La lengua Umbra

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La reconstrucción de mundo a partir de cada habla es singular


 

En el año 1995, el profesor de la Universidad de Caldas Guillermo Rendón, mientras realizaba unas exploraciones de campo por los lados del corregimiento de Bonafont (Riosucio, Caldas), se encontró con la evidencia de que existía un idioma ancestral no identificado en los inventarios especializados.

Este lenguaje fue hablado por los habitantes ribereños del río Cauca, y en la parte alta de estos territorios, en lo que hoy conocemos como Anserma, nombre que según sus investigaciones proviene de la palabra anzer (sal en lengua umbra).

La estructura semántica de esta lengua es compleja, y su descripción por parte del profesor que la descubrió nos remite al estudio de la lingüística.

 

Fotografía extraída de: Agenciadenoticias.unal.edu.co

 

Para recrear un poco la complejidad del asunto, voy a citar textualmente uno de los apartes del libro “La Lengua Umbra: Descubrimiento, Endolingüística, Arqueolingüística”, del profesor Rendón (Doctor en Etnografía de la Universidad Humboldt de Berlín):

“El hecho es que la lengua Umbra presenta una tal abundancia de fonemas rozantes en el gesto, una tal profusión de expresiones tan directamente ligadas a los actos, que nos traslada a un arquetipo de los más antiguos que sea posible hallar, o tan siquiera imaginar. Muchos de estos sonidos son tan primarios, que bien parecen remitirnos a una arqueolingüística, a los primeros principios de la lengua en la vida de las cavernas, o un poco antes, en la vida de los homínidos: sonidos superpuestos a gestos de orden primario, rudimentario, diríase, la onomatopeya y la mimación, unidos de modo indesligable; gestos unidos a sonidos que reproducen el esfuerzo, el dolor, el miedo, el sigilo, el secreto, el suspenso, el grito o el susurro, antes del nacimiento del sonido verbal y de la palabra”. 

Es importante recordar que la reconstrucción de mundo a partir de cada habla es singular, pues este es un ejercicio de acotación en donde, a través de la palabra, se delimita el infinito y su interacción con él: el mundo descrito por cada lenguaje es propio, pues da cuenta de una peculiar forma de insertarse en el universo y relacionarse con él.

 

Fotografía: Diego Val.

 

Por ello, resguardar un lenguaje ancestral equivale a guardar esa particular forma de ser y estar en el mundo que dicha lengua reconstruye.

En este orden de ideas, cobra sentido lo que me dijo Yoany de Jesús Largo Trejos, habitante de Quinchía y hablante Umbra:

“Para enseñar lengua Umbra hay que internarse en su mundo, que es otro distinto al del español”. 

 

Fotografía: Diego Val.

 

Los habitantes de Quinchía, Risaralda, lugar donde desde tiempos pre-coloniales se viene hablando Umbra, quieren que la Gobernación de Risaralda les destine un profesor de tiempo completo para la enseñanza y preservación de este tesoro ancestral.

Aunque el esfuerzo económico requerido para llevar a cabo este propósito no sea excesivo, sí necesita la comprensión de su valor simbólico como protección de nuestro patrimonio cultural. Ojalá el Gobernador Sigifredo Salazar se encargue de realizar lo pertinente para garantizar que esta lengua, desaparecida por muchos años y recién descubierta, no se pierda nuevamente, y esta vez, definitivamente.

 

Fotografía: Diego Val.

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