Mujeres en marcha: una declaración de principios

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Para terminar nuestra serie de publicaciones del mes de marzo, cerramos con un texto de María Camila Guzmán, quien nos comparte algunas conclusiones sobre su tesis de maestría y su opinión a través de su investigación, sobre la historia del movimiento social de las mujeres en la ciudad de Pereira. Este espacio que creamos este mes lo dedicamos a todas esas mujeres que desde su cotidianidad trabajan para cumplir sus sueños y/o aportan un grano de arena para la construcción de comunidad.

 

Mi nombre es Maria Camila Guzmán Chala, tengo 25 años, nací y crecí en Pereira. Soy licenciada en Etnoeducación y Desarrollo Comunitario de la UTP – Universidad Tecnológica de Pereira. Actualmente aspirante a magister en Estudios Culturales de la UCP – Universidad Católica de Pereira. También soy asociada a la Casa de la Mujer y la Familia Stella Brand.

Trabajo como docente de básica primaria en un colegio de Villa Santana, podría decir que allí me reencontré con el feminismo, ya no como una teoría social sino como un posicionamiento político y ético, un camino que aún recorro.

Por eso, hablo desde la inconformidad y el malestar contra los estereotipos que han significado lugares de subordinación y privilegio tanto para mujeres como para hombres. Hablo para aquellos cansados de tratar de encajar en un modelo binario y estático, también para mis estudiantes, niñas y niños, quienes me han confrontando. A ellos debo la responsabilidad de mi praxis docente y la convicción en la juntanza para construir vínculos y tejido social.

Y hablo después de haber conocido a mujeres que, interrumpen las narrativas hegemónicas de belleza, contradicen las formas tradicionales de las relaciones de poder y se movilizan en el espacio público tomando vocería y liderazgo en la lucha por la educación, la diversidad, el trabajo, la vida, el territorio y la paz. De eso trata mi proyecto de investigación, de militancias de mujeres en Pereira.

 

 

A través de este trabajo he querido contar la historia de lucha social del movimiento de mujeres en la ciudad, el cual no se limita a reivindicaciones de mujeres y solo para mujeres. Esta es una característica importante y es que, en nuestro contexto se están gestando y articulando procesos que reclaman justicia social desde una apuesta feminista interseccional que no se reduce al tema de violencias basadas en género.

Poder reconocer esta y otras relaciones entre lo político y lo social, lo debo a las siguientes mujeres, quienes me han confiado sus historias de vida:

 Lucely Maturana presidenta de la Asociación Nacional de Mujeres Afrodescendientes Guadalupe Zapata.

Katalina Ospina Villamil dirigente del Sindicato Unión Nacional de empleado Bancarios – UNEB en Risaralda.

Maria Camila Ocampo integrante de la dirección de la seccional Risaralda de la Asociación de Estudiantes de Secundaria – ANDES.

Lina Maria Montilla presidenta de la Central Unitaria de Trabajadores – CUT Risaralda.

Erika Tobón coordinadora regional de la Ruta Pacífica de Mujeres seccional Risaralda.

May Ramírez integrante de la Fundación Colectivo Prisma y cofundadora del Encuentro de Mujeres de Risaralda.

 

 

Otra de las conclusiones a las que he podido llegar es que, no existe un único liderazgo cohesionador en Pereira, sino representantes/voceras que dialogan y negocian a partir de convocatorias y llamados comunes, para realizar conmemoraciones y denuncias, además de apoyarse o coincidir en la construcción de espacios, teniendo como principal reto, llegar a otras mujeres, aquellas que no están organizadas, las de los barrios, las empleadas y las indiferentes que han aprendido a través de las redes sociales que el feminismo es odiar a los hombres.

Es necesario confrontar esas cuestiones que nos han enseñado son naturales y normales, por eso es importante generar nuevas discusiones que nos permitan reconocernos en la pluralidad y, solo será posible en la medida que construyamos redes de apoyo para superar esas lecturas reduccionistas y polarizadas.

 

 

Por eso, indagar sobre las militancias de mujeres es la posibilidad de desentrañar la revolución del cuerpo, la construcción colectiva del pensamiento, la defensa de la vida y la autonomía, la fuerza de la no violencia, pero también los conflictos de los procesos, la incertidumbre, las contradicciones y en todo esto, la consolidación de nuevas dinámicas que impactan la ciudad desde diferentes orillas.

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