La solidaridad y el abandono

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El pasado fin de semana, personas cercanas sufrieron un grave volcamiento cuando circulaban por vía rural de Santa Rosa de Cabal.  Más concretamente, en la vereda Cedralito Alto.  

No se presentaron lesiones que lamentar, más allá de los daños del vehículo, que permaneció dos días en el lugar debido a lo maltrecho del camino.

Cedralito Alto está compuesta por un conjunto de casas y parcelas dispersas, en donde los cultivos principales son la cebolla, el cilantro y las plantas aromáticas.  Sus vistas son hermosos paisajes de montaña coqueta, que menea sus guaduales mientras le guiña los ojos al río Otún.  

Frecuentada masivamente por ciclistas, que recorren con gran esfuerzo la empinada vía, vale la pena conocerla a pesar del difícil acceso. Acerca de la carretera, los lugareños no entienden por qué se encuentra en tal abandono.  

 

solidaridad 

No solo es el boquete por el que se deslizó el vehículo en cuestión. La ruta está llena de pasos peligrosos, deslizamientos, pérdidas o socavaciones de la banca, sin que nadie se haya preocupado siquiera por señalizarlos.

El accidente nos permitió entrar en relación con los pobladores, campesinos en su gran mayoría, portadores de una amabilidad y solidaridad que restituyen la fe en lo humano.

Para ilustrarlo, dos sencillos ejemplos.

Avanzada la noche, esperábamos la posibilidad de retirar el vehículo, acompañados únicamente por la oscuridad y el silencio. Uno de esos que permite oír hasta las conversaciones de habitación en casas relativamente lejanas.  Sentados en el carro, intentábamos dar realidad a nuestro deseo de que apareciera la grúa.  Pero, las luces se dispersaban en el camino, y nuestra ilusión se iba a pique.  

En ese estado de ánimo, vino a encontrarnos una pareja vecina del sector. Gloria y Argemiro traían para nosotros un termo con café recién hecho y varios pocillos de su propia vajilla.

Al día siguiente, al arribar para reanudar la jornada, encontramos a varios habitantes de la zona: jóvenes labriegos, madres y sus hijos, niñas pre adolescentes, hombres de mediana y avanzada edad.  Querían ser partícipes de la novedad.  

 

 

Pero, no solo estaban allí en busca de la acción que prometía el rescate.  A la hora de requerir su ayuda, todos se aprestaron a tomar el lazo que evitó un nuevo volcamiento.  Con palos y manos retiraron el capote, e hicieron hueco a la llanta extraviada. Juntos, operarios y vecinos, fueron logrando arrancarle el carro al abismo, izado por el brazo mecánico y luego asentado en tierra firme con la ovación correspondiente.

En ningún momento solicitamos su colaboración. Todos fueron gestos espontáneos, dirigidos por una solidaridad innata que acompaña a las gentes del campo.

No se comprende entonces cómo es que esta colectividad, valiosa y unida, está abandonada a su suerte, exponiendo su integridad al circular por una vía en tan mal estado.  Así: ¿cuál competitividad?, ¿cuál turismo?

Mientras esto sucedía, el concejal conservador de Santa Rosa de Cabal, Ramón Cardona, decía sacando pecho en el recinto del cabildo local, que: “la ley, como las mujeres, se hicieron para violarlas”. Juzguen ustedes.

 

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