La historia de los desaparecidos en Colombia retratada una vez más

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El libro Joaquina Centeno, de la bogotana Marbel Sandoval Ordóñez, reencarna el drama de la eterna espera  y simboliza a miles de mujeres que buscan incansablemente, año tras año, a sus hijos desaparecidos por la violencia.

Una Colombia impune, donde el Estado oscurece la vida de los inocentes.


“Los recuerdos acechan
como liebres que duermen
con los ojos abiertos”
A. I. Serna

 

 

Joaquina Centeno
Marbel Sandoval Ordóñez
Colección Trazos y sílabas
Sílaba Editores
Páginas: 176
2017

 

 

 

 

 

Cada vez que buscamos, panorámicamente, algo que nos pertenece, entre criaturas y pasados simétricos, es buscarnos. Miramos atrás y vemos que todo es amplio como el vacío de la música.

Con la precisión de contornos, aparece y desaparece, aquello que huye de nosotros. Porque buscar, ante todo, es entregarnos a un baile, donde dejamos parte de la piel en lo que tocamos: es llenar los cántaros, medio atarantados, con nuestra lluvia.

Ulises, astuto y momentáneo, después de la guerra, entre mares, insinuando otros lugares, buscó por 10 años las orillas de Ítaca, aquella isla donde las arenas amarillas escribían su nombre y las aguas, entregadas a un vaivén, lo borraban desbaratando cada recuerdo.

Aquí, pues, Colombia, semeja aquellas aguas sin tiempo, nos borra a instante.

 

El libro Joaquina Centeno, de Marbel Sandoval Ordóñez, es sobre todo, una  búsqueda solidad de una madre por su hijo.

Un lunes 13 de septiembre inició el drama de Joaquina Centeno. Ella, una madre que llegó a la capital por desplazamiento cuando era niña. Allí, en una ciudad que empezaba a expandirse, construyó su vida.

Desplazados - Colombia

 

De joven conoció a Víctor quien sería su esposo. Se casaron y gestaron la familia Gamez Centeno, conformada por tres hermanos: Rafael, Mario y Joel. Hombres, pues, provenientes de una familia popular que se abrieron camino en la capital.

Joel, amante de las piedras desde niño, estudiante de Geología en la Universidad Nacional, salió ese lunes a clases como de costumbre. Sus padres Víctor y Joaquina esperaron su regreso que era antes de la siete de la noche. Esa noche, Joel no regresó. Ni al día siguiente, ni a la semana, ni a los meses, ni 30 años después. Su desaparición está ligada por ser testigo de un asesinato, días antes, de un docente de derecho de la universidad por parte del F-2.

Joaquina, entonces, día a día emprendió la búsqueda de su hijo. Una mañana, mientras leía la prensa –acostumbrados a su lectura en búsqueda de noticias de su hijo–  vieron la foto que habían entregado meses antes a un agente del F-2 en una noticia publicada en un periódico de Cali, donde Joel integraba una banda de secuestradores.

 

Desaparecidos - ColombiaDesaparecidos Colombia – Foto tomada de Wikipedia

Caso que, de modo sistemático, se convirtió en costumbre por la época del Estatuto de Seguridad y del surgimiento del  narcotráfico. Marbel Sandoval revela, en ciertos momentos, una Colombia impune, donde el estado oscurece la vida de inocentes.

Caso similar, años después, con los jóvenes de Soacha que fueron reclutados y días después aparecieron en diferentes zonas del país, vestidos de camuflados, como  bajas de combate.

Mientras Sandoval nos estremece, reafirmamos la premisa: tantos muertos, tantos desaparecidos, tantos olvidos, revolcándose en el sopor de la historia.

El libro Joaquina Centeno, cuenta con una ilustración de Luz Arango que se cifra en la portada. Se presagia, desde luego,  una ruptura entre dos seres: uno que, poco a poco, se diluye en la nada, mientras otro –la mujer—continua, pero el camino está roto por una mano que sale de abajo utilizando unas tijeras.

 

 

Recuerdo, esta vez, las tres Moiras, las tejedoras del destino. La primera, Cloto, traía en su rueca un ovillo de hilo, mientras Láquesis –la segunda—iba midiendo su longitud de destino. Y la tercera, Atropos, cortaba el hilo de la vida.

Aquí, pues, el encuentro queda detenido, sin ruido, cada vez más empolvado de resignación. Se repite, persiguiendo el camino con una carga, el mito de Sísifo y su enorme piedra cansada de rodar.

Insinúa, desde el primer momento, una búsqueda de la vida, del amor, de un hijo que nunca retornará a casa. Joaquina  reencarna el drama y simboliza a miles de madres que buscan, año tras año, a sus hijos desaparecidos por el Estado.

Mientras que Claudia, una voz que introduce de manera simultanea la autora a través de un monólogo, llora a sus tres pequeños hijos secuestrados y asesinados. Imágenes que, en este caso, exprimen un dolor que suena desordenando los huesos.

Esta obra, convertida en testimonio, es la voz de las madres cuyos hijos la violencia desaparece y asesina. Es, de forma entrañable, el germen para que el recuerdo permanezca y no chorree sobre los desaparecidos el olvido.

 

Foto tomada del portal Hola Ciudad

Y así: dueña de una escritura rápida, Marbel Sandoval, con elementos de la crónica, bajo el ritmo de una prosa que, depurada y precisa, narra la condición humana de buscar lo que nos pertenece. Variando técnicas narrativas nos estremece y reafirma las palabras de Ribeyro, donde una historia debe, singularmente, conmover.

 

Marbel Sandoval OrdóñezMarbel Sandoval Ordóñez – Foto tomada de W Magazin

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