Los millonarios de la vergüenza

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Por, José Luis Lanao publicado en Página 12

El portugués Jorge Mendes, representante de Cristiano Ronaldo y de un sinfín de jugadores.  | Imagen AFP

El mundo del fútbol no deja de ser un atrezzo renacentista dibujado desde el asombro. Siempre hay algo nuevo por descubrir, un detalle, una provocación, una denuncia, un escándalo. Esta vez hasta la FIFA se ha ruborizado, aunque con lo sucedido en el organismo internacional es como si Trump se ruborizara de Bolsonaro.

En el último año los “magnates” de la representación del fútbol mundial han ganado más dinero que sus propios representados, y la FIFA ha dicho basta. La federación esta decidida, en 2021, a acotar en un 10% las comisiones por transferencia, y en un 3% por el salario del jugador. El fútbol mundial con todas sus contradicciones, sus zonas oscuras, sus abismos, se empecina en edificar diques de contención con las indecentes alforjas del pasado.

La revista Forbes publicó los ingresos de los más importantes agentes deportivos: Jonattan Barnett, representante de Gareth Bale, 114 millones de euros; Jorge Mendes, representante de Cristiano Ronaldo, 105,8 millones; Mino Raiola, representante de Ibrahimovic, Pogba, Lukaku y Balotelli, 63 millones; y Volker Struth: representante de Toni Kroos, 39,2 millones. Los cuatro jinetes del apocalipsis deportivo a la inversa, han estampado su firma en uno de cada tres traspasos futbolísticos realizados en 2019. Según FIFA, el importe global por transacciones se estimó en 7.500 millones de euros y en comisiones, 579,2 millones de euros.

La estrategia es un modelo de negocio basado en el tráfico de influencia, y sostenido en recolocar jugadores de manera sistemática en las diferentes ligas europeas. La empresa Gestfute, de Jorge Mendes, representante de Cristiano Ronaldo, es un claro ejemplo de aprovechamiento humano y deportivo. El brasileño Felipe Augusto, concretó el interés de cinco equipos antes de cumplir los 25 años: C.A. Bragantino, Coimbra EC, Corinthias, Oporto y Atlético de Madrid. Para Mendes, Felipe Augusto, no es un central elegante, es un tesoro bizantino cubierto de mejillones que debe rotar sin detenerse por el mercado del arte futbolístico. Otra de sus piezas de “anticuario” que recorre el territorio europeo a paso ligero es Radamel Falcao: Oporto, Atlético de Madrid, Mónaco, Manchester United, Chelsea, Galatasaray SK. Así el jugador se transforma en un producto de consumo, con compromisos endebles, con aficiones pasajeras, encadenado a una política de mercado por agentes que no negocian jugadores, negocian productos financieros. Para el “mago” portugués lo que no son cuentas son cuentos, y estima que una rabona siempre estará mejor protegida por la cobertura necesaria de una inteligente ingeniería fiscal. Lo estimaba hasta ahora.

La fiscalía portuguesa investiga al representante luso por irregularidades en los contratos de Danilo, James Rodríguez, Falcao y Casillas con el mismo guión en la partitura: presunta evasión fiscal. En España el rosario de regulaciones con Hacienda no tiene precedentes en el fútbol mundial: Cristiano Ronaldo, Messi, Xabi Alonso, Di María, Falcao, Danilo, James Rodríguez, Marcelo, Fernando Ramos, entre otros, llegaron a un acuerdo con el fisco desde el argumento que desconocían dichas irregularidades y afirmando que los temas tributarios eran competencia de sus representantes.

En Argentina, la intermediación concentrada en un reducido grupo de agentes, ha desaparecido. La nueva realidad se esconde detrás de veladuras indecentes, en una especie de manto de silencio cómplice ante una cierta orfandad ante el porvenir. “Nunca hubiera imaginado que llegaríamos a la situación actual del fútbol infantil. El 90 por ciento de los chicos entre 10 y 12 años, con algo de talento, cuentan hoy con un agente que decide sobre su futuro”, expresa desde el desasosiego alguien que domina muy bien el universo de la representación. Walter Támer, ex jugador de Boca, representante de Javier Mascherano, Leandro Chichizola del Getafe español, Lucas Chaves de Argentinos Juniors, entre otros, aclara: “A esas edades los chicos deben estar estudiando; también jugando, pero sin pajaritos en la cabeza. Es una cuestión de ética, de vida. Hoy se dan casos donde se paga por partido a niños de 10 años, y se les entrega el dinero el mismo día del encuentro, como parte de una compensación para futuros acuerdos. Muchos ya cuentan con contratos privados, y otros con acuerdos verbales. Esto produce ansiedad, desequilibrio; acciona un retorno rápido de éxito, un proceso de formación acelerado, de exitismo prematuro. Hay que debutar en Primera con pañales, y ser vendido al exterior con mamadera”.

“Los regalos hacen esclavos”, nos decía Heráclito de Efeso. Esto significa que el fútbol infantil con toda su caprichosa exuberancia y su inapreciable complejidad, alberga en su seno una lógica simple y profunda: el arte de comprar lo que no existe. Se comporta como la bolsa de futuros de Chicago, el Olimpo de la especulación, en donde se vende y se compra un fruto que todavía no está en el árbol, ni se sabe si lo va a estar.

“Y si cruzas el charco aquello es la estratosfera”, remata Támer. Lo es. Europa no es la excepción. “En la actualidad se están haciendo contratos con niños de 12 años. Se firman acuerdos por 5.000 euros y una penalización por rescisión de 100.000 euros. Es abusivo, una familia no puede afrontar ese dinero”, expresaba Manuel García Quilón, uno de los intermediarios más importantes del fútbol español. Oscar Ribot, antiguo jefe de comunicación del Real Madrid, y consejero delegado de la agencia de representación Best of You, empresa con fuertes vínculos con el equipo merengue, reconocía a un medio español: “Nunca pensé en representar a un chico de 13 años, es el jugador más joven que tengo en cartera”. René Ramos, hermano y representante de Sergio Ramos, defensa del Real Madrid, y dueño de RR-Soccer Management Agency, asegura haber rechazado a varios fondos de inversión y no contratar jugadores menores de 16 años.

La nueva realidad dibuja fronteras invisibles. Hace siglos que aprendimos el lenguaje de la piel, es el poder curativo del contacto. En la vida de hoy la obligación es plegarse, mantener las distancias, evitar la proximidad, la mezcla: “El que no vive el espíritu de su época, vive todas sus miserias” nos decía Voltaire. En el fútbol también.

(*) Ex jugador de Vélez, y Campeón Juvenil en Tokio 1979.

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