Los intelectuales, la violencia y el poder. El caso de Jorge Gaitán Durán (1924-1962)

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El caso del poeta Jorge Gaitán Durán llama la atención en la historia social de la literatura porque fue uno de los hombres de mediados del siglo XX que hizo del ejercicio de escritor una profesión.


Por: Carlos Builes

Texto publicado originalmente en: Analecta Política de la Universidad Pontificia Bolivariana

 

Introducción

La historia social de la literatura en Colombia es otra forma de interpretar los acontecimientos históricos a partir la mirada del mundo de la literatura y las artes. Así mismo, es una hermenéutica de los escritores no sólo desde sus obras sino como parte de un contexto social, económico y cultural de un país. Las relaciones literatura y nación pasan por la construcción misma de la identidad colombiana. Es por eso que, cuando se pregunta por la función social de los intelectuales, se está indagando por el ejercicio mismo de lo político. El poder simbólico del lenguaje ha sido utilizado por la religión y el Estado como formas de comunicación y dominación. Detrás de la palabra se esconde la red social del deseo y el poder.

Los escritores, poetas, artistas, actores y directores de teatro y cine colombianos de la década de los años cincuenta por un sin número de condiciones históricas se encontraron y conformaron relaciones de confrontación y de amistad que llegaron a producir un escenario estético profesional como no lo había visto la primera parte del siglo veinte. Todas aquellas duras circuntancias políticas, sociales y económicas que miles de hombres y mujeres sufrieron en las fratricidas guerras llamadas “Época de la violencia” fue el carbón que encendió el espíritu creativo de muchos artistas e intelectuales que llamado por su responsabilidad social quisieron iluminar e interpretar desde lo estético aquellos trágicos años.

Visto de esta manera es necesario afirmar que la dicotomía ética estética que generaciones anteriores de escritores habían practicado en Colombia fue conjurada por estos intelectuales de los años cincuenta y que para el caso de este artículo resalta la figura dominante en lo cultural y literario del poeta Jorge Gaitán Durán. Su corta, pero intensiva vida fue casi integramente dedicada a descubrir el alma colombiana y a conectarla con el mundo. El concepto de intelectual total o profesional puede ser aplicado sin lugar a dudas a la obra y vida de este intelectual que entendió su postura y función como la forma de marcar a sus compatriotas y a las instituciones culturales y políticas de la época.

 

El espacio social nacional

La década de los cincuenta en Colombia fue un espacio social marcado por las contradicciones entre un país católico, rural y semifeudal que se abría paso lentamente hacia la segunda fase de industrialización, esto es, a la tecnificación de la producción del café y de la caña de azúcar, la explotación del petróleo, el hierro y el acero. Así como a la consolidación de los grandes centros textileros en los nuevos centros urbanos, que eran diseñados con metodologías de planeación económica y urbana, venidas en particular de Estados Unidos y Francia. Sin embargo, aquellos vientos de modernidad industrial no se acompañaron de modernidad política.

Más de 200.000 colombianos muertos en el conflicto hicieron de aquella década el espacio de una guerra fratricida que había sido declarada en tribunas y púlpitos por los partidos liberal y conservador que, en nombre de Dios y de la patria, escribieron una de las páginas más sangrientas de la historia colombiana. De esta forma, se cambiaron las relaciones de compadrazgo y vecindad por una cacería de brujas que más recordaba la época de la Inquisición que los buenos augurios que la modernidad económica proclamaba en la mitad del siglo XX colombiano.

Un gobierno de corte falangista español, el de Laureano Gómez (1950-1953), una dictadura impuesta con la ayuda de los partidos, la del General Gustavo Rojas Pinilla y una alianza bipartidista: el Frente Nacional, pactado entre los mismos partidos políticos que habían hecho la guerra civil, llamada “época de la violencia” (Guzmán, Fals & Umaña, 2010, p. 464). Su primer presidente fue Alberto Lleras Camargo (1958-1962), miembro del grupo literario “Los Nuevos”. En el campo social había una pobreza generalizada, con una tasa de analfabetismo superior a la mitad de la población, una incipiente pero activa clase obrera, vigilada y controlada por los órganos policiales, así como una miserable infraestructura vial1 que mantenía aisladas las regiones entre sí y que impedía la consolidación de un mercado de bienes y capitales.

De acuerdo con Vejarano (2008), Las vías de comunicación eran en extremo deficientes. La mayoría no estaban pavimentadas, las carreteras existentes entre las principales ciudades eran estrechas, llenas de huecos y casi intransitables en invierno. Las fuertes pendientes, las curvas de radio y la baja resistencia de la mayoría de los puentes dificultaban su uso por parte de camiones pesados, con lo cual el transporte de productos se hacía extremadamente tortuoso e ineficiente. (p. 44) El campo cultural era una prolongación del campo social y político colombiano y respondía a las condiciones históricas del tiempo. Una élite política y cultural bien educada, normalmente en el exterior. París como centro cultural y literario por excelencia; Londres y Estados Unidos como los centros económicos y tecnológicos; España como inspiración de un proyecto político, el de un falangismo a la colombiana; y para un pequeño grupo de intelectuales simpatizantes del realismo social estaban: México, Cuba y Buenos Aires, que hacían de bisagras culturales entre las vanguardias europeas y las tendencias latinoamericanas.

 

Las condiciones del éxito de Gaitán Durán

Jorge Gaitán Durán nació en 1924 en Pamplona, una pequeña ciudad colonial con gran prestigio histórico, político y cultural. En su fundación fue un puente entre la empresa libertadora colombiana y venezolana. Muchos artistas e intelectuales de la época se movían entre estos dos países gracias a las becas y ayudas estatales que Venezuela ofrecía a estudiantes colombianos. Era hijo del ingeniero Emilio Gaitán Martín, quien trabajó en la construcción del ferrocarril de Cúcuta y de Delia Durán Durán, hija del general Justo L. Durán, de una familia de políticos liberales y propietarios de tierras en el departamento del Norte de Santander (Aleixandre et al., 1990, pp. 263-275).

La primera formación de Gaitán la pasó en Cúcuta, ciudad fronteriza a la que estaría unido durante toda su vida. Cúcuta era la ciudad en la que su familia tenía sus negocios y fue entre Cúcuta y Pamplona donde conoció a su amigo y fiel compañero de Mito, Eduardo Cote Lamus. De Pamplona era originario también su gran amigo, el pintor Eduardo Ramírez Villamizar, personaje que en la plástica sería el pionero en la abstracción geométrica en Colombia. Años más tarde, ambos viajaron a Bogotá para realizar estudios universitarios.

Gaitán estudió primero ingeniería, como su padre, en la Universidad Nacional de Colombia, pero un año más tarde se retiró para comenzar derecho en la Pontificia Universidad Javeriana, la de los jesuitas, una de las más prestigiosas de la época. Allí entabló amistades que más tarde harían parte de su proyecto cultural, entre ellas la del P. Jaime Vélez, el filósofo más relevante de la época.

 

La búsqueda de la creación como profesión (las relaciones entre obra y campo), 1944-1950

Su viaje a Bogotá era el paso obligado de quienes aspiraban a una mejor formación, pero, igualmente, de aquellos que tenían ambiciones económicas y políticas. El estudio del derecho le aportó los elementos jurídicos y políticos que más tarde serían fundamentales para interpretar y cuestionar la situación nacional, así como los instrumentos legales para moverse en el mundo de empresarios y negocios de la cultura.

Gracias a su capital económico familiar, Gaitán podía permitirse una vida burguesa y bohemia; además, podía comprarse las novedades de libros extranjeros de la época que eran distribuidos por la Librería francesa y por la famosa Librería Buchholz, cuyo dueño, Karl Buchholz, había creado alrededor de su librería una tertulia literaria entre los intelectuales y escritores de la época. Entre sus lecturas se encontraba las obras de Marx, Marcuse, Bataille, Valéry, así como una afición natural hacia las artes y el cine.

Lecturas e influencias disímiles que determinaron su entrada al campo literario nacional a través de sus primeros escritos. La Escuela Normal Superior, creada en el gobierno liberal de López Pumarejo en 1936 tuvo un papel preponderante en la consolidación de “las condiciones para la formación de los primeros educadores de pensamiento crítico, además de inaugurar la enseñanza mixta en Colombia” (Sarmiento, 2006, pp. 304-305). Durante la guerra civil española arribaron a Colombia hombres de letras y artes.

En los años de la postguerra europea, llegaron de Alemania Fritz Karsen (director del Instituto Karl Marx de Berlín); de Francia, Paul Rivet (fundador del Museo del Hombre en París y creador en Colombia del Instituto Etnológico); y de España, Francisco Cirre (literato), Manuel Ussano (médico) y Francisco Veera (matemático), entre otros. La Escuela sería cerrada por el presidente Laureano Gómez, el alfil franquista en América Latina.

La necesidad por convertirse en un escritor y un hombre de cultura lo llevó a trabajar en el periódico El Tiempo (1947-1949), como comentarista y crítico de arte y cine . El Tiempo era un periódico de la familia Santos (parientes del actual presidente de la República, Juan Manuel Santos) y el hegemónico de la época. Años más tarde trabajaría en el periódico El Espectador (1959-1962) de la familia Cano, que organizaba una tertulia literaria vanguardista con representantes de la oposición franquista. Fue allí donde él conoció a Eduardo Zalamea Borda4 subdirector de EL Espectador y a Gabriel García Márquez, quienes hacían parte del Grupo de Barranquilla.

Todos ellos, entre 1948 y 1951, hicieron parte de la revista cultural Crítica fundada por Jorge Zalamea Borda, quien “extenderá esa voluntad de Los Nuevos de conectar la literatura colombiana con las corrientes del más diverso origen en la búsqueda de una voz polifónica y universal” (Sarmiento, 2006, p. 286). Crítica se anticipó a Mito en la divulgación de las tendencias de vanguardia europea y norteamericana entre el público culto y de vanguardia de la época (Gilard, 2005, pp. 13-58). En medio de aquel ambiente cultural, Gaitán Durán publicó en 1946 (tenía 22 años) su primer libro de poesía: Insistencia en la tristeza, dedicado a Hernando Téllez y a Eduardo Carranza.

Y en 1947 publicó: Presencia del hombre, en el que dedicó su primer poema a Jorge Rojas, uno de los fundadores del grupo Cielo y Piedra . En Bogotá, Gaitán Durán era también un empresario de la cultura. El mundo de los negocios estuvo cercano a él, quien tenía la audacia de entrelazar el mundo cultural con el editorial y el político. Eso explica por qué tan tempranas sus publicaciones. Aquella red empresarial, de influencias culturales y políticas alrededor de periódicos, tertulias literarias, amistades con representantes tradicionales de la cultura, así como con los vanguardistas, le permitieron posicionarse como poeta, escritor, crítico de cine y arte. Entre tanto, la situación política y social ardía en Colombia.

En 1946 lllegó a la presidencia Mariano Ospina Pérez, empresario conservador que había derrotado a los dos candidatos liberales Jorge Eliécer Gaitán y Gabriel Turbay. Era el final de 16 años de reformas sociales y liberales en lo cultural que promovían la separación Estado-Iglesia y una educación laica. Se intentó promover una cierta modernización secular en el país. Fue durante los años 1946 y 1958 cuando el fenómeno de la llamada “Violencia” se agudizó.

Hubo entonces una extraña fusión de criminales pagados (Los Pájaros, entre otros), policía conservadora (Chulavitas) y guerrilleros liberales (Chusma) que, con el uso de los medios más sanguinarios, provocaron miles de pérdidas humanas y materiales, especialmente en el campo colombiano. Las causas de dicha confrontación partidista tenían origen ideológico y moral contra comunistas, masones, ateos y sindicalistas, pero la causa de fondo remitía a la lucha por tierras y regiones estratégicas como las zonas azucareras, cafeteras, ganaderas, centros mineros y petroleros del país. Las migraciones hacia las ciudades provocadas por la nueva industrialización y por la expropiación de tierras por causa de la violencia, generaron un frente campesino y obrero de relativa fuerza política en Bogotá que se encontraba representado por Jorge Eliécer Gaitán, quien en 1948 pudo aglutinar las tendencias liberales alrededor de su nombre como candidato presidencial.

El 9 de abril de 1948 Jorge Eliécer Gaitán fue asesinado. Como consecuencia del asesinato del líder popular, el pueblo en masa salió a protestar por las calles de Bogotá y de otras ciudades. Su asesinato fue el punto de quiebre institucional más determinante de mediados del siglo XX . Jorge Gaitán Durán, liberal como su madre, lector atento del marxismo, el mismo día de la muerte del caudillo, como era llamado Jorge Eliécer Gaitán, hizo parte de la toma de la emisora Nacional de Colombia. El burgués liberal y provincial se había convertido, por unos instantes, en el agitador social que intentaba orientar las revueltas populares en contra del gobierno conservador. Todo aquello finalizó en el caos y la anarquía y dejó centenares de muertos y a Bogotá semi destruida.

En 1949 surge un nuevo grupo de poetas denominado Los Cuadernícolas en el que aparecen Gaitán Durán, Fernando Charry Lara y Álvaro Mutis, entre otros. Hernando Téllez comentaba en El Tiempo ese mismo año: “estos poetas creen que la revolución poética se halla en las palabras… son esclavos del mito de la novedad y los obsesiona, ante todo, la originalidad de la forma” (Sarmiento, 2006, p. 259). De esta primera etapa de la trayectoria de Gaitán se puede deducir que _–por las condiciones familiares: herencia económica y política de su familia, reforzada con una educación en colegios privados y universidades de prestigio, así como el deseo personal de salir de la provincia hacia la capital para continuar sus estudios– quería continuar y mejorar su herencia económica y cultural familiar por el deseo de ser un intelectual profesional.

La acumulación de nuevo capital simbólico en Europa, Asia y América Latina (su diario de viajes) En mayo de 1950 Gaitán, emprendió un largo viaje por Europa, la Unión Soviética y China. Fue un viaje provocado, en parte, por las condiciones políticas colombianas del momento, pues él estaba siendo investigado por el Estado colombiano debido a los hechos antes anotados del Bogotazo. Pero aquel viaje también estaba motivado por el deseo personal de conocer el mundo y de acumular capital cultural que le permitiera asumir una postura como intelectual. Su holgada posición económica familiar le posibilitó vivir desde 1950 hasta 1953 en París, como centro de sus viajes.

Los viajes: la poesía como expresión del mundo La reconstrucción de sus viajes se puede hacer desde diferentes prismas interpretativos. Primero, a través de sus Diarios (Gaitán, 1975), que fueron escritos en forma cronológica, pero cuyos textos no son historias de relatos, sino textos poéticos que dejan entrever sus experiencias, no como un reportero cultural (Ryszard Kapuscinski), sino como poeta. Otra fuente de reconstrucción de aquellos viajes son las cartas que escribió a sus amigos (E. Cote Lamus, Hernando Valencia Goelkel, Hernando Téllez y Caballero Bonald) en donde aparecen elementos y comentarios sobre las dificultades y aventuras que vivió, así como de sus futuros proyectos. Otra fuente de información de sus viajes se encuentra en los comentarios y artículos que él mismo escribió en la revista Mito años más tarde.

En París asistió a cursos de cine en el Instituto de Altos Estudios Cinematográficos (Idhec) y cursos de filosofía con Maurice Merleau-Ponty en el Colegio de Francia. La ciudad de París de los años cincuenta era el centro cultural más relevante en la república mundial de las letras . Allí se nutrió de las nuevas tendencias estéticas y políticas alrededor de Sartre, Simone de Beauvoir, Merleau-Ponty y Camus, entre otros.

Les Temps Modernes, así como las principales revistas literarias y culturales de la época: Critique, Esprit, La Nouvelle Revue Française y la Nouvelle Critique lo inspirarían en el proyecto de fundar una revista de vanguardias en Colombia. También conoció las tendencias del cine y del teatro, en particular a través de la figura de Bertolt Brecht, quien vivía en París por aquellos años. Leía y compraba libros que estaban de moda y descubrió poetas de otras culturas que pudo dar a conocer más tarde en Colombia, como el poeta turco Nazim Hikmet . Pero París no sólo fue la fuente de inspiración cultural, también su alimento pasional.

Fue allí donde conoció a Dina Miscovici (seudónimo Hannah), una artista brasileña, con quien tuvo una hija. Durante los años 1950 y 1951 viajó por Europa, incluida una parte del Este. En Varsovia descubrió que un pueblo, cuando reconstruye su ciudad, se constituye a sí mismo. Esa primera experiencia con Polonia fue un momento de constatación positivo entre las teorías marxistas que leyó en Colombia y el proyecto soviético en la práctica. Después recorrió los clásicos centros culturales europeos y escribió relatos poéticos de artistas, de pinturas y de monumentos que le impactaron. Estuvo en Venecia, Florencia y Roma; en Bruselas y Brujas; en Rotterdam y Amsterdam; y en Basilea, en Suiza. En septiembre de 1952 emprendió un largo y apasionante viaje por Rusia y la China.

Esta parte de sus Diarios son relatos de experiencias y reflexiones de la vida cotidiana de rusos y chinos. Cuenta también sus visitas a teatros, museos, bibliotecas y parques de Moscú. Establece comparaciones con la gran literatura rusa, el comunismo estalinista y los sufrimientos de los rusos para sobrevivir. Le impresionaban las largas filas que la gente tenía que hacer para abastecerse de comestibles y para recibir los artículos de primera necesidad. Y en un comentario que él mismo hace, cuando la revista Mito le publica parte de sus Diarios, se distancia de una posible militancia comunista: Estas notas fueron escritas hace cuatro años, a medida que transcurría mi viaje por la Unión Soviética y China… Ojalá sirvan a lo menos de respuesta a los reaccionarios que me llaman comunista y a los comunistas que me llaman reaccionario.

Apenas son el testimonio, probablemente ineficaz, de un hombre que pretende ser libre. (Gaitán, 1975, p. 42) Pasó por Moscú, Novosibirsk, Irkutsk, Ulan Bator, el Desierto de Gobi y Pekín, donde descubrió la magnificencia de la China imperial y los polvorientos suburbios de la ciudad. Su viaje por China lo hizo acompañado del libro de Richard Wilhem, Histoire de la Civilization Chinoise. Es alrededor de la cosmovisión china que intenta leer todo aquello que estaba viviendo.

Aquella relación intrínseca tan particular que hacía la tradición antigua china entre la filosofía, la magia y la religión; y las compara con la escisión filosófica que el pensamiento occidental hace de ellas para construir su ego. La naturaleza en el mundo chino, a diferencia del hinduismo, tenía un papel destacado, y esto lo podía observar y contemplar en los templos taoístas o en sus danzas yen y en sus rituales, pero sobre todo, en su organización estética y orgánica. Y agregaba: “¡Qué diferencia con la manifestación monstruosa, inhumana, presencia apenas de la presencia en bruto, que vi el año pasado en Berlín Oriental!” (Gaitán, 1975, p. 256).

Aquel viaje a Berlín Oriental no aparece registrado en sus diarios, solo la nota anterior. Visita también la Muralla China y el pequeño caserío de Tientzun, que analizó de forma detalla, pues quería comprender cómo aquel poblado primitivo pasó de ser un feudo de terratenientes a una región próspera y moderna de campesinos con tierra que, a través de cooperativas, lograba vender sus mercancías y elevar su poder de adquisición para incrementar la industrialización del país.

Y comentaba Gaitán: “Tal aumento de la producción es la clave del porvenir de China, y por eso la Reforma Agraria no es solamente la pieza básica de los planes del Gobierno Popular, sino todo el contenido de la revolución democrática de tipo nuevo” (p. 260). La acumulación simbólica de capital cultural que él adquiría en sus viajes fue perfilando su proyecto como intelectual y su función social en Colombia. En 1959, ocho años después, escribirá su ensayo cumbre La revolución invisible, apuntes sobre la crisis y el desarrollo de Colombia. En enero de 1953 volvió a Francia a Bagneux, un pueblo cerca de París, donde vivía con su esposa e hija.

Fue el momento de reflexiones, comparaciones, análisis en torno al comunismo, a la industrialización basada en el conocimiento, al humanismo en contra del mecanicismo. Una síntesis de sus viajes y una confrontación con las teorías que había leído. El terror de la conformidad burguesa, pero el de la burocracia de la dictadura del proletariado, lo cuestionaba. Aquellos viajes lo hicieron vivir y sufrir una contradicción consigo mismo, con su posición burguesa y con todo lo que creía. Y fue más intensa cuando, desde París, descubrió la doble moral de los países democráticos: “Se habla insistentemente del proceso contra los alemanes a Oradour.

Este crimen se repite en Colombia desde hace siete años (1946). La diferencia reside en que nuestros innumerables campesinos asesinados no han inquietado a la atareada conciencia occidental” (Gaitán, 1975, p. 27). Todas estas meditaciones intelectuales y vivencias en sus viajes, terminaron con una lacónica frase: “Para los intelectuales, la Revolución comienza después de la Revolución” (Gaitán, 1975, p. 277). En mayo de 1953 visitó España. Viajó por Castilla, pensando en su poeta tan cercano, Antonio Machado. En Madrid lo impresionó mucho El Greco.

Hizo un detallado relato de su encuentro con Vicente Aleixandre (Gaitán, 1975), una de las figuras de más peso literario en la España de los años cincuenta y con quien mantuvo una amistad intelectual hasta su muerte. Visitó El Escorial, Ávila y a su regreso a Madrid donde se reunió con sus amigos colombianos en el Colegio Mayor de Guadalupe: Eduardo Cote Lamus, Rafael Gutiérrez Girardot  y Hernando Valencia Goelkel. Allí hizo amistades con los latinoamericanos: Luis Cardoza y Aragón, Ernesto Mejía Sánchez y Ernesto Cardenal, entre otros.

Conoció a José Manuel Caballero Bonald y por medio de él y sus amigos colombianos entró en contacto con el campo literario de la Madrid de la época a los hermanos Goytisolo y a Jorge Guillén, entre otros. Y entró en contacto con el mundo editorial catalán por medio de Barral y Janes. Era la época de Camilo José Cela, del franquismo y del Opus Dei en su expansión hacia América Latina y del reintegro de España a la ONU. París fue la inspiración de toda su empresa pero fue es en Madrid donde se proyectó al mundo hispanoamericano. Su gira europea concluyó en el año 1954 en Londres con la visita a su amigo colombiano Pedro Gómez Valderrama (1923- 1992).

Más tarde sería director de Mito y Ministro de Educación en el Gobierno de Alberto Lleras Camargo. De regreso a América Latina pasó por Brasil porque allí vivía la familia de su esposa Dina y en Rio de Janeiro permanecieron dos meses. Es probable que allí haya establecido contactos con el escritor brasileño Carlos Drummond de Andrade quien fuera parte del comité patrocinador de Mito un año después.

 

Conclusión

El caso del poeta Jorge Gaitán Durán llama la atención en la historia social de la literatura porque fue uno de los hombres de mediados del siglo XX que hizo del ejercicio de escritor una profesión. Hubo otros tan grandes como él pero sólo él mantuvo la libertad de su trabajo porque se desvinculó económica y políticamente de padrinos e ideologías. Gracias a su herencia económica y cultural pudo estudiar, aprender idiomas, viajar y darse una vida de intelectual burgués.

Llama la atención que, considerado como burgués, sus primeros años como comentador de cine y pintura, su obsesión fue cómo contribuir para que aquella Colombia provincial, atrasada y pobre se convirtiera en una nación competente e independiente en el concierto de las naciones. Soñó, como muchos, con la revolución, pero para él la revolución debía fraguarse en lo cultural y en las mentalidades para que tuviera fundamento.

Poeta, ensayista, crítico de cine y pintura, gestor cultural, director y fundador de la revista Mito, accionista de la impresora Antares, director de Ediciones Mito, organizador de programas radiales, del Festival Internacional de Teatro de Bogotá, de encuentros entre los intelectuales de la época, bohemio, de gran vida social, tanto el mundo de los artistas como el de los políticos lo consideraban como suyo. Militante de las izquierdas democráticas y del Movimiento Revolucionario Liberal de Alfonso López, se lanzó al ruedo político con el MRL y tuvo el sueño de crear una editorial colombiana que sirviera de mediación cultural entre pueblos iberoamericanos y los nuevos aires culturales universales.

Un intelectual que tenía el doble latido del corazón: nacional y cosmopolita, con el sueño de convocar a los mejores intelectuales de la época, sin importar sus tendencias políticas o religiosas en la transformación de su país. Si Jean Paul Sartre cumplió la función de intelectual dominante y total en la Francia de 1945 a 1980, Jorge Gaitán Durán lo fue en la década de los cincuenta en Colombia.

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