Silencio en el Paraíso o morir en un falso positivo

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Esta película “Silencio en el Paraíso”, escrita por Golbert García, un cineasta caleño y Mauricio Cuervo, protagoniza uno de los tantos casos de homicidio que le imputan a un ex dirigente del Medellín Chiquito (Salgar Antioquia) en Colombia, bajo los llamados “Falsos positivos”. 


 

Definitivamente el joven  necesitaba el trabajo. En un momento libre y para distraerse, bajó al pueblo a ver decenas de personas en el desfile de comparsas escolares.

Quiso llamar por teléfono para quitarse ese malestar de encima, ese mal agüero, esa incomodidad de ser él, pero se dejó entretener por todo lo que pudo ver allí.

En esa actitud pasó una hora, hasta que, por sorpresa, un señor le indicó de un “trabajo”. Sin mediar palabra, lo invitó a subir al camión, o mejor, prácticamente lo tiró adentro junto con otros pelaos.

Allí, hacinado, cansado y al parecer, desdichado, el joven no dejaba de tener dudas.

Pensaba en un casa para su mamá, su hermana, y el hijo de esta, y quizá para su hermano, aunque dudaba sí el descarado la mereciera.

Entre otras cosas, ese día llevaba consigo una bicicleta de juguete hecha en cobre con una bandera de Colombia que se la había regalado Lady (Linda Baldrich) antes de irse de la casa. Igualmente estaba seguro que Lady, leería la carta que él le dejó.

Le pareció muy raro que un joven “paraco” que conocía, del sector El Paraíso fuera con él en el mismo camión. Ese tipo le generaba mucha desconfianza, además, el gorro que llevaba lo hacía ver más malo de lo que era.

Sin embargo, le parecía bien que el “paraco” dejara de joder a la gente y se pusiera a trabajar.

 

Fotografía extraída de: 180gradosprensa

 

Ninguno de los que estaban dentro  de camión se habían visto antes. Todos eran jóvenes, quizá como Ronald, otro pelado que trabajaba en la calle vendiendo empanadas, conduciendo un carrito de dulces y hastra trabajando en construcción, es decir, hacía algunas vainas para conseguir plata rápido. O bueno, ni como él, sino de pronto con otras profesiones, ya que solo a él se le ocurrió hacer todos esos trabajos; labores que muy pocas personas estarían dispuestas a hacer.

En estos pensamientos, el camión paró. El conductor levantó la carpa que cubría la parte trasera del camión.  Pero ¡Vaya sorpresa!

Había militares esperándolos, eran como cinco, dos de ellos apresuraron a los demás para que se bajaran. En el fondo, Ronald, sabía que ese “paraco” no estaba de gratis ahí. Aún así, aquel parecía asustado, como si no tuviera nada que ver con esto.

El joven tragó saliva sin entender por qué los bajaron en medio de una carretera destapada.  Era groseros:  “Hay que esperarlos todo el día pues” decían los hombre que parecían militares.

Todos juntos, bajaron por una montaña que tenía una pequeña planicie.

Les empezaron a gritar, e  insistían en que se cambiaran de ropa. Ronald tenía el rostro pasmado y los otros nueve también. Nunca se había sentido así, ni había visto un cara igual, o bueno si, la de su hermana cuando se dio cuenta que se iba a ser mamá a los quince años.

Los “militares” les están apuntando con los fusiles. “¿Será que nos van a matar?” pensó.

En la lejanía resuena un eco. Hubo un Silencio en el Paraíso después que los sonidos de las balas asesinaron, por el afán de convertir la mentira de las bajas guerrilleras, en una victoria de guerra.

 

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Esta película “Silencio en el Paraíso”, escrita por Golbert García, un cineasta caleño y Mauricio Cuervo, protagoniza uno de los tantos casos de homicidio que le imputan a un ex dirigente del Medellín Chiquito (Salgar Antioquia) en Colombia, bajo los llamados “Falsos positivos”.  Hechos cruentos  donde se reclutaban los jóvenes de los barrios marginales en el territorio para después ser asesinados y presentados como guerrilleros muertos en combate.

La obra se desarrolla en el Barrio el Paraíso de Soacha, el segundo municipio más poblado del departamento de Cundinamarca. Lugar lleno de “paracos” y “guerrilleros”,  que muestra un panorama un tanto difícil  y desgarrador para los jóvenes que desean encontrar algo en qué emplearse.

Lady, interpretada por Linda Baldrich, quien ya la hemos conocido en películas comoSin tetas no hay paraíso” o en series como “Pandillas Guerra y Paz” o “Juego Limpio”, vive en el barrio, donde está terminando el bachillerato y convive con su hermana menor.

 

Imagen extraída de: Bogota.gov.co

 

La cinta deja la sospecha de que un hombre abusaba de ella en la infancia. Ella evita constantemente que su padre se le acerque para que no le dañé su infancia. Lady camina todos los días de la casa al colegio, del colegio a la casa y en el tramo se topa con Ronald (Francisco Bolívar), que también ha trabajado en “Pandillas, Guerra y Paz” pero que además es actor de teatro y ha escrito obras como “El Retiro” o, “Una historia de brujas” y que  fue nominado a mejor actor principal para esta película.

Ronald vende publicidad a los negocios pequeños del barrio montado en una bicicleta adaptada para quedar más alto de lo que es. Una bicicleta muy parecida a la francesa hecha por James Starley,  sólo que con la diferencia de la adaptación de las ruedas pequeñas y un niño Jesús puesto en la parte delantera del marco, además de un megáfono para hacer locución de sus creativas cuñas.

Una cinta basada en hechos reales y crudos en donde sus protagonistas dan la vida para pagar los impuestos.

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