Los pensamientos secretos de los hombres

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Canto Rodado es una novela de formación, que da cuenta de las propias vivencias del autor


 

Información Bibliográfica del libro
 

Título: Canto rodado

Autor: Mario Escobar Velásquez

Editorial: Sílaba Editores. Medellín.

Colección: Tierra de Palabras

Género: Novela

Año: 2017

 

Siempre, toda mujer, se pregunta ¿Qué es lo que pasa, realmente, por la cabeza de los hombres?

Se podrán tener amigos o hermanos, conocidos o compañeros de trabajo. Con todos ellos, hasta con el padre, uno intercambió palabras, pensamientos, lugares o acontecimientos, sin llegar a saber nunca qué era lo que realmente pasaba por su mente, por fuera de esa “edición” que prefigura la forma en que los hombres se dirigen a las mujeres.

¡Qué dicha!, se pensó alguna vez, poder introducirse en el flujo de sus ideas, deshilvanadas y sueltas, como van presentándose sin configurar nada preciso.  Qué anhelo ese de llegar a establecer a ciencia cierta cómo fue que nos quiso aquel muchacho, y tener la certeza de no estar compartiendo ese espacio en su recuerdo con ninguna otra al mismo tiempo.

Por eso al leer la novela Canto Rodado de Mario Escobar Velásquez, no me abandonó la sorpresa en todo el recorrido, de tener la sensación de estar mirando la cabeza de un hombre por dentro.  Y es que, en ella, se nos narra la manera cómo se fue dando la vida en momento muy prematuro, a través de una historia que más allá del amor apuesta por la soledad.

Foto por: Diego Val

Alaín, su protagonista, es uno de los nuestros, arraigado en el campo sin ser campesino de concepto, perturbado por una inusual y precoz inclinación a la lectura, lleno de dudas a temprana edad, viéndole los huecos a la vida por donde se escapan las posibles ilusiones, lúcido desde pequeño, entrado en la adolescencia a la fuerza de juntar soledades y compartir gustos con otro extraño ser, distinto como él (Cecilia, la bibliotecaria del pueblo).

De este encuentro Mario nos regala las imágenes precisas que van configurando una unión inconcebible y, al tiempo, inevitable. Juntura que se basa en el único motivo del infortunio de ser diferentes en tiempo y lugar tan homogéneo, y de la fuerza que procede del deseo, el del cuerpo y también del reconocimiento que necesita tener a quien comunicar los pequeños descubrimientos y la leve emoción de cada día.

No conocía a Mario Escobar Velásquez. Me han dicho que es poco conocido por fuera de su natal Antioquia.  Pero, si se atiende a la conjetura de que Canto Rodado es una novela de formación, que da cuenta de las propias vivencias del autor, entonces al leerla me doy cuenta que tal vez sí conocía a Mario, en la figura de Alberto, en la presencia de Fernando, de Pedro, y de otros pocos por ahí.

Con ellos, Alaín se hermana en la forma en que la vida se abre a la permanente pregunta, a la ambición máxima del conocer por encima de pretender cualquier posesión material, en la sensibilidad por la naturaleza, sin que esto signifique ser hombres de campo en el sentido de la faena diaria. No, no es eso.

Foto por: Diego Val

Tantas veces, leyendo Canto Rodado, pude recordar la figura de mi padre, abogado de profesión, intelectual y bohemio, pero, al tiempo, amante de lo natural. O de aquel otro, ese “Alaín” que pasó por mi vida, que así podría haberlo dicho:

“Yo no soy campesino, porque mi cabeza es citadina. Pero estoy en la naturaleza y me hago uno con ella.

Es cosa de la sensibilidad, no de la labor ni la rutina del campo que, aunque reconozco, he practicado y disfruto, no es lo sustancial en mi contacto con las plantas y animales, en esas andanzas eternas por las faldas de la finca. En ellas el sudor, y el integrarme íntimamente con lo que me rodea, es la recompensa al esfuerzo realizado”.

Después, interesada por la historia, tocada por esa forma sencilla de decir un mundo simbólico único y propio, con esa visión de lo que pudo ser la reflexión de un hombre en la soledad de su silencio, busqué referentes sobre la vida de Mario.

Y, claro, es solo enterarse de su decisión de dejarlo todo e irse a vivir a su finca en Urabá, para comprender el mundo mental instalado en este escritor que pudo regalarnos una imagen nítida de sus pensamientos, de las improntas que va dejando la existencia, más agudas y más dolorosas en la medida en que sé es más sensible, más abierto a la pregunta, más reacio a las certezas.

 

Foto por: Diego Val

 


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