Postales desde México. Acto voluntario: la visión del vacío.

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Por, José Nava

El suicidio es definido por la Real Academia Española (RAE), como: acto voluntario por el que una persona pone fin a su existencia, es un acontecimiento que nunca deja de impactarnos. Muchas son las razones por las que una persona toma esa decisión: sentimentales, laborales, mentales, económicas, de salud o culpa. Para el que lo lleva acabo puede ser liberador, puede ser una salida fácil a los problemas cotidianos o un castigo que él mismo se inflige. Para los familiares representa lo contrario, es una tragedia, es la pérdida de un ser amado. Para los amigos, el suicidio puede desencadenar una serie de reflexiones sobre su propia vida.

14 de febrero del 2014, Tijuana, Baja California.

La ciudad se prepara, como muchas otras, para disfrutar del Valentine’s Day. Hoy las calles olerán a rosas rojas, perfumes y a muchos claveles. Desde las esquinas nos estarán mirando, con sus pequeños ojos negros y rojos, osos de peluche blancos, cafés, grises, de diversos tamaños. Desde tempranas horas se empieza a ver a los comerciantes de ocasión atareados, montando sus endebles carpas para aprovechar el “día del amor”. Hoy, como cada “catorce”, habrá soldados caídos, “ganar o morir” “el todo por el todo”, “muere un romántico y nace un player”. Se escucharán melodías de amor, desamor y uno que otro rechinar. Algunos buscarán oscuridad como los gatos. Hoy la tenue fragancia del amor rodará por las maltrechas calles de la ciudad.

Foto por formulario PxHere

Pero en este catorce no todo será amor y amistad, la tragedia rondará las calles. La muerte ya tenía víctima. Alrededor de la seis horas de la madrugada, según uno de los testigos. Anónimo, con la oscuridad de la madrugada como cómplice, burló la seguridad de las instalaciones de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) que se encuentra en la Zona Río de Tijuana. Subió a una de las torres de luz de la CFE. Uno de los bomberos menciona que la altura de dicha torre era de 15 metros. Una caída desde esa altura sería mortal. Los cuerpos en caída libre nunca dejan de acelerar. Nada amortiguaría la caída. Anónimo, subió, llegó a la sima, se sujetó de una antena al final de la torre. Ahí pasó seis horas aproximadamente antes de iniciar la travesía sin retorno, el suicidio.

Anónimo esa mañana pasaría a formar parte de los datos duros del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). En el Boletín Estadísticas de intentos de suicidios y suicidios, 2001 (INEGI), señala que la cifra de suicidios de 1990-2000, para el estado de Baja California, fue de 711 casos; los meses en los que más se suscitaron estos hechos fueron junio y febrero; siempre son más hombres que mujeres; son ocho las causas o motivos: enfermedades graves e incurables, disgusto familiar, causa amorosa, dificultad económica, dolencia mortal, remordimiento, otra causa, se ignora. La Organización Mundial de la Salud (OMS) declara que el promedio anual de suicidios es de 800,000 personas. Que es la tercera causa de muertes entre jóvenes de 15 a 19 años. El 79% se llevan a cabo en países de ingresos bajos y medianos. Los que más se suicidan son los obreros o artesanos.

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Anónimo, durante varias horas, tuvo en vilo a los cuerpos de seguridad: bomberos, policías municipales y paramédicos, todos a la expectativa. Se tuvo que cortar la energía eléctrica de la Zona Río, se quedó sin luz el Hospital General y parte del Centro. Se detuvo el tráfico de la zona, los psicólogos de la Unidad Municipal de Atención Social (UMAS) y de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) intentaban persuadirlo de que bajara pero se negaba. Seguía firme en su intención.

No se saben las razones por la cuales tomó esa decisión: enfermedad, disgusto familiar, causa amorosa, dificultad económica, etc. Después del suceso, el director de bomberos declaró a los medios que Anónimo padecía de sus facultades mentales, que se dedicaba a la venta de hot dogs, no tenía familiares en Tijuana y acababa de ser deportado de Estados Unidos. Se le acabó el sueño americano a Anónimo. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE), le quitó la oportunidad de vivir el tan desgastado “sueño americano” que profesa The Great América. Esa que te seduce con el Américan Way Of Life, y que con sus verdes, compran casi todo pero no siempre la felicidad.

El 2014 fue el año en que la administración del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llevó a cabo más deportaciones: 414, 487 personas. Cifras del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS). De esas personas 214, 423 fueron deportadas a la frontera norte de México según datos de la Encuesta Sobre Migración en la Frontera Norte, 2014 (EMIF).

Ese día había mucho movimiento en la calle, porque además de ser catorce era viernes de quincena. Los alrededores de la CFE rápidamente se llenaron de curiosos, algunos preocupados por Anónimo, otros por el morbo de verlo caer. Al igual que las cámaras de los medios locales, muchos de los presentes grababan con sus celulares. La noticia transcurrió rápidamente por las redes sociales, algunos transmitían en vivo el suceso.

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Anónimo era delgado, de 1.70 mts de estatura aproximadamente, de tez clara y cabello lacio negro. Traía unos tenis blancos, un pantalón de mezclilla negro y playera negra con rayas blancas. En los últimos instantes de su vida conversaba con los elementos de seguridad, no se alcanza a distinguir que dice. Se balancea una vez más, extiende sus brazos y se suelta, cae de espaldas pero la inercia de la caída lo hace girar y se estrella de frente al concreto. Bomberos, paramédicos y policías, rápidamente acuden al auxilio. Voltean el cuerpo de anónimo, lo colocan en una camilla, le ponen los cintos de seguridad. El rostro de anónimo muestra una mancha de sangre, sus ojos aún están abiertos y mirando al cielo. Minutos más tarde fue declarado muerto. En aquel día del amor y la amistad, en las instalaciones de CFE, solo quedó una mancha de sangre y unos tenis blancos.

Cronología del vértigo

Tijuana, 21 de febrero, 2017

Guadalupe Olivas Valencia, 44 años de edad. Unas horas después de ser deportado de Estados Unidos, se lanza del puente que cruza de la garita del Chaparral a la Ave. Revoluciona y muere. A un lado del cuerpo quedó la bolsa blanca de plástico que ICE le dio con sus pertenencias.

Tamaulipas, 22 de febrero, 2018

Juan García, 32 años, a horas de ser deportado, se lanza del Puente Internacional Juárez-Lincoln, 18 metros de altura. Fue llevado a un hospital de San Antonio, Texas, en estado crítico.

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