Sobre el amor y el respeto por el otro.

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El amor, como lo predicó Jesús, está definido en La Biblia en un hermoso versículo, 1 Corintios 13:4-8, así:

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

Pero, es tan difícil amar. Y cuesta mucha mayor dificultad amar al Otro diferente, con quien no tenemos un lazo amoroso o de amistad, o por quién no tenemos empatía o no encontramos ningún motivo de identificación.  Mayor esfuerzo implica amar a aquel con el que estamos en desacuerdo.

Para referir este mismo asunto en términos de la modernidad, en sentido estricto no sería necesario amar al prójimo sino más bien reconocer al Otro, y por tanto, respetarlo.

“Psique reanimada por el beso del amor,” Antonio Cova 1793. ( Archivo de peacefoo/Shutterstock)

La política no es el campo exclusivo en el que se desenvuelve esta tragedia de la dificultad de reconocer al Otro y respetarlo en la diferencia, pero sí es, de lejos, aquella en la que de manera más vistosa se vislumbra el despliegue de las emociones humanas.

En la forma como expresamos nuestras ideas y convicciones, juegan un papel muy importante la impulsividad frente a nuestras emociones. Los viejos decían: “hay dos cosas que no regresan, la palabra dicha y la flecha lanzada”. En estos tiempos de impulsividad digital, habría que aumentar “y el mensaje enviado, o el comentario publicado”.

Para António Damásio, médico investigador en la neurología de las emociones, la reacción frente a una emoción comienza por un impulso en el que están involucrados los elementos más arcaicos de nuestro cerebro, un gatillo que  desencadena procesos fiscos y sicológicos frente a determinadas situaciones, por ejemplo, el miedo.

Sin embargo, este investigador sostiene que en los humanos se presenta también un estado de conciencia que recupera información más precisa acerca del suceso y permite responder de manera más apropiada o, incluso, evitar la fuente que desencadena la emoción. En palabras de Damásio, involucrar la conciencia en el trámite de la emoción permite: “una respuesta flexible basada en la historia particular de tus interacciones con el medio ambiente”.

En la política contemporánea, las declaraciones de respeto o amor no logran encubrir el olvido del principio fundamental de las relaciones humanas: el reconocimiento del Otro.   En la modernidad este reconocimiento tiene un punto de partida, la dignidad del hombre aunada a una justicia que entiende a todos los seres humanos como iguales, en términos de derechos y deberes.

En este orden de ideas, sería bueno reflexionar sobre el siguiente asunto: ¿de qué sirven las declaraciones de amor o de respeto, si en la práctica lo que permitimos es un desencadenamiento impulsivo y falto de conciencia de nuestras emociones?

En las relaciones humanas actuales, intermediadas de manera muy importante por las redes sociales, y sobre todo en la expresión de nuestras convicciones políticas, somos, cada vez más, marionetas que reaccionamos con mayor o menor virulencia ante el tirón del hilo que mueve el titiritero. Tomar conciencia de esta realidad nos ayudaría a incorporar ese otro gran principio de la modernidad, definido por el filósofo Immanuel Kant en su libro ¿Qué Es La Ilustración?: la obligación de pensar por sí mismo.

Para finalizar, citar otro bello pasaje de la Biblia que nos ayudaría al proceso de contención, tan necesario en el ámbito de las emociones, y sobre todo en estos momentos de gran tensión social en nuestro país, Colombia, ad portas de una elección presidencial en la que los bandos en contienda se encuentran cada día más radicalizados. Así dice la Biblia en Santiago 1:19:

“Esto sabéis, mis amados hermanos. Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira”.

Contamos historias desde otras formas de mirarnos.

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