La comida del exilio: la patria que se lleva en el cuerpo

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Podemos ser despojados de tierras, bienes y hasta de honra, pero si tenemos los alimentos que nos identifican, entonces hay motivos para reconstruir cualquier sueño en cualquier lugar.


 

 “Dime que comes, y te diré quién eres”

(Jean-Anthelme Brillat-Savarin).

 

En lugar de hablar, me gustaría antojar de comida y de recuerdos patriotas; y no precisamente por  mis gustos culinarios o  la afición a viajar, sino para gustarnos en el buen sentido de la palabra.

Y aclaro que no se trata de contrastar el gusto y el placer de comer, con teorías académicas. ¡No! eso aburre en cierta forma. Si el ají influye en nuestro temperamento o no, es una cuestión que poco interesa;  igual que si comer Piña trasnochada sirve como purgante natural, o tomar aceite de Oliva en ayunas destruye los cálculos y da buen tono a la piel.

Los chinos que acostumbran a ver en la comida remedios y los psicólogos formas de conducta, difieren de los escritores que tratan de conectar el sabor con el recuerdo por medio de las letras.Para iniciar, relataré que mi hermana quien vive en Miami,  subió una foto a su red social de una gaseosa y dos buñuelos. Nada fuera de lo común, aunque exista más comida en las fotos de Instagram que en África. Pero un comentario de una de sus amigas en ese mismo post fue lo peculiar: «¿Hasta por allá llega nuestra comida?». Y la respuesta lo fue aún más: «Si, gracias al TLC. Y que rico es disfrutar por acá lo que alguna vez comí en Colombia cuando era niña».

 

Tradicionalmente los buñuelos colombianos se hacen con Queso Costeño, un queso blanco nacional que es un poco salado y más duro que el Queso Fresco. Extraída de: Colombia me gusta.

 

Más que el hecho de si el TLC (Tratado de Libre Comercio) es bueno, malo o simplemente contraproducente para el país, la idea es que un colombiano donde quiera que esté siempre lleva la patria entre la maleta, la mente y el estómago.

La comida es una de esas curiosas alegrías que poseemos. Podemos ser despojados de tierras, bienes y hasta de honra, pero si tenemos los alimentos que nos identifica, entonces hay motivos para reconstruir cualquier sueño en cualquier lugar.

Y es un hecho doblemente feliz que, este instinto del hambre (y comer con gusto) esté menos rodeado de tabús y códigos sociales que otro, el sexual, por ejemplo. Las colonias colombianas en cualquier parte del mundo, compuesta de arquitectos, escritores, comerciantes, políticos, ingenieros, pintores o simplemente ciudadanos de a pie, se unen en torno a una comida y así cumplen la función de hacer patria.

 

CAFE DE COLOMBIA es la denominación que se le otorga al café 100% arábico producido en las regiones cafeteras de Colombia, delimitadas entre la latitud Norte 1° a 11°15, Longitud Oeste 72° a 78° y rangos específicos de altitud que pueden superar los 2.000 metros sobre el nivel del mar (m.s.n.m.). Extraída de: Mundo TKM

 

Es una clara evidencia que amamos nuestra tierra madre, cuando fuera de ella, buscamos productos como: chocolate Luker, Kola Granulada, leche Klim, Chocorramo, Chitos Yupi, Supercoco, Bom Bom Bum; arroz Roa, Diana; salsa Fruco; Frutiño; café Colcafe, azúcar Manuelita; fósforos Póker; cerveza Águila y un largo etcétera comercial.

O platos típicos como: La bandeja paisa, Mondongo, Ajiaco de gallina, arroz con carne y plátano, arroz con coco, carne a la llanera, sancocho de pescado, bistec a Caballo, entre otros productos que omito, no por nostalgia, sino por espacio y por que se nos puede abrir la molleja.

En nuestro país tenemos algunas de las mejores gastronomías de la región (México como primer lugar, luego Perú y Brasil), aunque lo sabroso se incentiva cuando los exiliados (los que están y los que estuvimos) recuerdan su comida.

 

También se le conoce como bandeja de arriero o bandeja montañera; esta comida es un plato contundente que consiste en servir los fríjoles y la carne molida con arroz blanco, huevo frito, chicharrón, chorizo, tajadas fritas de plátano maduro, aguacate y arepa. Extraída de: La Cocina de Bender.

 

Como dijo el escritor chino Lin Yutang en uno de sus tratados morales y pedagógicos, “La importancia de vivir”,  «¿qué es el patriotismo sino el amor por las buenas cosas que comimos durante la niñez?». Y que acertado el oriental, ya que el paladar nos convierte en patriotas afuera, aunque una suerte de tristeza nos embargue por no encontrar lo deseado en un mercado popular, una plaza, una galería o un Shopping Mall.

Es difícil para un colombiano en África tener que reemplazar la arepa por el cuscús, o por la Sopaipilla cuando está en Chile; o dejar de disfrutar el café oloroso de nuestras montañas quindianas y caldenses, por el café de soya tostada de Perú y Bolivia; o nuestro pan fresco, que venden en cada esquina de las ciudades, por las hallullas en Ecuador o las marraquetas en Francia.

 

La Changua es una de las recetas más interesantes que posee Colombia. Es una preparación diversa que combina varios sabores. Es perfecta para consumirla en los días donde hace mucho frío. Es ideal para soportar bajas temperaturas. Extraída de: Colombia.Com

 

Ni hablar de consumir porotos creyendo que son nuestros frijoles, o confundir ensalada de repollo por Chucrut alemán. Solo cuando por causalidad, encontramos un restaurante colombiano en una ciudad de América o en Europa, es que nos vuelve la patria al cuerpo. Y al comprarla o pedirla, ¡vaya que disfrutamos de la comida con todo el gusto que se demanda!

Se nos sale lo medieval al ver un caldo de Changua o de costilla de ternera; un pollo asado con miel; un ajiaco; un sancocho de pescado (Bagre o Cachama); fritanga (papas con guiso, rellena, patacones..) o simplemente arroz crocante. Sé que todos tenemos modales de etiqueta, pero a la hora del buen comer, lo que importa es sentirnos como en Colombia, como en casa.

 

El Sancocho de pescado colombiano es uno de los platos más típicos de Colombia. Tiene variantes en función de la región, pero es muy común en zonas de costa. Extraída de: Antojando Ando

 

No tenemos reparos en dejar de fingir que jugamos con el cuchillo y el tenedor para tomar la comida con la mano, por ejemplo, roer un hueso de pollo hasta que quede limpio, o golpear un hueso calambombo.   Prohibirnos comer con esa libertad es sentir la dispepsia, la melancolía, la neurastenia y otros males mentales peculiares que aqueja a quienes viven sujetos al «qué dirán».

Es cierto que en Colombia carecemos de una cultura gastronómica sofisticada -pero si con platos propios y deliciosos-,  y que no se acostumbra a enseñar a cocinar a nuestros hijos o hijas, como en Perú o México, sin embargo, en nuestra idiosincrasia preparamos platos a lo My Way” de Frank Sinatra, o sea, a nuestra manera, con nuestros toques, logrando sabores y tonos únicos.

La creatividad en los colombianos juega un papel muy importante, ya que como dice Gabriel García Márquez: «la virtud que nos salva es que no nos dejamos morir de hambre por obra y gracia de la imaginación creadora. Porque hemos sabido ser faquires en la India, maestros de inglés en New York o camelleros en el Sahara».

 

El relleno en este tamal es de pollo, tocino de cerdo, costillas de cerdo, huevo cocinado, zanahoria, arvejas, papas, arroz, condimentos y masa, todo envuelto con hojas de plátano. En la región del Tolima es tradicional comer Tamal Tolimense para el desayuno con chocolate caliente y arepa. Extraída de: A-Hotel

 

Así entonces, en esta imaginación de la que nos habla Gabo, un colombiano en Egipto podría fácilmente transformar el cuscús en arepas; o la sémola de trigo en buñuelos; el Sushi japonés en un rico viudo de pescado, eso sí a lo criollo, o sea con papas, porque el plátano en el país nipón es raro como escaso. Con este espíritu de reinventar las cosas en el exterior, se busca hacer patria con la gastronomía. y nuestra magia está ahí, porque se logra lo que se emprende.

Y entre otras cosas en el exilio es posible enterarse que, un bogotano posee una cancha de tejo en Madrid; un joven de Buenaventura alquila baños en Perú (lo presencié en Huarmey, región Ancash);   y un santandereano llora asiduamente frente a la estatua de don Simón Bolívar en Londres.  Nosotros en el exterior somos un país que flota dentro de otro país. Nos buscamos en los lugares comunes y en la idiosincrasia que plantamos; en la buena comida; los gustos y los buenos amigos que nos permitimos.

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