Pobre Chila

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Chila


Postal fúnebre sobre el Deportivo Pereira y una hinchada que a

pesar de tanta derrota no pierde esperanza y fe en su furia Matecaña.


Partido amistoso rumbo al Mundial de 1994, 12 de junio.  
Colombia (2) – Palmeiras de Brasil (0), Estadio Hernán Ramirez Villegas
Fuente: Deportivo Pereira 61 años, su historia gráfica y escrita.
Foto compartida por Juan Guillermo Gil en el grupo de Facebook “Fotos Antiguas de Pereira”

Su abuelo Jacinto vio a Carmelo Colombo romper las redes de los arqueros rivales en  la vieja cancha de Libaré.

Ese equipo nunca fue campeón.

Su papá  Evelio estaba en el estadio el día en que el paraguayo Apolinar Paniagua le quebró el invicto a Otoniel Quintana, portero de Millonarios a comienzos de los setenta.

Ese Deportivo Pereira tampoco fue campeón.

Inauguración del Estadio Libaré (mas adelante estadio Alberto Mora Mora) en 1943. Partido jugado entre el Deportivo Manizales y Vidriocol-Otún de Pereira
Imagen extraída del libro “Pereira y fútbol en imágenes”, de Mario Montoya Agudelo.
Foto compartida por ‎Samuel A. Osorio en el grupo de Facebook “Fotos Antiguas de Pereira” 

“Pero dejaba el alma en la cancha”, solloza Steven, dieciocho años, el escudo del Pereirita tatuado en el antebrazo derecho.

Su equipo acaba de perder por dos a uno frente al Cúcuta Deportivo, otro club  enredado en la nostalgia de improbables glorias pasadas.

Son las once de la mañana del  martes 30 de mayo. Igual que algunos de sus compinches de barra, el muchacho no ha vuelto a casa luego de la derrota.

¿Para qué? Pregunta envuelto en su bandera de franjas rojas y amarillas, y vuelve a romper en llanto.

El mundo está lleno de preguntas sin respuesta.  Inefable es la palabra para definir ese estado de cosas.

Aunque sucede año tras año, las personas como Steven no  acaban de  acostumbrarse. Después de asimilar las derrotas vuelven a decirse: Esta vez  sí será.

Y resulta que esta vez tampoco fue.

Este equipo parece haber firmado un pacto sobrenatural con el fracaso.

Los más supersticiosos le endilgan toda la responsabilidad a  Cecilia Monsalve  Hernández, “Chila”, la hincha más fiel que haya conocido la extinta furia matecaña.

Mientras Chila vaya al estadio el equipo no ganará, sentenciaban los  aficionados más ortodoxos.

Pero Chila murió cuando apenas despuntaba el nuevo siglo, en abril de 2000.

Han pasado  más de tres lustros y el equipo de Steven es eliminado una y otra vez cuando está a punto de volver a la primera división.

Así que lo de Chila… mmmmmm


Estadio Hernán Ramírez Villegas con lleno total para la celebración de un clásico del Deportivo Pereira, años finales de los 70s.
Foto Extraída de una Postal de Pereira, compartida por Diana María Duque en el grupo de Facebook “Fotos Antiguas de Pereira”


Muerta Chila, algunos hinchas contumaces le echan la culpa a un improbable gato negro enterrado en una de las porterías.

Sospecho que las causas son más terrenales.

Una de ellas apunta a que el fútbol, el viejo jogo bonito de los brasileños, fue secuestrado por bandas de  forajidos. Y esos tipos  solo entienden el lenguaje de las chequeras.

Tráfico de piernas, llamó a esa práctica el escritor uruguayo Eduardo Galeano.

Siguiendo el olor del dinero uno encuentra varios eslabones:

El de los padres de familia, que matriculan a sus hijos en una escuela de fútbol y sueñan con volverse millonarios vendiéndolos a las grandes ligas.

El de los entrenadores que cobran por alinear  a jóvenes promesas.

El de  los intermediarios que se embolsillan un porcentaje de las transferencias.

El de periodistas deportivos que son a la vez dueños de pases.

Y, claro, el de los clubes devenidos  grandes corporaciones, que controlan toda la cadena del negocio, incluidos los socios, la publicidad, las transmisiones por radio y televisión, así como el circuito completo del mercadeo: Florentino Pérez  presiona la permanencia de James Rodríguez en el Real Madrid, no por sus innegables dotes deportivas, sino por la creciente venta de camisetas en el mercado latino.

Por supuesto, el Deportivo Pereira es apenas un modesto equipo de provincias. Un  rumor lejano en medio del estruendo mediático provocado por multinacionales como el Barcelona o el Real Madrid.

Pero los directivos han aprendido sus mañas y las replican a pequeña escala. Son muchos menos millones de dólares pero de todos modos suponen un botín atractivo.

Y sobre  ese pequeño cardumen se abalanzan todos los tiburones.

Un torneo tras otro se deshacen de las grandes figuras y nadie da cuenta de los dineros recaudados en transferencias.

El dueño de fulanito no es el equipo, sino un particular, dicen.

La consecuencia de todo eso es el desastre.

Por eso la desazón de Steven pertenece al reino de lo inefable.

Así que, también hoy, el muchacho ha decidido echarle toda la mierda a Chila.

*Una nota publicada originalmente en mayo del 2017, la reactivamos hoy a 77 años de creación del Deportivo Pereira

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