María, señorita, muy María

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El cineasta boyacense Rubén Mendoza ha dado con la historia de su vida. Un ser del campo, un sujeto parecido a un señor, pero quien encarna la vida de una mujer. La señorita María le ofrendó su intimidad y situación para que la dispusiera en una de las mejores películas colombianas de este año.


 

 

 

 

 

Título original: Señorita María: la falda de la montaña

Colombia, 2017, 90 min.

Dirección, guion y fotografía: Rubén Mendoza

Voces: María Luisa Fuentes, Ana Isabel Bonilla, María Tránsito Sánchez, Gratiniano Cabrejo, Ana Dolores Mesa.

Música: Augusto Galvis

Productora:     Dago García Producciones / Cine Yunta

Género: Documental.

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

El territorio que corre por entre las montañas y las faldas de colores evidenciadas por la señorita María, hacen parte de unas geografías casi vírgenes en términos audiovisuales, tan poco exploradas como la identidad y la diversidad sexual en el cine de la nación.

Colombia, desde sus entrañas, se ha venido visibilizando, y muchos personajes, reales y ficticios, vienen poblando secuencias, acciones memorables, rostros difíciles de olvidar, lugares que se quieren visitar y reconocer, e historias cuyos pactos hacen que tendamos puentes para la memoria.

María, una mujer religiosa, en el cuerpo de un campesino arador de la tierra, cargador y cortador de leña, sembrador de maíz, un incansable amante de su trabajo, es un rostro, una narrativa, un tema, un desahucio, un abandono, un ser dulce y malgeniado, bonito y fracturado, que se queda entre nosotros como una melodía que no se despega.

La señorita María se convierte en una historia de desarraigo y pertinencia.

 

 

Su símbolo como un ser cuyos ejes de la vida es no encajar, va ofreciendo su humanidad, su voz entrecortada. Su delicada manera de sentarse se conjuga con su fuerza, con la que levanta un bulto, también con el entusiasmo de presenciar el nacimiento de un ternero, con el privilegio de bañarse en las venas de la montaña.

Luego, deambula por Boavita, las calles del municipio, entre murmullos de los habitantes, estigmatizaciones y una que otra aceptación. Se le ve rezando con tanta devoción como cuando tira semillas para luego recoger lo sembrado. Muy María.

Su pujanza emblemática es poseer faldas donde los hombres se ponen pantalones, su determinación es de macho y su capacidad es ser lo que la naturaleza le otorgó. La señorita María, no sólo va en contracorriente, sino que, asume su rol, con una dignidad que nos emociona.

 

 

Las plataformas de estreno y festivales la han sacado de su cotidianidad, y ya no tiene la luz del fuego como forma de compenetrarse con la oscuridad, sino que estallan frente a ella las obturaciones y flashes de las cámaras que la persiguen. Pero eso son estelas, desde luego mucho ha cambiado desde que dejó de ser una persona anodina, y hoy es nombrada en revistas, comentarios periodísticos, invitada a eventos y a otra serie de hechos que la ponen en un escenario diferente al de sus días en el lugar donde nació.

Boavita es un sitio recordado porque allí mismo surgieron los Chulavitas (el nombre de una vereda) o los Pájaros, que en ese periodo de la llamada guerra entre liberales y conservadores (que aún se extiende), asesinaron a más de doscientas mil personas.

Ahora, también estará presente por la historia de la señorita María Luisa Cifuentes de 45 años. Los lugareños no dejarán de rumorar su figura, ya tiene un lugar en los pensamientos de sus habitantes como en quienes vemos la película.

 

Director del documental: : Rubén Mendoza

 

Se filmó una película, similar en su nombre: María llena eres de gracia, exhibida en el 2004, que nos mostró el drama de los migrantes, ahora tenemos el quehacer de mujeres en cuerpo ajeno, y en sitios, donde es más complejo asumir una identidad sexual abierta.

Rubén Mendoza, nacido en Boyacá, es quien comanda, armado de paisajes, con unas luces entre divinas y misteriosas, como las de un arco iris esplendoroso, un agua fluyente, un fuego que se prende para la paila, un juego de sombras y unas voces de personas humildes, quienes nos van construyendo la idea de ese sujeto parecido a un señor, pero quien encarna la vida de una mujer.

El proyecto cinematográfico es todo un éxito, le ha provisto transformaciones a la señorita María: salió de sus aposentos, vistió para las luces de las cámaras, habló por micrófonos, ha sido una actriz famosa, e intercambia sus faldas con atuendos para los momentos de iluminación ante los ojos del mundo.

 

 

Mendoza ha dado con la historia de su vida. Y la señorita María le ofrendó al cineasta su intimidad y situación para que la dispusiera en ese lienzo, donde se dejó dibujar, donde la vemos florecer, y en el que entramos a sus micromundos, un contexto lleno de magia, como la montaña, vestida con telas.

Sus botas pantaneras, en nada le riñen a sus faldas, de hecho los colores de sus telas para cubrir sus piernas salen tan adecuados para la tierra que pisa, como su decisión solemne de ser una señorita, independiente de cualquier otro comentario.

El cine colombiano madura con propuestas de este tipo, que calan entre el público y oxigenan con historias que nos mueven y tocan las fibras del sentir.

 

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