Lo que me contaron.

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Es lamentable la situación de las ligas deportivas risaraldenses. Personajes vinculados a la politiquería local se han tomado los cargos directivos para  disponer a su antojo  de los escenarios y los dineros asociados a las labores de formación, sin velar por su óptimo desarrollo y funcionamiento.


 

 

A propósito de una reciente columna en la que hablaba del deporte en Risaralda, he recibido mucha información proveniente de distintas personas relacionadas con este tema.

Empiezo por las familias.  Se han comunicado conmigo allegados de niños y niñas que entrenan con los grupos de las diferentes ligas.

 

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Lo que me cuentan es que se ven sometidos a una especie de manipulación.

 

Les cobran por el entrenamiento, pero quienes usufructúan de las instalaciones (algunas de ellas dependientes de la Secretaría municipal y otras de la departamental), no aportan en nada a su mantenimiento. Ni siquiera se encargan de lo mínimo: el aseo, la vigilancia, etc.

Adicionalmente, deben comprar los uniformes (obligatorios en muchos casos) que resultan, en ocasiones, siendo otro de los “negocios” de quienes administran todo el proceso.  

 

 

Muchas veces, los espacios están siendo subarrendados para otros menesteres, que nada tienen que ver con la disciplina en cuestión. Y, así, una gran cantidad de irregularidades.

Estuve conversando con el Secretario de Deportes del Municipio, Gustavo Rivera, quien, ante mis inquietudes, me contó sobre las adecuaciones que han adelantado en las instalaciones de la Villa Olímpica.

Y sobre los planes que tiene para ir mejorando las demás a su cargo.

 

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Entre otras cosas, comentamos que, de vieja data, varios personajes vinculados a la politiquería local se han tomado los cargos directivos, manipulando la representación a través de clubes fachada, para hacerse con las ligas.

Esto les permite disponer a su antojo  de los escenarios y los dineros asociados a las labores de formación.

 

 

El deporte maneja un presupuesto nada despreciable, que se gasta en buena medida en el sostenimiento de los procesos deportivos en los que está anclada esta corrupción.

Las entidades de control deberían entrar a revisar con lupa los fondos que por allí se ejecutan.

Es necesario verificar el estado de todos los escenarios de Pereira (y ojalá de Risaralda), para saber quién está al mando, en calidad de qué, y cuáles son las actividades que en cada caso justifican la inversión de recursos públicos.  

 

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De todo este desorden, los realmente damnificados son nuestros jóvenes, que necesitan y quieren hacer ejercicio, y a los cuales no les corresponde (ni a ellos, ni a sus familias) entrar a regular las políticas públicas que finalmente nos llevarán a tener no solo una población saludable, sino una buena representación en los torneos de orden nacional e internacional.  

Entendí que esto funciona muy mal en los deportes colectivos, en los que a nivel nacional somos invisibles, sobresaliendo apenas en los individuales como ajedrez, tiro con arco, entre otros.

 

 

Porque, en vez de enfocarnos en fomentar desarrollos de largo aliento y de base, les estamos pagando a los deportistas individuales destacados para que nos representen.

 

 

Lo cual puede no ser malo, pero no tiene por qué ir, necesariamente, en detrimento de las disciplinas de conjunto.

En general, necesitamos enfocarnos en la consolidación de logros consistentes en todos los campos.

Y esto será imposible, mientras en el deporte estén anclados como sanguijuelas los que se aprovechan del erario público.  

 


 

 

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