La educación virtual o el baile de los que sobran

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Por, Héctor Quintero H. |

Soy profesor universitario (de una entidad pública) que ama la presencialidad. Llevo seis semanas acompañando a mis estudiantes a través de la red. En realidad no sé si he llevado a cabo un proceso de educación virtual o un acompañamiento psicoafectivo usando medios virtuales. Tengo claro que no he gestionado un curso de autoformación, como los ofertados por las universidades abiertas y a distancia.

Igual sé que no he cumplido con la pretensión administrativa de desplazar las actividades y compromisos académicos de la presencialidad al espacio virtual. He utilizado cuatro plataformas para comunicarme (meet, zoom, Facebook y Wathsapp). En todas ellas he tratado de llevar información, agenciar encuentros, solicitar productos, enviar materiales, recrear la vida de mis estudiantes y acompañar en lo posible sus situaciones personales. El día de ayer les propuse hacer un baile virtual, preparé una lista de quince videos donde quise cerrar el acercamiento a dos autores importantes en la reflexión del conflicto (la categoría central de mi asignatura). Durante la organización del material ensoñé que mis estudiantes estarían dispuestos a compartir conmigo la “rumba” temática, dado que la mayoría de las canciones estaban relacionadas con ritmos que invitan el cuerpo al baile.

!Sorpresa¡ Solo una estudiante bailó conmigo dos minutos. Ella y los demás participaron desde el diálogo, el pensamiento, la reflexión conjunta y la anécdota. Algunos estudiantes hicieron aportes maravillosos con respecto al origen de las canciones, la vida de los autores y el contexto sociohistórico de algunas de ellos. Puedo afirmar que fue un espacio enriquecedor y bello. Sin embargo !No bailaron¡

Una de las canciones es  la que hizo famoso al grupo chileno “Los prisioneros”, hablo de “ El Baile de los que Sobran”.

A pesar del ejercicio académico, el interés por generar espacios de acompañamiento cercanos y amables y la búsqueda de materiales próximos al contexto, era evidente una especie de halo caracterizado por destellos de tristeza y desolación.

!Claro¡ Estábamos participando del baile de los que sobran. De un grupo de 23 estudiantes solo once de ellos se encontraban conectados. Los demás por diferentes razones, principalmente económicas, no estaban con nosotros. En esas dos horas y media no contaban con las facilidades necesarias para participar del encuentro académico.

En este baile de los que sobran hay varias frases lapidarias que cuestionan profundamente lo que estamos haciendo bajo el supuesto de aprovechar los recursos virtuales para continuar con los procesos de formación académica. “Ellos pedían esfuerzo, ellos pedían dedicación, ¿y para qué?, para terminar bailando y pateando piedras (…) Únanse al baile, de los que sobran. Nadie nos va a echar de más, nadie nos quiso ayudar de verdad.”

Los dos autores que estamos reflexionando proponen una diferencia sustancial entre solucionar y transformar un conflicto. A lo que estamos asistiendo es a una solución que no puede ser efectiva en un conflicto que sobrepasa el confinamiento a causa del COVID 19 para llegar a ámbitos mas amplios de la sociedad colombiana. El conflicto de la exclusión y la desigualdad en Colombia, las grandes brechas sociales, culturales y económica y el menosprecio a las mayorías por parte de las élites, no puede ser solucionado con acciones funcionales que suponen la “normalidad” de los procesos académicos, con plataformas y herramientas que fueron desarrolladas para otras formas de mentalidad.

Estamos en una profunda anormalidad que desvela la extensión del conflicto social en Colombia.” Nadie nos va a echar de más. Nadie nos quiso ayudar de verdad”. Las soluciones no ayudan de verdad, suelen aplazar y acrecentar los conflictos.

Para no avanzar en el componente macro del conflicto enunciado, asumo continuar con la narración de mi encuentro con los estudiantes.

Bailé durante gran parte del encuentro, acompañé reflexiones y sugerí ejercicios adicionales que no comprometieran la presión emocional en los asistentes.

En general los once estudiantes han avanzado en productos que dan cuenta de su esfuerzo descriptivo, explicativo y comprensivo. En términos cualitativos han apropiado elementos de los autores, asumido posturas, contextualizado conceptos, recreado situaciones donde pueden ser aplicados los conceptos y las relaciones entre ellos. Han sido diversos los materiales que he producido para que el acompañamiento pueda ser potenciador de su práctica académica.

Sin embargo, surge la pregunta : ¿qué va a pasar con los otros once estudiantes? Los que asisten al baile de los que sobran. MI respuesta es simple, debe pasar lo que se supone pasará con todos los que estamos confinados. Regresaremos a la vida pública después de haber gestionado el menor nivel de pérdida en las distintas dimensiones de la vida social. Y es claro que para esos once, o la mayoría de ellos, las gestiones sobre las pérdidas se están haciendo en otras esferas (alimentación, supervivencia, salud mental, seguridad, trabajo).

Como docente no me veo en la posición de declarar que los contenidos y desarrollos de habilidades promovidas por mi asignatura son esenciales y definitivos para el ejercicio profesional de mis estudiantes. Por ende, la sola idea sobre la gestión de la vida es suficiente para entender que ya somos victoriosos de forma individual y colectiva. Esos seres humanos merecen ser echados de menos, pensados, recreados y valorados.

Algo valioso de este último encuentro es que algunos estudiantes propusieron un baile futuro, un encuentro donde bailar signifique compartir, estar juntos, disfrutar de la cercanía. No podemos convertir en tendencia esta educación virtualizada, debe ser simplemente un viento pasajero. La esencia de la vida universitaria es la cercanía, el encuentro, la dramática y la proxemia.

Lo otro son espejitos para mitigar en parte lo que para muchos es inmitigable.

*Médico y docente universitario

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