o menos celebrados más o menos minimalistas”. Es posible que menos es más sea una forma novedosa de actualizar lo que se le atribuye al español Baltasar Gracián (1601-1658): “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”.

Pensar en Twitter y en la imposición de una escritura supeditada a un número de caracteres, me ha hecho pensar en los precursores contemporáneos de este tipo de texto y en los géneros que merecen discusiones intelectuales y trabajos sistemáticos como los que propone Lauro Zavala desde México. Me refiero a las minificciones o microrrelatos, que ya tienen cultores clásicos, como Cortázar y Luis Brito García.

Ahora mismo, por Twitter, podríamos remitir dos célebres textos de Augusto Monterroso. El más recordado es de pesadilla: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” (51 caracteres). O este otro: “Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta línea” (59  caracteres). Para estar a tono con la pandemia, podríamos enviar uno de Luis Vidales: “Por medio de los microscopios los microbios observan a los sabios” (66 caracteres).

Muchos de los aforismos de Ciorán tendrían cabida de inmediato: “Sueño con un mundo en el que se muriera por una coma” (53 caracteres). Uno que podría ser enviado por la red para que se fije como criterio de selección en los talleres de escritura: “No son los pesimistas, sino los decepcionados, los que escriben bien” (68 caracteres). Hasta el consejo IX del “Décalogo del perfecto cuentista”de Quiroga podría tener algún efecto paliativo en las filas de la iglesia del Centro Democrático de los últimos días: “No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego” (73 caracteres).

Hace una década el cineasta Tim Burton propuso el proyecto Cadavre Exquis (Cadáver exquisito), a través del cual estimuló la escritura colectiva por Twitter de una historia escrita a varias manos, a partir de un tuit de su autoría: “Stainboy, gracias a su obvia pericia, fue llamado a investigar una mugre brillante en el piso de la galería” (108 caracteres). Estimulados por el proyecto de Burton, podríamos regionalizar la acción colaborativa y dar inicio a nuestro Cadavre Exquis: “Hoy fui reseñado como preso #1087985 por confrontar testimonios en mi contra comprados por FARC, su nueva generación y sus aliados. Sin pruebas, solo inferencias. Me interceptaron ilegalmente. Impidieron a abogados contrainterrogar a su principal testigo. Pido transparencia” (274 caracteres).

El género sería lo de menos: cuento, poema, arenga, sentencia, libelo, novela negra. ¿Novela? Sí! Leíste bien; Twitter puede convertirte en un mejor escritor de cualquier género, como sugieren los expertos. Si una novela, según cánones clásicos, debe contener una trama que incluya un principio religioso, además de nobleza, sexo y misterio, la siguiente novela, que escuché de boca de R. H. Moreno-Durán, podría convertirse en un estimulante tuit para una urgente selección de lo más bueno y breve de nuestra literatura: “¡Ay, Dios mío! –exclamó la condesa–. Estoy embarazada y no sé de quién” (71 caracteres).

Propuesta de logotipo para Twitter cafetero

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