Estampas de la cuarentena: ¡naranjitay, pinta, pintita!…

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Una cosecha madura: ¿habrá color más intenso y apasionante que el naranja?

El sol se asoma tímidamente por la ventana, sobre el verde tupido de la copa del naranjo. Ya son casi dos meses desde que empezó la cuarentena en Bolivia y en los demás países del continente. En estas semanas que parecen décadas he acompañado minuciosamente la evolución (un tecnicismo para definir el lento y casi imperceptible crecimiento) de los árboles de la casa. Prácticamente cada centímetro cuadrado del césped ha sido escrutado por mis ojos, a modo de distracción; eso que los psicólogos y otros grandes entendidos llaman acuciosamente ‘terapia ocupacional’.

Verde que te quiero verde: cuando el naranja roza la esperanza

El mundo ha de estar enteramente loco por culpa de la pandemia para que los científicos del comportamiento se devanen los sesos para mantenernos ocupados, a la par que otros científicos buscan la cura milagrosa para frenar los estragos del coronavirus. Como ven, por ambos lados los humanos estamos jodidos: por una parte los médicos quieren prevenir que nos enfermemos del cuerpo y, por otra, los psicoanalistas desean impedir que la depresión acabe con nuestro Yo espiritual.

Esto tiene pinta, ¿a que sí?

Así que le están buscando tres pies al gato, intentando afanosamente que mantengamos la mente bien distraída y saludable. Yo, por lo pronto, me estoy dando a la tarea de contemplar el jardín y todos sus árboles circundantes, todos los días religiosamente, con la misión especial de descifrar la belleza de las cosas quietas o más o menos dinámicas.

Naranja pintita, un tono que se acerca a la madurez

Bueno, hechos los deberes digámoslo de una vez, sin mayores contemplaciones:

–El naranjo es el árbol más quietito, más parsimonioso de lo queda del jardín de los tiempos adánicos. Jamás se agita, ni con la borrasca y los vientos tempestuosos que ansían quebrantar su existencia.

–Todo el año permanece de un fresco verde que lo torna irreductible, inderrotable, con ese talante de un guerrero que no pareciera, nunca, perder el vigor de la eterna juventud.

–Observándolo bien, he aprendido a distinguir matices de su follaje perenne, desde el verde luminiscente de sus cogollos hasta el verde crepuscular del reverso de sus hojas. Y en el medio, a mitad del camino, esa expresión ‘verde que te quiero verde’ hecha realidad. ¿Será que puede haber un ‘verde naranjo’ para expresar la máxima aspiración de la esperanza?

–Con el naranjo bien cabe el refrán “por sus frutos lo conocerán”, ¿habrá árbol más derrochador, más generoso, más fructífero en la naturaleza? ¿Y, además, más visualmente bello cuando sus frutos rebosantes parecen vellocinos de oro?

–Si del cielo caen limones para improvisar una limonada, ¿de la tierra brotarán las naranjas para sacarle el jugo a la vida?

–Cosechar naranjas es, sin embargo, un asunto espinoso. Para que no quede duda de que las cosas majas o agradables a veces duele conseguirlas.

–Para un poeta virginal la manzana es el fruto prohibido. Para un poeta maduro el durazno es la sazón del erotismo. Para un poeta enloquecido la naranja es la prenda más querida, el amor total.

Tengo escondido en mi casa/ por su gusto y el mío/ un árbol de naranja…(diria un J.R. Jiménez de la jardinería)

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PD.- La cuarentena permite descubrir hasta otras versiones de “Naranjitay”, una antigua canción boliviana, adaptada a la clásica cumbia colombiana. En otras partes, también saben sacarle el jugo a las cosas.

**Pueden ver más contenidos de este autor en: Bitácora del Gastronauta. Un viaje por los sabores, aromas, y otros amores

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