Se buscan votantes

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El próximo 17 de junio, al verme enfrentada ante una disyuntiva irremediable entre dos extremos con los que no me identifico, cuyas prácticas políticas no puedo suscribir


 

El próximo domingo en Colombia se llevará a cabo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

Desde el instante en que se conocieron los resultados de la primera vuelta, los candidatos ganadores se lanzaron a la conquista de los votos que no los acompañaron en la primera jornada.

En ese proceso, lo que hemos presenciado en estos últimos días ha sido la moderación de sus posturas.

 

Fotografía extraída de: RCN Radio.

 

Gustavo Petro es quizás quién de manera más llamativa ha suavizado sus anteriores propuestas. Ahora ya no quiere expropiar, y su discurso pro Estado ha sido reemplazado por una simpática alusión al desarrollo del capitalismo. Incluso, recibió de la mano de Antanas Mockus y Claudia López, en el acto de adhesión a su campaña, una versión de las “tablas de la ley”; lo cual va en consonancia con la representación de redentor que ya venía perfilando en sus intervenciones públicas (recordar el Twitter en que anuncia que la Colombia Humana va a partir las aguas y a guiar al pueblo para liberarlo de la esclavitud).

Por su parte, Iván Duque se ha echado para atrás, de manera poco clara, de su propuesta inicial de unificar las Cortes.  Igualmente, en estos últimos días ha dicho que no hará trizas los acuerdos, pero que revisará algunos temas; y de la mano de su mentor y figura más representativa de su partido, el expresidente Alvaro Uribe, ha invitado a los “no heterosexuales” a unirse a su campaña.

Es decir, un candidato se nos presenta como el profeta que habrá de liberar a su pueblo de la esclavitud y conducirlo a la tierra prometida, y el otro apela a los giros del lenguaje para morigerar lo que ha afirmado.

 

Fotografía extraída de: Semana.com

 

Entonces, pienso que nada de esto es serio, y recuerdo la decepción que me produjo la lectura de ambos programas de gobierno (el de Duque y el de Petro), por razones que no cabe exponer en este artículo, motivo por la cual tuve que acudir a la lectura de Guy Debord y su libro “La Sociedad del Espectáculo”, para comprender lo que estaba presenciando.

El próximo 17 de junio, al verme enfrentada ante una disyuntiva irremediable entre dos extremos con los que no me identifico, cuyas prácticas políticas no puedo suscribir; y a pesar de la presión de uno y otro lado para que decida mi voto a su favor, la tercera casilla (voto en blanco) seguirá siendo la forma válida para manifestar mi inconformismo, la manera de salir del falso dilema en que quieren instalarnos para presionar una decisión. Si ninguna de las dos alternativas ha logrado convencerme a partir de argumentos, no es verdad que sea mi deber sumarme a una u otra y legitimar con mi voto lo que por principios no me es posible compartir.

Más bien, de la mano de algunos líderes coherentes como el propio Fajardo, Robledo o De La Calle, me sumo a la intención de consolidar una opción de centro, que se perfile como una realidad de control político, cualquiera sea el ganador este próximo domingo.

 

Fotografía extraída de: Semana.com

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