Fragmentos del libro: Arroyos y Valses de Agua, Abel Anselmo Ríos Carmona

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Compartimos gracias a Sílaba Editores fragmentos del libro (poesía): Arroyos y Valses de Agua de Abel Anselmo Ríos Carmona.

Bach – Concierto N° 7 para clavicémbalo en sol menor

Habría que creer en Dios

   cuando irrumpe como un delta de manos generosas

      contra el mar de inquietudes

         que camina en la espalda

Habría que darle fe

   a los susurros de luz que se reciben

      sobre el calor rosado de los pómulos

         en el vaivén de agua

            que llueve con la música

Habría que difundir

   este evangelio sublime

      de caricias y témpanos de fuego

Toda la jornada de las nubes

Todo el maratón de las cascadas

El crepitar de abrazos que guardan los glaciares

  Júbilos de rocío

  naciendo de mis lágrimas

Habría que sucumbir a las preguntas

   y declarar que el reino de los cielos

      es una respuesta incomprensible

         como el temblor del aire cuando tocas mis brazos

   como un alud del vientre

      cubriendo toda la tierra

      develando ante los ojos

         la niebla que protege a la confianza

Habría que creer en Dios

   mientras los ríos de la palma de las manos

      siguen desembocando en la alegría

         de que inundes de océano

            el dedal de mis pensamientos

Habría que creer

 y comprender que todas las historias

  ya fueron celebradas

   en las manos de Bach

    en los arrullos de cada anochecer

Sucumbir a la fe

Aceptar que un espíritu de escarcha

   navega las corrientes de la duda

Reconocer que hasta mi escepticismo

   hace parte del canto

      de los pájaros

Y darle de nuevo play

   al séptimo concierto en sol menor

Matilde Lina – Leandro Díaz

Su merced amarrándose los zapatos…

Su merced hundiendo una daga en el pecho de un intruso…

Su merced en el pensamiento

                                de cualquier forma

Prieta precisa

Imagen intocable que se desvanece en el guargüero

Como manjar de brisa con lágrima esponjada.

No puede ser normal este estremecimiento.

Su merced pinchándose el pulgar

          con las espinas agrias de la rosa…

Su merced a merced de las olas del sueño…

Su merced con las nubes de Luis Alfredo.

No puede ser cristiana

Esta hojuela de seda

                     entreverada en llamas

que incineran el aura

Cigarras, lloren cigarras

Grítenle piedras al campo

Cuántos destinos por acoger la daga para aquel que no es intruso

Cuánto deberle al destino para que vire la proa hacia otros remansos.

Su merced en la sonrisa de la sabana

Con los pómulos rosados del frío santafereño

Con el sudor a jacinto que añora el Serengueti

Con el hambre de la pampa cubriendo las espaldas

Con la altanería oceánica de las montañas

Con el cristal de un totumo bebiendo al Guatapurí

Si existiera el amor

Sería un hechizo tan firme

Que solo podría infundarlo el capricho de la fatalidad

Digámosle a este frío que recorre los témpanos de las vértebras

Digámosle conciencia que se adquiere

     cuando no nos interesa comprender nada nuevo

       mientras todo se desnuda ante los ojos

         y se rechina el manto de guama que solía protegerlos

Su merced ignorando que una hojuela de seda

desprendida de su desentendimiento

se ha instalado en el rincón más frágil de esa grieta

                                que otros insisten en llamar dizque Alma.

Su merced tejiendo un canto de obsidianas

mientras la vida teme que siga recordando

eso que no es usted

sino la imagen suya que ha salvado la vida.

Su merced caminando simplemente…

Su merced aventando improperios y piedras contra el sol…

Su merced entre aceites industriales,

   entre el lodo de las culpas de la humanidad…

Su merced apilando hadas empalagosas en una bolsa de

supermercado…

Siempre hermosa

Con sonrisa de daga.

Su merced que no existe

   y aún así sabe provocar el temor que merece la vida.

Un paseo que parece de Leandro Díaz.

La noche llegará – Canto Cardenche

Ya soy de aquí

Polvo del tiempo recogido en los pasos.

Ya habito el cactus jugoso

Y recorro en el buitre los caprichos del viento.

Sonrío como horizonte de suelos olvidados

Y siento dentro del vientre

la yerma algarabía

Sabor a terciopelo y a satisfacciones.

La noche volverá

Tendrá piedad de mí

De que te extraño un poco más

que a algunos achaques fríos de la vida

Traerá sus susurros

 y los agujeros que ha aprendido a hacer en la luz del

firmamento

La noche, que colecciona cosquillas titilantes

y rutilos ajenos y lejanos…

Ya soy de la noche parda.

Bajo la costra que acogió al camino

he regresado a la nostalgia por la escarcha.

Mis manos crecerán

Para esperar tus dedos

Seré espinas frondosas

Seré madriguera de antiguos madrigales

−cantos silvestres con dientes afilados−

Ya soy de aquí

Nocturno bajo el sol generoso del desierto.

Puedo decir que te pienso

Pero cubres mis desentendimientos

Como esta sábana de arena sobre mi quietud

Soy de aquí

Del lugar que te aguarda

Te ansía

Y resquebraja sus rocas

Añorando el temblor de tu cabello.

Soy de aquí para siempre

Luego seré un árbol y sus frutos

Luego seré un océano cubriéndome

Luego regresaré

Con flores para mí

Otearé entre la tarde

Y despediré lo que quede del sol en lejanía

Soy de aquí

En tu recuerdo

Y eres del material que cubre mi descenso.

Somos arena

 y tierra

y horizontes

Somos la noche mientras vives los días y las noches

Somos la noche que ha reclamado lo que había de vida en

la mirada.

Soy de este momento pisoteado Y soy recuerdo del prado que

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