Felices 50 años, Kugeldisco

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Juliana nos cuenta sobre la torre de televisión que queda al lado de su casa en Berlín, con su estética ecléctica, con su metáfora de lo que la ciudad representa para ella.


 

Antes de llegar a Berlín sabía muchas cosas de la historia de la ciudad. Sobre el muro, sobre los emperadores Federico y Guillermo, sobre la influencia francesa de los hugonotes por obra y gracia de la guerra de los 30 años. Sabía también que había sido una ciudad-isla, que había vivido dividida durante 28 años y que tenía un ángel dorado que me recordaba mis inicios de vida universitaria cuando iba a los cineclubs a ver películas bellísimas pero poco populares. La ciudad me parecía fascinante y no me equivoqué al llegar. Aquí he visto transformarse no solo mi vida, sino la de la ciudad. Algunas evoluciones semejan más unos retrocesos. Una muerte lenta de las causas perdidas, del romanticismo de la edad intermedia cuando no se es joven pero tampoco adulto. De Berlín he amado su libertad, su indiferencia frente a las obligaciones y los compromisos, su entusiasmo y firmeza para manifestarse contra la homofobia, en pro de la protección ambiental, en contra de los nazis.

Lo que nunca esperé es que me fuera a quedar prendada de su torre de televisión. Es un capricho sin mucha explicación. Algunos quieren una llama rosa o salir en sudadera a la calle. Yo tengo mi fijación con esa esfera de discoteca que se aferra a una base blanca. La veo desde la ventana más a la derecha de mi casa. Eso mismo que ven mis invitados desde esa ventana francesa de mi comedor. Y era también lo que veía desde la ventana izquierda de mi primer trabajo en Berlín.

 

 

En breve cumpliré más tiempo de vivir en esta ciudad, que el que pasé en mi casa de la infancia. A veces pienso que es absurdo, que no sé que me ata tanto a esta ciudad. Y bueno, a veces creo que tiene que ver con esta torre de televisión, con su estética ecléctica, con su metáfora de lo que Berlín representa para mí: una mezcla de idealismo, modernidad, ligereza y creatividad. Feliz cumpleaños mi esperpénticamente hermosa Fernsehrturm. Quizá en el futuro próximo dejaremos de ser vecinas, pero hasta ese momento estaré encantada de verte y de fotografiarte.

Y felices 29 años de la reunificación alemana. Quizá no siempre ha sido fácil, quizá hay muchas heridas del pasado. Pero qué increíble también todo lo que ha logrado en este tiempo. Ya ha sido más el tiempo juntas que separadas de las dos Alemanias, y aún quedan cables sueltos por resolver, que se agudizan por las presiones propias de nuestra época.

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