Postales desde México: De madrugada

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Por, Mariana Chávez

En la madrugada después de amamantar me pongo a escribir. Mi hijo mayor no come bien, el encierro es notorio en su ingesta. Mi cuerpo ha cambiado mucho, demasiado diría yo, la inmovilidad y mi alto consumo de harinas y azúcares me pasan la factura. Ya no me queda mi ropa, he decidido no comprar más. Es de noche y apenas se escucha un par de autos en la calle.

Mi bebé suspira, con su mano derecha me sostiene la camiseta. La computadora brilla sobre mi rostro, apenas empiezo a teclear. Me sostengo con un poco de energía, debo escribir pienso.

Me enfrento a la hoja en blanco, a ese pánico, a ese gozo, a la hoja en blanco. Quiero llorar, me duelen las caderas de tanto estar sentada, debo escribir.

Las letras fluyen como fluye la leche materna en mis entrañas, el bebé llora y gime. De pronto siento gotas en el teclado, mis pezones lloran.

Siento las hormonas desbordadas, locura, mareos, pero también amor, mucho amor.

Trabajar, hacer la tarea, preparar la comida, y se me olvida peinarme. Siempre tengo mucha hambre y sed. Seguir trabajando, limpiar, doblar ropa, cambiar el pañal, ayudar con la tarea, beber café. Necesito tomar un baño caliente.

Se me cae el cabello, debo cepillarlo, se me olvida peinarme. ¿les dije que no me queda mi ropa? Casi diez kilos de más.

Me siento junto a la ventana, miro afuera, agradezco la salud. Quiero caminar entre la gente, abrazar a mis amigas, que mi bebé conozca a mis amigas, vivo en un sueño. Les sueño, sueño que las abrazo.

Es de madrugada, tengo muchas tareas atrasadas, quiero llorar, siempre quiero llorar.

Ya casi amanece, tengo sueño. Mi bebé lo sabe, llora poquito y me jala para que le abrace y cierra mis ojos.

Tomada del facebook de Mariana Chávez

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