Por quién votar

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En La Cebra Que Habla venimos haciendo el estudio detallado de los planes de gobierno, y hemos publicado en nuestra sección Política y Gobierno el resultado de este recorrido.


 

No voy a caer en la tentación de revelar por quién voy a votar. Mi opción personal me parece irrelevante, en el propósito de contribuir al debate y al fortalecimiento de la opinión.

En cambio, considero sustancial que quien vaya a votar se informe previamente. La manera más sencilla de enterarse sería leyendo los programas de gobierno. La dificultad reside en que estos documentos son extensos, la mayoría de las veces, llenos de tecnicismos, y bastante retóricos. Es por estas razones que, supongo, pocos los leen.

El sufragio, en general, es más emocional que racional; situación que se ha exacerbado en la contienda electoral que estamos viviendo, polarizada entre dos extremos en arduo enfrentamiento.

 

Foto extraída de: Eldefinido.cl

 

Los seguidores de uno y otro bando no necesitan razones para ratificar o dudar de su voto: lo traen prefabricado. El aspirante de su preferencia (y/o el movimiento que lo acompaña) representa un compendio más o menos amplio de sus gustos, anhelos, fobias, miedos, y prejuicios. En realidad, es el candidato quien se ha amoldado a estos requisitos; no los votantes, que así obran, al candidato.

A estas personas no se les puede hacer entrar en razón, sustentando posiciones a partir de argumentos, mucho menos pretender que inviertan tiempo y esfuerzo en conocer las propuestas de los otros candidatos (tal vez ni siquiera conozcan las del propio).  Sencillamente, lo que piensan hacer el próximo 27 de mayo lo tienen decidido hace mucho tiempo: se comportan como “perfectos seguidores”.

En Colombia, el porcentaje de votantes indecisos rondaba el 12%, (en un estudio del Celag –Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica-, de febrero de 2018), y el porcentaje de quienes no están seguros de votar, o que están seguros que no votarán, en ese mismo estudio, era igual al 44,9%. La sumatoria de estas cifras constituyen el electorado a “conquistar”, aquel que es posible inclinar por una u otra candidatura dependiendo del manejo mediático, el resultado de las encuestas, y/o el análisis de los planteamientos (así sea superficialmente a partir de lo dicho en entrevistas o debates).

 

Foto extraída de: Tedideas

 

En ese orden de ideas es comprensible, más no admisible, que algunas campañas hayan omitido la elaboración de un esquema riguroso, basado en un diagnóstico serio, y que incluya un mínimo de compromisos específicos y fácilmente verificables. Su actitud sigue al pie de la letra la estrategia usada por los promotores del NO en el plebiscito por la paz: es mejor indignar que explicar.

En La Cebra Que Habla venimos haciendo el estudio detallado de los planes de gobierno, y hemos publicado en nuestra sección Política y Gobierno el resultado de este recorrido. Esto nos confiere la autoridad para recomendar que, a la hora de sufragar, se tomen las decisiones a partir del análisis de promesas objetivas y comparables.

La democracia funcionaría mejor si despersonalizáramos el debate, y nos acostumbráramos a discutir sobre planes y programas. Evitaríamos, no sólo el riesgo del populismo, sino de los mesianismos de derecha o izquierda (que son su correlato), tan inconvenientes los unos como los otros.

 

Foto extraída de: Pacifista.

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