Inconsecuentes

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Sería una irresponsabilidad mayúscula permitir que la ampliación de la concesión de la doble calzada vía Pereira-Cerritos-La Victoria, se haga desconociendo la realidad más apremiante que vive la movilidad de ese sector estratégico de la ciudad.  


 

 

 

Hasta donde tengo noticia se sigue negociando en Bogotá la ampliación de la concesión de la doble calzada vía Pereira-Cerritos-La Victoria.  El proyecto en negociación está adaptado más a las necesidades del transporte de carga que puesto en el contexto de la realidad del desarrollo de la zona occidental de nuestra ciudad.

 

 

Es verdad que se requiere incluir en esta nueva concesión la conexión entre la vía Pacífico 3 (que va de La Pintada a la Felisa, y de allí a La Virginia) y Cerritos, y que para ello es necesario darle un manejo a los ingresos que se derivan del pago de los peajes existentes, evitando incluir en la nueva estructuración alguno adicional.

 

 

No obstante estas entendibles razones, cuya pretensión es no dejar desconectada a Pereira de los corredores estratégicos de la economía nacional, sería una irresponsabilidad mayúscula permitir que la actual concesión gire exclusivamente en ese propósito, desconociendo la realidad más apremiante que vive la movilidad de Cerritos.

La carretera que hoy conecta este importante sector de Pereira fue producto de la visión y el estado de desarrollo de la ciudad en los años noventa, cuando la zona estaba poblada por fincas de recreo y propiedades agrícolas de grandes extensiones.

 

 

Hoy, en esta misma área viven muchísimas personas en una mezcla de estratos y diferentes actividades que se relacionan entre una margen de la vía y la otra.  Muchos necesitan cruzar para acudir a sus lugares de trabajo, otros para tomar un transporte urbano o dirigirse a las escuelas ubicadas en el sector.

El hecho cierto, del cual no me cansaré de hablar en estas columnas, es que, semanalmente hay uno o varios accidentes.  Y esto no sucede necesariamente por imprudencia de conductores o peatones, sino por el inadecuado diseño de la vía para su uso actual.

 

 

La carretera existente es una línea, sin cruces, intersecciones, paraderos de buses, pasos peatonales y otras necesarias infraestructuras que requiere con urgencia para funcionar acorde con lo que hoy es: una avenida urbana.

¿Quién se conduele por los accidentados  y  los muertos? ¿Y por los tiempos de retraso y las dificultades que plantea el estado presente de esta ruta, en términos de competitividad para las muchas empresas, centros logísticos, locales y centros comerciales, que hoy en día cohabitan con los condominios campestres, edificios, urbanizaciones y demás?

 

 

¿Serán tan indolentes nuestros dirigentes de permitir que se amplíe una concesión que no incluya las obras complementarias que se necesitan con urgencia?

¿Dónde están hoy las autoridades de transporte (Área Metropolitana, Secretarías de Infraestructura y Movilidad), para regular los paraderos de buses, la velocidad, la invasión de las bermas o interesarse siquiera por poner, como salida de emergencia a una crisis que ya tiene proporciones catastróficas, unos pasos semaforizados?

 

 

Y, finalmente, ¿ya se concertó el proyecto de ampliación de la concesión con la oficina de Planeación Municipal, despacho que realmente debería estar al frente de estas gestiones?

Mientras tanto, ¿a quién o cuáles de nuestras autoridades les vamos haciendo notar que estamos hablando de muchos lesionados y muertos?

 


 

 

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