Romper los pactos de silencio

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El pacto de Adriana, es un ejercicio de intimidad y confrontación entre los hechos al interior de una familia y los que le sucedieron al país.


 

 

Fotografía extraída de: humonegro.com

Ficha técnica

Año, país, duración 2017, Chile, 86 minutos
Dirección y Guion Lissette Orozco
Productores Benjamín Band, Gabriela Sandoval y Carlos Núñez
Fotografía Lissette Orozco, Julio Zúñiga, Brian Martinez y Daniela Ibaceta
Música Santiago Farah
Sonido Directo María Ignacia Williamson
Montaje Melisa Miranda
Protagonistas Adriana Rivas, Lissette Orozco
Productora Salmón Producciones / Storyboard Media
Género Documental | Familia. Dictadura chilena
Música de creditos Ana Tijoux
Agentes de venta Meikincine
Distribuidora en Colombia Docco
Postproductora de color colombiana 2.35 Digital

 

En Chile, bajo la dictadura de Pinochet, se cometieron varios crímenes. Uno de ellos, y que perdura en el tiempo, fue el de casi aniquilar los hechos con el objeto de hacerlos expirar, de no dejar rastros para reconstruir episodios de sangre, de vulneración de derechos; sus mentores hicieron pactos de callar, de silenciar la memoria, para impedir se conocieran detalles o se supiera de los victimarios y sus técnicas. El tiempo y la capacidad de resistencia de las comunidades, demuestra, que la infamia no recoge sus frutos: el miedo no doblega, el terror no acalla, la tortura no vence, la muerte y el asesinato no postran. Las comunidades con algún yugo se intentarán zafar de él.

Aún con la soga en el cuello, hablarán su testimonio y contarán su sueño o clamarán por la justicia. He ahí, como en medio de matices, de un escalar de grises, vemos, una película que se incorpora en nuestras pieles, nos causa un escozor, nos sacude en lo más sensible y nos deja en estado de incertidumbres y quizás con un deber de memoria. La cineasta Lissette Orozco nos contó su historia, la de ella, su tía, abuela y familia, rompiendo un código: los secretos de familia.

El camino recorrido no es de los trajines de la historia, ni ir a los protagonistas esenciales o tomar el papel de la denuncia aparecen como instantáneas. El pacto de Adriana, es un ejercicio de intimidad y confrontación entre los hechos al interior de una familia y los que le sucedieron al país. Es como si en una familia, alguien, todavía siendo muy cercano por su lazo de sangre a un pariente, decide averiguar un aspecto sospechoso de su vida -siendo su ejemplo y admiración- y se encuentra con algo inesperado.

 

Fotografía extraída de: playboy.co

 

¿Qué hacer? La experiencia audiovisual sugiere estar preparados para poner de manifiesto un sentido y responsabilidad ética, de modo, que aunque significativos, no son tan sobresalientes los hechos políticos, sino esa vocación de humanidad. Una confrontación entre dos seres que se aprecian y se encuentran unidos por ser parientes y que luego sufrirán motivos suficientes para decidir cuál vía continuar con sus lazos.

Partes del documental nos muestran como la caída del dictador no fue suficiente, quedó incubada una ideología que hoy encaran cientos y que incluso celebran el genocidio, conmemoran fechas alusivas al exterminio y dejan entrever su apego por esa figura; la sorpresa, es la edad de la población que acomete estos hechos. Así la justicia encuentra choques, se generan pugnas al interior de la propia población que queda dividida en bandos. Las víctimas jamás renunciarán a su necesidad de conocer la verdad y a su vez los perpetradores e ideólogos de los crímenes harán todo lo posible por salirse con las suyas.

El tiempo y la capacidad de resistencia de los familiares y de los movimientos sociales, ejerciendo presión y refrescando la memoria, pueden lograr que no se pasen las páginas de la historia como si nada hubiera acontecido. Un documental oxigena y puede propiciar interacciones, de hecho, la mayor es la de tía y sobrina, quienes intercambian diálogos, tan dinámicos como pasmosos, por un flanco aparece el lugar de la memoria, por el otro el de el engaño

 

Fotografía extraída de: i.ytimg.com

 

Cuando uno ve el Pacto de Adriana, siente un sinsabor, el proyecto de entierro, de despojo, de poner en entredicho los sucesos y los ataques de sevicia para imponerse, son de tal calaña, que puede convencer a los responsables en ser inocentes, peor, de propagar la idea que así lo son entre los demás y que los respalden. Aunque en el fondo, como sucede en Colombia, existe una población complaciente, quienes avalan y hasta podrían ser cómplices de esos hechos atroces. “Mataron a los comunistas por huevones”, se deja ver. Lo mismo pasa en otros lugares donde instalaron el proyecto de la barbarie y el genocidio.

Lissette es una joven cineasta chilena. No se propuso hacer tal trabajo tan íntimo y revelador. Apenas fue necesario tener una tía por descubrir, y contar con una vocación de grabar y reseñar situaciones de la vida cotidiana, su profesionalismo nos da cuenta de cómo armar esas piezas tan disueltas y dispersas, total que cuando ves, son tan compactas que se advierte un conocimiento del arte de contar historias. Los aprendizajes dejados son múltiples.

Se trata de un trabajo tan valioso que al verlo, no sólo sabemos de un hecho y de una familia, sino de universales, de contradicciones propias, de ese sentir y pensar humano sobre lo ético, si hablar o callar, si romper los pactos del poder o dejar que sigan el curso del olvido.

 

Fotografía extraída de: playboy.co

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